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lunes, enero 23, 2012

Malos malísimos, buenos buenísimos: un mundo militante



La polémica entre el periodismo “militante” y el “independiente” me recuerda, en algunos aspectos,  a la que desde hace añares divide a los economistas en “ortodoxos” y “heterodoxos”.

La razón por la cual los cultores de la ciencia hija de Adam Smith han estado, están y con seguridad estarán envueltos en tan dura porfía es que el análisis económico tiene, según lo observó John Neville Keynes (el padre del célebre John Maynard), dos planos. Uno es el de la “economía positiva”, que trata de conocer y describir la realidad tal cual es; el otro es el de la “economía normativa”, donde se ubican las propuestas sobre lo que debe ser.

Los economistas suelen estar casi unánimemente de acuerdo respecto del “ser”. Los problemas empiezan cuando pasan al plano normativo, donde influyen las ideologías, la ética, los sentimientos, los prejuicios y, a veces, hasta los principios religiosos. En otras palabras: afirmar que el PBI es de tantos miles de millones de dólares es algo que no generará disputa; en cambio, sobre lo que habría que hacer para que ese indicador crezca un cierto porcentaje, se escucharán sin duda intensas discusiones.

Un punto central del debate entre la ortodoxia y la heterodoxia es el papel del Estado en la economía, que para los primeros debe ser mínimo y para los segundos, substancial. De todos modos, y al igual que en el caso del periodismo, el único requisito exigible a quienes argumentan al respecto es, por supuesto, la honestidad intelectual, de manera que el destinatario del mensaje sepa de antemano la posición  ideológica, ética, etc. desde la cual fue emitido.

La analogía que me parece advertir entre esta cuestión y la de los periodistas tiene su origen en la dicotomía entre la captura y exposición de la información (lo que “es”) y la generación de opinión (el “deber ser”). Desde esta perspectiva, entonces, podríamos concluir con bastante rapidez que la trifulca entre independientes y militantes se eternizará al igual que la de los economistas, admitiendo de paso que no está mal que así sea, porque refleja la diversidad de opiniones.  Sin embargo, creo que el asunto admite otros enfoques.

  • ¿Qué es lo que es?

La exacerbación en nuestro país del debate económico, tal como se ha dado en los últimos años, se origina en que lo que “es”, ya no es lo que era. Esto viene ocurriendo a partir del momento en que ciertas estadísticas económicas oficiales empezaron a ser “toqueteadas” más o menos burdamente, con su consecuente pérdida de credibilidad. Entonces ya no discutimos, por dar un ejemplo, acerca de cómo hacer para disminuir la pobreza a cierto nivel, sino sobre cuál es la proporción de habitantes que sufre esa condición: ¿10%, 20%, 30%? La exigencia de la honestidad intelectual, entonces, tiene que desplazarse del plano normativo al positivo, para examinar si lo que se dice que es, constituye un insumo de calidad aceptable para elaborar propuestas sobre lo que debe ser.

En el campo periodístico, y especialmente en la parcela que se ocupa de las cuestiones políticas, ocurre algo bastante parecido.  Aquello que se ha dado en llamar “el relato” del oficialismo y sus adherentes-militantes tiende a sustituir a la información objetiva: v.g. “sintonía fina” por “ajuste de cuentas fiscales”. Así, la discusión sobre lo que debiera ser pierde sustancia, porque parte de una materia sobre la que no hay acuerdo.

  • Buenos y malos

Hay un problema adicional. La adhesión a un determinado esquema o programa político es asumida por los periodistas militantes con un grado tal de fervor que, así como los conduce a no respetar ni admitir voces diferentes, elimina la posibilidad de la revisión de las propias ideas. De tal forma, el militante renuncia de antemano al enriquecimiento de su visión a partir del intercambio y la autocrítica. Sus convicciones adquieren un carácter casi religioso, porque se basan en la fe antes que en la comprobación: la duda jamás lo ataca.

Lo anterior se manifiesta en un maniqueísmo rígido, en una división de insondable profundidad que separa sin matices no sólo a los periodistas, sino también a los economistas. Así, de un lado –el de los malos- se agrupa a los economistas ortodoxos o “neoliberales” (dando a este término el carácter de insulto), junto con todos y cada uno de los periodistas que no suscriben el relato oficial. El otro lado de la fosa excavada por los militantes, está reservado a los buenos, es decir: ellos mismos y los heterodoxos o  “keynesianos”. De tal modo se explica que quienes, como el suscripto, suelen encontrarse a mitad de camino entre esos extremos, sufran recurrentes crisis de identidad…

En dicho escenario, los malos son perfectos en el ejercicio de su rol: sirven a los poderes ocultos, están en contra de los humildes, traicionan a la patria, pretenden destituir al gobierno democrático, conspiran sin pausa. El pasado los condena, todos tienen en sus placares esqueletos a ventilar mediante videos de You Tube o carpetas de servicios de inteligencia. Los buenos, por su parte, son buenísimos: combaten sin descanso a los poderosos, aman a los pobres más que la Madre Teresa, son tanto o más patriotas que San Martín, rezuman por los poros cataratas de fe democrática y piensan, a tiempo completo, en hacer el bien a sus compatriotas. Los avala un pasado sin mácula, o cuidadosamente olvidado. Ejemplo de esto es el caso del economista Aldo Ferrer, uno de los íconos máximos en el campo de los buenos pese a sus antecedentes como ministro de los dictadores Levingston y Lanusse. No es el único.

Mensaje respetuoso de un dinosaurio a periodistas militantes: el paisaje de la realidad no está pintado sólo en blanco y negro. La paleta de colores es amplia y diversa, y aceptar sus múltiples tonalidades permite apreciar mejor la complejidad del cuadro.

(Publicado en la edición de El Diario del Fin del Mundo del 23/01/12).

jueves, diciembre 29, 2011

Lo que deja el 2011


De un modo quizá inevitable, en esta época uno hace un inventario y procura confeccionar un balance. Es conveniente para ello no repetir la práctica, frecuente en ciertos contadores (aunque son los menos, me apresuro a aclarar…), de amañar las cuentas para llegar a resultados agradables a la vista, ya que no a la conciencia.

Aquí van, entonces, los estados de algunas partidas al fin del 2011, según el humilde y leal saber y entender de P&M.

El mundo ya no es lo que era.

Los cimbronazos de la crisis que desde poco antes del 2008 se abate sobre los países más desarrollados, están lejos de haberse aplacado. Por el contrario, el tsunami financiero sigue haciendo trastabillar a la más poderosa economía del planeta, y hasta amenaza con llevarse puesto al sistema del euro.

La polémica sobre lo que resultaría más adecuado para empezar a revertir la preocupante situación también subsiste, dando a entender que la argentina  no es la única dirigencia que parece no alcanzar la estatura que exigen las circunstancias.

Por un lado, no se entiende con claridad de qué manera podría arreglarse un problema de sobreendeudamiento, mediante más deuda, tal lo que parece proponer el premiado estadounidense Paul Krugman a su presidente. En cuanto a Europa, son evidentes las tensiones entre los países-hormigas que pueden exhibir cierta solvencia fiscal combinada con una respetable competitividad (Alemania, claro, pero también algunos escandinavos que están en la UE aunque fuera del euro) y aquellos que, cual  cigarras de fábula, no han hecho previsiones para el invierno que ya llegó.  Pienso en Grecia, con su superpoblada e improductiva burocracia estatal y su sistema jubilatorio cuasi-fueguino, así como en España, en la que “irse al paro” (subsidio al desempleo) se había convertido casi en un deporte para amplias franjas de la población. También pienso en Italia y, en general, en el estado de bienestar europeo que cruje lastimosamente...

En todo caso, uno podría pensar que en la mayoría de los casos mencionados, los gobiernos se gastaron antes de tiempo las herramientas que podrían haber constituido una batería de políticas anticíclicas en un escenario recesivo como el actual. Sin embargo, hay otros factores que juegan.

Por ejemplo, se está asignando una importancia sustancial a la perdurabilidad de muchos –demasiados- bancos que, a todas luces, no han sido prudentes a la hora de administrar inversiones y carteras de créditos, en lo que constituye, sin dudas,  un reflejo del esquema de poder vigente. Sin embargo, creo que los que defienden esta tendencia harían bien en reconsiderarla, ya que lo que ha ocurrido en algunos países árabes por motivos políticos, podría repetirse en Europa por razones económicas. Dicho de otro modo: si el CEO de una entidad financiera prefirió apostar a los beneficios de una timba de alto riesgo, olvidando las viejas y probadas reglas de la sana práctica bancaria,  lo razonable sería que tanto él como la institución que dirige afronten las consecuencias de su error. No son ellos quienes deberían ser sujetos de salvatajes, si es que se concretan

Entre tanto, algunas cosas están sucediendo. La imagen de Obama se ha deteriorado a ojos vista, mientras que el casi grotesco liderazgo de Berlusconi en Italia y la incompetencia de Rodríguez Zapatero en España han debido ceder espacio. Hasta Putin, el frío ex apparatchik ruso que parecía tener bien aceitado un mecanismo para perpetuarse en el poder, siente que el hielo se derrite a sus pies. Ergo, las perspectivas no pueden ser más inciertas.

Mientras China acusa algunos indicios que condicionarían, al menos, su ritmo de crecimiento (con lo que ello implica, en tanto se trata de la locomotora de la economía mundial) y Brasil se abre paso a codazos entre los miembros del G-7, el final de esta novela está abierto.
 
Sintonía fina, patria o dependencia, guarda con lo que vas a  hacer.


El contundente triunfo del Frente para la Victoria en las elecciones de octubre, ha sido seguido por algunas medidas llamativas por parte del gobierno nacional. La idea subyacente, en el plano económico, parece ser la de curarse en salud ante las amenazas provenientes del escenario global recesivo; el problema es que hay poco margen para políticas anticíclicas, debido al irresponsable manejo del gasto público de los últimos ocho años. De todos modos, los primeros atisbos de ajuste se llevaron a cabo con las características que han conformado un paradigma distintivo de esta administración, como son la recurrencia a despreciar u olvidar el análisis estratégico, la falta de pruritos técnicos e institucionales y la obsesión por el relato. Ellos dirán, quizá con razón, que hasta ahora les ha ido bien actuando de este modo, por lo que no existirían motivos para cambiar.

Así, los recortes de subsidios son presentados como ejemplos de “sintonía fina”, mientras que el control de cambios y las restricciones a la importación se relatan como actos de patriotismo que han derrotado a las “corpo” destituyentes. En cuanto a  las creativas estadísticas oficiales, el gobierno ya ni se preocupa en defenderlas. Sobre esa plataforma está plantado, con mayor firmeza que nunca antes, el poderoso Guillermo Moreno, aquí y ahora identificado como máximo e inapelable artífice del proceso de decisiones económicas oficiales (denominarlo "política económica" sería una indulgencia excesiva). Los ministros del área casi no han podido festejar su designación o confirmación, ya que en lo inmediato han pasado a revestir el carácter de invisibles.


El juego de intercambio de amenazas con Hugo Moyano es, sólo por ahora, una incógnita. El papel de la organización paragubernamental La Cámpora, tanto en el frente sindical como en la relación con los gobernadores (empezando por Scioli) será otro elemento a observar con atención.


El dato de último momento, por cierto importantísimo, es el de la enfermedad de la Presidenta, cuyas implicancias políticas permiten comprobar la realidad institucional del país. En efecto, y haciendo una enfática salvedad respecto de la deseable pronta recuperación de la salud de la Sra. de Kirchner, la diferencia de estatura entre ella y su vice es tal que nadie se atreve, siquiera, a imaginar lo que ocurriría en caso que el reemplazo deba prolongarse por más tiempo que el previsto. Por otro lado, hay que apuntar que la propia CFK abonó esta sensación, cuando advirtió a Boudou con la prontamente célebre frase "Guarda con lo que vas a hacer. Va en bromita y en serio".


E la nave va.

En Tierra del Fuego, como en muchas otras provincias, los candidatos basaron sus campañas proselitistas en el esfuerzo por mostrarse como más cristinistas que los demás.  En el camino quedó el candidato a vicegobernador que representaba a la Cámpora en la fórmula encabezada por Rosana Bertone, mientras que la gobernador Fabiana Ríos conseguía la reelección, quizá por haber logrado pagar los sueldos de los empleados públicos pese a las dificultades notorias de financiamiento.

Finalizando el año, el gobierno central ha prorrogado los servicios de las deudas de las provincias hasta 2014, en lo que aparenta ser la pretensión de inducir a sus autoridades a ordenar sus cuentas. Al mismo tiemp, en Río Negro, el gobernador Carlos Soria puso a 20.000 empleados públicos en disponibilidad y anunció un ajuste fiscal. Algo parecido está intentando el gobernador santacruceño Daniel Peralta, mediante un programa de ajuste que incluye al sistema jubilatorio y que ha despertado la vehemente reacción de los sectores afectados. Otro ingrediente es la aparente toma de distancia del kirchnerismo respecto de Peralta, lo que se manifestó con la falta de apoyo a su proyecto por parte de los legisladores que responden a la Cámpora.

Son datos a tener en cuenta, sin duda. Sin embargo,  Ríos no ha hecho otro comentario que el de aplaudir y agradecer la refinanciación. Aunque las (graves) dificultades de la tesorería y del sistema jubilatorio provincial siguen allí, la nave continuará su derrotero, ya veremos en dirección a qué puerto. Entre tanto, las empresas de turismo sienten la disminución de la demanda externa inducida por la crisis del hemisferio norte, y la industria reza para que el consumo no cambie de tendencia.

Muchas dudas, ninguna certeza.

miércoles, diciembre 14, 2011

La gestión transformadora de Ernesto Campos





La conmemoración de la gestión del gobernador Ernesto Campos, que se llevó a cabo la semana pasada en Ushuaia, fue a la vez un acto de justicia y una invitación a reflexionar sobre las posibilidades de una actividad como la política, hoy tan desprestigiada a los ojos de la ciudadanía.

Cuando el presidente Frondizi lo designó en el cargo,  Tierra del Fuego venía de transitar casi cuatro décadas de un estancamiento demográfico y económico sólo interrumpido por el empuje de los inmigrantes italianos que habían llegado en 1948 y 1949. El esfuerzo muchas veces lindante con el sacrificio extremo de los pioneros, de todos modos, no había sido suficiente para modificar las duras condiciones de vida  y la debilidad de una economía restringida apenas a la ganadería ovina, a un rudimentario comercio y a los servicios estatales, en su mayoría provistos por la Marina. Las dos localidades urbanas eran poco más que unas aldeas, mientras que en el ámbito rural, salvo en las grandes estancias de la zona norte, la situación mostraba rasgos de un atraso casi patético.

Sin embargo, la coyuntura ofreció a Campos una ventana de oportunidad que él no dudó en abrir. En efecto, el nuevo gobierno nacional había decidido librar lo que llamó “la batalla del petróleo”, procurando alcanzar el autoabastecimiento de esa fuente de energía mediante una política de adjudicación de contratos de prospección y explotación a empresas extranjeras. Esa actividad había comenzado en la isla en 1949 con la perforación por parte de YPF del “TF 1”, pero no alcanzó un desenvolvimiento significativo hasta que la decisión del gobierno frondizista de incorporar inversores externos posibilitó la instalación de la compañía “Tennessee” en Río Grande.

La explotación petrolera, en primera instancia, derivó en un interesante impulso  para el comercio regional. Asimismo, pronto comenzó a inyectar a las escuálidas arcas del Territorio el flujo de las regalías tributadas por las petroleras, lo que representó un profundo cambio para el esquema financiero del fisco fueguino. Hasta entonces, y dada la muy baja capacidad contributiva de la economía local, los gobernadores habían dependido de las partidas que, a las cansadas y en dosis homeopáticas, les asignaba el gobierno central.

De modo que Campos fue el primero que dispuso de un caudal de fondos relativamente importante sin depender de la benevolencia porteña. Puesto que conocía bien las necesidades de la región desde su época de marino en actividad, diseñó con rapidez un plan de obras públicas que comenzó a ejecutar al poco tiempo, orientado a resolver carencias de infraestructura sanitaria y escolar, a pavimentar calles y a ampliar la provisión de gas en Ushuaia y Río Grande, en la mayor parte de cuyos hogares todavía  se empleaba la leña para la calefacción y la cocción de alimentos. También apuntó a promover el turismo, habida cuenta de la baja perspectiva de contar con inversiones privadas en ese rubro: el primer hotel Albatros y las hosterías de Lapataia, el lago Escondido y la cabecera del Fagnano comenzaron a edificarse durante su gobierno.

El estímulo a la construcción provocó un eslabonamiento que benefició al comercio y el transporte, así como a una actividad maderera hasta entonces sólo incipiente: fue en esos años cuando crecieron los principales aserraderos de la zona.

Eficacia y eficiencia caracterizaron a la gestión. La primera quedó demostrada en la concreción de los proyectos, cosa que no fue fácil porque no obstante lo señalado, “Dios atendía en Buenos Aires”, con todo lo que ello implicaba. Por su parte, la transparencia que hoy recuerdan con afecto los antiguos pobladores, fue paralela a su eficiencia administrativa. Viendo los números del presupuesto de 1961, uno no puede evitar una sonrisa nostálgica al comprobar el equilibrio entre los ingresos y los egresos, así como que –algo  insólito para estos tiempos-  los gastos en sueldos no llegaban a representar siquiera el 9.5% de las erogaciones totales…

Por todo esto, no cabe duda de que la de Ernesto Campos fue una gestión transformadora, de aquellas, pocas por cierto, que no deberíamos olvidar.

(Publicado en la edición de El Diario del Fin del Mundo del 14-12-2011)

martes, agosto 16, 2011

Son los incentivos, estúpido



El contundente triunfo de Cristina Fernández en las recientes elecciones primarias, con porcentajes y márgenes que ni el más optimista de sus partidarios y partidarias imaginaba, tiene para el autor de este blog una explicación más o menos sencilla. Esta afirmación no debería ser tomada como un oportunista "yo sabía", porque quien esto escribe tampoco imaginaba un resultado así, por lo que en estos días ha tratado de comprender la realidad sin caer en explicaciones fascistoides como las que gastan los Fito Páez o los Forster de este mundo. Aquí van mis modestas conclusiones

El modelo productivo de raíz diversificada no es productivo ni diversificado, sino un conjunto más o menos heterodoxo de acciones destinadas a estimular el consumo, antes y por encima de toda otra consideración. Para que fuera productivo debería hacer énfasis en la inversión, y para ser diversificado no debería depender casi exclusivamente de las exportaciones primarias como en las mejores épocas de la denostada "oligarquía", pero nada de eso ocurre.

Las clases medias se benefician por las consecuencias de la combinación de unas políticas monetaria y fiscal muy relajadas con la maraña de subsidios y controles de precios, mientras que para los estamentos de bajos ingresos (con amplias capas sumergidas en la economía no registrada y por debajo de la línea de la pobreza)  está el clientelismo disfrazado de "acción social". La prolongación en el tiempo de estos incentivos ha generado la sensación de que la economía está bien, lo cual no es irreal ni mucho menos: en el día a día, el ciudadano de a pie puede comprar despreocupadamente, mientras los escandaletes que aparecen en la tapa de los diarios -que la mayoría no lee-  se convierten apenas en un paisaje urbano de mero carácter decorativo. Lo que puede ocurrir el año próximo no influye en las decisiones de compra presentes, y después de todo, el resto del mundo, el de los ex países normales, no parece ser un ejemplo a seguir.

La oposición ha pecado de soberbia, eso está claro, a partir de los egos desmesurados de sus líderes. Los motivos por los cuales el autodenominado progresismo de Alfonsín, Binner y Carrió no ha logrado ofrecer a los votantes una opción consensuada de centroizquierda -que bien podría haberse dirimido en estas primarias- es materia de análisis para los politólogos. Pero su problema, me parece, va más allá de esa fragmentación y de ciertos dislates tácticos. Proviene, a mi modo de ver, del mensaje emitido a la sociedad, que puede sintetizarse como un "kirchnerismo de buenos modales".

Por el lado de un presunta y desacreditada centroderecha la cuestión ha sido parecida, agravada quizá por la decisión de Macri de concentrarse en su distrito. Así, la oferta del fragmentado arco conocido como "peronismo disidente", no pasaba de un poco creíble "kirchnerismo con menos corrupción". Entonces, puestos a elegir entre copias del modelo y el original, los votantes se volcaron a este último.

Con la reelección casi en el bolsillo (o, mejor dicho, en la cartera Louis Vuitton) el gobierno debería recordar aquel viejo dicho sobre las segundas partes, que se cumplió por ejemplo, en los segundos gobiernos de Roca, Perón y Menem. También podría relajarse un poco si aceptara que quizá sobreestimó el poder de la corpo mediática.

Vox populi, vox dei.

miércoles, enero 19, 2011

Dólar bajo competitivo




La entrevista al candidato a Presidente por Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, que publica hoy La Nación no tiene desperdicio.


Y no me refiero en particular a afirmaciones tales como "los servicios públicos deben estatizarse" o "es imprescindible que una compañía aérea sea pública" y otras por el estilo, que si bien por un lado lo posicionan como un dirigente estudiantil de 1970 (es decir, con cuarenta años de retraso), reconozco que en su concepción son compartidas por una franja muy amplia de la sociedad. Tan amplia, quizá, como la que avalaba las políticas de signo exactamente contrario en los denostados noventa.

Me interesa señalar, en cambio, la respuesta a una consulta del periodista acerca de su estrategia para atraer inversiones al país. Preguntado que fue al respecto, el chavista cineasta contestó muy suelto de cuerpo: "Tenemos que tener un dólar bajo, competitivo, y ganar mercados en el exterior".

Los economistas, es sabido, suelen tener profundas divergencias. Sin embargo, las mismas se limitan al plano normativo, es decir, al "deber ser". En el plano positivo, en cambio, hay casi pleno consenso. Juan y Pedro pueden disentir, por ejemplo, acerca de si es conveniente imponer o no limitaciones a las importaciones; pero, lo que es seguro es que ambos coincidirán en que establecer un arancel aduanero constituye una restricción al ingreso de mercaderías desde el extranjero. Juan dirá que hay que proteger a la industria local desalentando mediante el arancelamiento las compras en el exterior, mientras Pedro sostendrá que hay que ocuparse del consumidor y propondrá eliminar los aranceles. Lo que estará fuera de la discusión es el carácter de esos aranceles.

Las medidas relacionadas con el  tipo de cambio entre la moneda local y las divisas constituyen un elemento esencial de la política económica, en la medida en que influyen tanto en la evolución de los precios internos como en la relación con el resto del mundo, y -consecuentemente- en la producción, el consumo y la inversión. El mercado de divisas puede ser flexible o flotante (sin intervenciòn del gobierno), fijo (como en el caso de la convertibilidad en la Argentina de los noventa) o de "flotación sucia" (cuando el gobierno interviene indirectamente, para influir en la tasa de cambio). Los economistas tienen opiniones distintas acerca de estos asuntos, basadas en consideraciones políticas, éticas, etc.

En cambio, no hay divergencias respecto de que un tipo de cambio alto  es "competitivo", ya que la devaluación de la moneda local abarata el precio de las mercaderías vendidas a otros países. Quien sostenga lo contrario es un ignorante o un chanta. Si encima esa persona dice que va a estimular las inversiones extranjeras, a estatizar empresas y a romper relaciones con Gran Bretaña y los Estados Unidos, todo al mismo tiempo, es posible que no se encuentre en su sano juicio.

lunes, enero 17, 2011

Tierra del Fuego aislada por piquetes


A raíz de cortes de rutas en lugares estratégicos por parte de pobladores que protestan contra un aumento de 17% en la tarifa del gas, unos 3.000 argentinos (según las últimas noticias) quedaron "varados" en la región chilena de Magallanes. Para quienes hace tiempo que no miran un mapa de esas latitudes, diré que para viajar entre las provincias argentinas de Santa Cruz y Tierra del Fuego, es necesario atravesar territorio chileno tanto en el continente como en la isla, dado que ambas costas del estrecho de Magallanes pertenecen al país hermano. Por supuesto, ello implica además llevar a cabo el cruce de ese canal mediante el servicio de transbordadores, optando entre el de la Primera Angostura (con buen tiempo, esta travesía demora unos 20 minutos)  y el que une la capital regional,  Punta Arenas, con la pequeña  localidad fuegina de Porvenir (tardando en este caso algo menos de dos horas, salvo inclemencia climática).

La situación da pie a varios comentarios. El primero que se me ocurre es el derivado de la actitud de la cancillería de nuestro país, reclamando a las autoridades chilenas que "arbitren los medios para el restablecimiento del acceso y la salida de la isla", así como "el desbloqueo de todos los pasos cerrados a los automóviles, camiones y personas". Vale recordar -aunque parezca obvio- que Gualeguaychú está en la Argentina, que el bloqueo de sus pobladores al paso fronterizo con Uruguay provocó durante años grandes dificultades al tránsito de personas, vehículos y mercaderías, y que el actual es el mismo gobierno que tensó a extremos inconcebibles la relación con ese país por su cerrada negativa a arbitrar los medios para restablecer el flujo.

Otra faceta es la que podríamos denominar económica y política. Sucede que el gobierno de Sebastián Piñera decidió desmontar el subsidio al consumo de gas para la región magallánica, lo que provocó el incremento en el precio del combustible y las consecuentes protestas de los habitantes. El caso no es comparable, por su relativa magnitud,  con la enmarañada trama de subsidios que el kirchnerismo ha tejido durante su gestión, y sin embargo se ha convertido en un problema muy serio para las autoridades trasandinas. Tanto, que remite a las protestas que hace poco acaecieron en Bolivia cuando el presidente Evo Morales, quizá debido a un súbito ataque de neoliberalismo, también intentó  acabar con los subsidios a los hidrocarburos. La queja popular fue de tal gravedad que el ex dirigente cocalero, presuntamente medicado con renovadas dosis de bolivarianismo, a los pocos días dió marcha atrás a su medida. La moraleja es clara: toda política de control de precios (como lo es un mecanismo de subsidios) puede en determinado momento toparse con "el dilema del día después". Veremos cómo les va con este tema durante los próximos meses a Piñera y Morales, pero lo más interesante (o entretenido)  para nosotros será cuando aquí llegue el momento de revisar los subsidios al transporte.

Por último, una cita al "componente argentino" de este episodio. Después de varios días de interrupción del tránsito, las autoridades de la provincia de Tierra del Fuego recomendaron  a la población no trasladarse a la zona. No obstante, el domingo pasado unos 1.400 fueguinos en plan vacacional lo hicieron, y una vez en el lugar, como era de esperar, se mostraron indignadísimos, negándose a regresar. Fueguinos y argentinos, hasta la médula...

La imagen es de Perfil.com

martes, noviembre 23, 2010

Ahora, el Fondo



Es posible que para tratar de entender la relación del kirchnerato con el FMI, sea más útil recurrir a la psicología que a disciplinas a priori más afines a la temática que ocupa a dicho organismo internacional, como la economía o la politología.

Al menos, es lo que se deduce con la noticia conocida hoy: el gobierno recurrirá a la "asistencia técnica" del cuestionado ente para diseñar un nuevo índice de precios.

El asunto llama la atención por varios motivos. El primero, claro, es la reiterada postura de rechazo a cualquier intervención del Fondo en los asuntos locales asumida por las autoridades argentinas del más alto nivel, puesta de manifiesto en innumerables ocasiones y en todos los tonos, casi siempre altisonantes. Una demonización  que incluso le ha servido al gobierno para granjearse indisimuladas simpatías en el arco "políticamente correcto" de la opinión pública. Habrá que ver qué opinan ahora esas voces.

Pero además de ello, el FMI no tiene entre sus funciones específicas la producción de estadísticas, de las cuales sólo se sirve para efectuar sus análisis. En términos de "expertise", como le gustó decir hoy al impresentable ministro Boudou (el mismo que opinó hace poco que la inflación sólo afecta a la clase media alta), hay varias instituciones con pergaminos más robustos, tales como las oficinas oficiales de estadística de Canadá, Francia o Gran Bretaña. Y, si se prefiere a una institución latinoamericana, las de México y Brasil también son muy prestigiosas (no, la de Venezuela no es muy respetada).

El disfraz elegido para ornamentar esta decisión se recuesta en aspectos técnicos. Se trata, según se ha afirmado, de diseñar un índicador que represente la evolución de los precios en todo el país, dado que el actual abarca al Gran Buenos Aires, mientras que cada provincia elabora su propio índice. Esto es tan cierto como que el IPC elaborado ahora por el Indec es un "dibujo" y que su utilización es cada vez más insostenible.

Cualquiera que sea la forma en que el asunto se lleve adelante, es seguro que la inoxidable directora del Indec, Ana Edwin, seguirá luciendo su sonrisa lamarquiana (no digo gardeliana, para que no me acusen de sexista).

martes, noviembre 16, 2010

La distancia entre la teoría y la práctica



"Durante muchos años enseñé teoría económica. Me gustaría pensar que me he ganado la vida honestamente, pero a veces tengo mis dudas". La frase pertenece a Joan Robinson, la economista británica que introdujo -entre muchos otros aportes-  la teoría de la competencia imperfecta, y me vino a la mente tras los recientes escandaletes registrados en el Congreso nacional en torno a la ley de presupuesto público para el año próximo.

Y es que por algún tiempo, al igual que ella (salvando las abismales, inconmensurables distancias) procuré que los chicos del Colegio Nacional de Ushuaia  aprehendieran las características que hacen que el presupuesto sea considerado como la "ley de leyes". Con lo que yo suponía un noble fin, peroré una y otra vez acerca de su rol como herramienta fundamental para la planificación, administración y control de la actividad estatal.  Insistí con sus características de expresión financiera del plan del gobierno y con su función de asignador de los recursos del Estado a la satisfacción de las necesidades de la sociedad.

Convencido de la veracidad de mis afirmaciones, les explicaba a aquellos adolescentes que el debate del proyecto enviado cada año por el Poder Ejecutivo implica un ejercicio casi sublime de participación democrática. Les decía, palabras más o menos, que cuando en la instancia legislativa ese proyecto es analizado, discutido, modificado y -finalmente- aprobado, se concreta en la práctica el derecho del pueblo para establecer (a través de sus representantes legítimamente elegidos) las prioridades del Estado en materia de gastos para el funcionamiento de sus distintas dependencias y el desarrollo de infraestructura, así como para obtener mediante impuestos y otras formas de financiamiento, los fondos necesarios para atenderlos.

Creo que terminaba señalándoles que el documento es de cumplimiento obligatorio para el gobierno, y que ningún gasto puede ejecutarse si no está allí contemplado.

La realidad me desmintió la semana pasada de un modo terminante. Por un lado, el Ejecutivo no admitía ni el cambio de una coma a su proyecto,con argumentos que llegaron al disparatado extremo de requerir que se respetara el duelo de la Presidenta otorgándole el presupuesto que pedía... Por otra parte, algunos integrantes de la oposición aprovecharon el momento para dirirmir una interna partidaria, mientras otros tronaban con denuncias de presiones oficialistas, como si se tratara de algo inédito.

Lo más probable es que para el próximo ejercicio el gobierno funcione con una prórroga del presupuesto 2010. Ello le permitirá disponer a discreción de la recaudación impositiva que excederá lo previsto para este año, en buena medida como consecuencia del proceso inflacionario. Desde el arco opositor, sin embargo, no parece haber disposición para hacer valer su mayoría imponiendo un mecanismo para que en tal caso, se obligue al gobierno a debatir en el Congreso el destino de esos fondos excedentes.

Quizá alguno de mis alumnos de antaño se acuerde hoy de mis clases. Espero que piense que fui apenas un ingenuo...

(La imagen de Joan Robinson pertenece al sitio EMVI)

jueves, noviembre 04, 2010

Inflación y relato



Amado Boudou se graduó en economía en la Universidad de Mar del Plata, con un promedio distinguido (8,19). Luego, consiguió un magister y un doctorado en la Universidad del CEMA. Actualmente, funge como ministro de economía en el gobierno nacional.

Ayer declaró que la inflación no es un tema importante, y que en todo caso afecta a la clase media-alta. Lo cual merece algunos comentarios, a saber:

  • La frase implica el reconocimiento de que la Argentina padece inflación, algo que hasta ahora el gobierno se empeñaba en negar apelando a cualquier recurso, incluyendo la manipulación de las estadísticas.
  • Su afirmación contradice toda la teoría económica escrita, lo que involucra -por supuesto- a la que el ministro ha estudiado con algún provecho, según se infiere de sus títulos de grado y posgrado.
  • Los economistas tienen fuertes divergencias en el campo del "deber ser", pero suelen coincidir en el plano del "ser". La inflación es un ejemplo de lo segundo: hay consenso en que es un fenómeno que afecta ante todo a los perceptores de ingresos fijos, o sea a los asalariados y jubilados. Y que en un contexto de fuertes aumentos en los precios de los alimentos, las personas con menores ingresos resultan aún más perjudicadas, ya que son las que deben asignar la mayor parte de sus recursos a ese tipo de bienes.
  • En cuanto al "deber ser", las diferencias tradicionales (mientras los ortodoxos recomiendan medidas monetarias, los heterodoxos prefieren las herramientas fiscales) parecen cosas del pasado. Hay poquísimos países en el mundo que padecen el flagelo, lo que induce a pensar que los hacedores de política económica urbi et orbi saben cómo deben ser las medidas para combatirlo con eficacia. Algunas excepciones: Zimbabwe, Venezuela, Argentina. En América Latina, Brasil, Chile y Uruguay son ejemplos de economías que crecen sostenidamente y con tasas de  inflación nulas o muy bajas.
  • Conclusión inevitable: el ministro pretende subestimarnos, por no decir que nos trata de idiotas. Ello, como corolario de la premisa básica de este gobierno: lo que importa es el relato.

jueves, julio 29, 2010

Amigas son las amigas


Los indicios acerca del alineamiento de Fabiana Ríos con el kirchnerismo son, desde hace algún tiempo, groseramente explícitos. Los motivos de tal fenómeno, aunque sorprendentes para un observador que recuerde por lo menos la denuncia penal que la actual gobernadora presentó años atrás contra el entonces presidente Kirchner, son comprensibles. La Argentina, un país formalmente federal, es unitario de facto, en especial en lo referido a la asignación de los recursos fiscales. De tal modo, la caja -que le dicen-  es el instrumento del gobierno central para disciplinar a los gobernadores, característica que la actual administración ha perfeccionado hasta niveles casi perversos. Se trata de la reproducción, corregida y aumentada, del mecanismo que Kirchner llevó a cabo con mano de hierro durante sus años como gobernador de Santa Cruz, con respecto a los intendentes de esa provincia.

Por más que el sistema de coparticipación de impuestos nacionales contempla un determinado esquema de reparto, la Nación -que es la que recauda los tributos por delegación de las provincias-  abre o cierra el grifo para las jurisdicciones locales en forma discrecional. El kirchnerismo ha agregado a ello los llamados "superpoderes" por los que cambia a su gusto y paladar la composición de las partidas presupuestarias, y los "fondos fiduciarios", un invento dado a luz durante los malditos noventa para manejar recursos públicos por fuera del Presupuesto, que las actuales autoridades no sólo abrazaron sin mayores escrúpulos sino que también perfeccionaron.

Como resultado de tal entramado, la mayoría de las provincias depende de las asignaciones de coparticipación para pagar los sueldos, y de la plata de los fondos fiduciarios (cuyos caminos conducen, invariablemente, al Ministerio de Planificación Federal) para ejecutar obras.

Cuando Fabiana Ríos asumió, la situación fiscal de la Provincia casi no podía ser peor. La sucesión de disparates irresponsables perpetrados por sus antecesores, Colazo y Cóccaro, dejó al tesoro provincial inmerso en una crisis gravísima. Para colmo, la mezcla de improvisación y de terco ideologismo que caracterizó al gobierno en sus primeros momentos, tendía a agravar el cuadro. Los sindicatos estatales, por su parte, alimentaban el incendio con algunos baldes de combustible.

Esto es lo que permite comprender que la administración provincial haya virado, lenta pero inexorablemente, hacia el campo político del oficialismo nacional, que poco a poco fue aportándole -en dosis homeopáticas-  el oxígeno necesario para evitar su hundimiento. Comprensible, insisto, al punto que es lo que hacen todos los demás gobernadores; más aún, es probablemente lo que hubiera hecho cualquier otro elenco político dadas las circunstancias apuntadas.

Pero no por comprensible deja de ser, por un lado, bastante triste. La fragilidad institucional argentina, por no hablar de decadencia, se manifiesta con este tipo de episodios de manera clarísima.

Pero hay algo que a uno lo subleva. Me refiero al disfraz ideológico con que los funcionarios provinciales pretenden cubrir una decisión signada por la necesidad, haciendo que parezca dictada por la voluntad. En un reciente reportaje televisivo, la gobernadora se refirió a la expropiación de la cuasi quebrada Aerolíneas Argentinas y a la apropiación compulsiva de los ahorros privados depositados en las AFJPs, como ejemplos de acciones del gobierno nacional que le permiten a ella no tener (no lo dijo con estas palabras, claro) cargos de conciencia al momento de alinearse con las políticas de Cristina Fernández. La potencia de tales medidas es notable, ya que logran evitarle además cualquier incomodidad ante tropelías como el caso Skanska, las valijas voladoras, los negociados de la diplomacia paralela con Venezuela o el sostenido crecimiento patrimonial del multimillonario matrimonio gobernante.

Entre tanto, sus funcionarios señalan que el gobierno ha logrado seguir pagando los sueldos sin efectuar ajustes. Nada dicen, tampoco, de la postergación de los vencimientos de la deuda con que han sido beneficados por el gobierno central, deuda que por otra parte, la próxima administración deberá afrontar, ni del estado patético de los servicios que el Estado provincial brinda a la población, porque de eso no se habla. En cambio, como ícono de la supuesta identidad ideológica con el proyecto, el Canal 11 de Ushuaia ha pasado a denominarse "la televisión pública fueguina". Por suerte, no emite -hasta el momento- una versión local de 6, 7, 8.

jueves, mayo 27, 2010

La vida por un LCD

(Nota preliminar:
El contenido de este post está dirigido
en forma especial a los lectores fueguinos.
Espero que no se me acuse por ello de disciminador)

Con empeño digno de mejores o, quizá, más importantes causas, desde el ámbito político local se viene bregando en estos días por una consigna de indudable corrección: cada fueguino debe tener su LCD barato.

Como ocurre con toda premisa enraizada en el sentimiento popular, el periodismo se ha hecho eco de ella levantando una bandera: que los beneficios del régimen promocional lleguen a todos.

Lo ha expresado con claridad la gobernadora: es necesario que las ventajas de la ley 19.640 no se limiten "sólo a los puestos de trabajo", sino "que permitan a todas las familias de la Provincia acceder a tecnología de punta".

Así es que están apareciendo ya las ofertas de los diversos comercios, aunque según parece, con algunas limitaciones dadas por cupos. Lo cual refleja un aspecto que no suele ser considerado: las fábricas sólo realizan el beneficio previsto en el sistema promocional cuando venden el producto fuera de la isla.

También hay otras cuestiones que a la luz de las afirmaciones de los funcionarios y los comentarios periodísticos, no estarían siendo ponderadas. Una de ellas, que muchos convenios colectivos de trabajo en el ámbito provincial contemplan  adicionales "por zona desfavorable" que, en ciertos casos, alcanzan valores sustanciosos. Otra, no menos significativa, es que la citada ley establece la exención del impuesto a las ganancias, por lo cual un importante segmento de los asalariados fueguinos no lo paga, cuando debería hacerlo si residiera en cualquier otro punto del país. Como se comprende con facilidad,  la interacción de ambos factores fortalece el poder de compra del salario en Tierra del Fuego.

En fin, es posible que el tema pierda relevancia cuando finalice el Mundial de fútbol. Aunque un querido pero pesimista amigo decía hoy en una mesa de café que tal vez el desinterés cunda ya al culminar la primera ronda. La boca se le haga a un lado...

martes, abril 20, 2010

Por la boca muere el pez

Los ejecutores  del autodenominado modelo productivo del gobierno nacional nos mantienen entretenidos con frecuencia casi cotidiana.

Hasta hace poco, funcionarios, economistas, militantes e intelectuales de la línea dura se encolumnaron tras la encendida negación del fenómeno inflacionario o, lo que es lo mismo, en la no menos encendida defensa de las estadísticas de precios del Indec. El devenir de los acontecimientos o, dicho con más precisión, la inocultable evolución alcista de los precios fue obligándolos a -por decirlo de alguna manera-  retroceder en la línea de defensa argumental y a caer en los eufemismos. Finalmente, mientras el vicepresidente del partido oficial y líder de la columna vertebral del movimiento sostenía que al gremialismo no le interesaba la inflación del Indec sino la de los supermercados, el propio jefe de gabinete terminó de un modo más o menos patético, tratando de defender lo indefendible ante una modelo en el programa televisivo de Roberto Pettinatto.

Casi sin darnos respiro, la argumentación oficial apuntó contra los reclamos de algunos empresarios por una devaluación del tipo de cambio. Nada menos que la ministro o ministra Débora Giorgi se encargó de embestir contra esos sectores, señalando que el nivel actual del mismo es competitivo y dedicando a los reclamantes esta magnífica frase: "los que proponen una mayor tasa de devaluación (sic) están proclamando el ajuste para los asalariados".

La declaración es llamativa, tratándose de una funcionaria de alto nivel de un gobierno que se ha caracterizado por denostar la convertibilidad de los malditos noventa, de la que se salió, como todos recordamos, con una fuerte devaluación. Hoy, la misma medida que hace ocho años fue proclamada como un hecho reivindicatorio de las mayorías postergadas, es fulminada con una de esas frases que desde el campo nac & pop sólo se reservan al neoliberalismo más vil.

Vamos a ver con qué se destapan mañana...

jueves, marzo 18, 2010

El precio de los autos


Arden los foros de Internet y las páginas de Facebook frecuentados por los fueguinos. El mismo tema repica a diario en varios programas periodísticos de las radios locales.

¿La preocupación es por el conflicto entre los docentes y el gobierno? ¿Acaso se trata de las probables consecuencias de un sismo? ¿O de inquietudes sobre la salud pública, el medio ambiente, la seguridad?

Nada de eso. El problema que tanto intercambio virtual y verbal genera es mucho más prosaico: el precio de los automóviles en Tierra del Fuego.

"En Rio Gallegos -brama un indignado cibernauta-  un Gol vale 5 lucas menos que acá; un furgón, aca 103 mil, allá 77 mil es una locura." Otro ratifica: "Un amigo compró una Ford Eco Sport en Buenos Aires y se la trajo a Ushuaia por 13 mil pesos menos. Y eso que acá no se paga IVA!!!"

Un economista, un sociólogo o, tal vez, un psicólogo social, se ocupará en algún momento de estudiar la compleja conducta del poblador fueguino promedio respecto de la adquisición de vehículos. Mientras tanto, podemos teorizar -como en una mesa de café- sobre un tema que llama la atención de los visitantes.

A ojo de buen cubero, el parque automotor se destaca por dos características principales: su pujante juventud y la altísima proporción de unidades de alta gama, en especial de "todo terrenos". La compulsión por adquirir el modelo más caro posible, el más grande y/o el más poderoso baña a casi todos los estamentos de la sociedad. Un auto de tres años de antigüedad es viejo.

Un observador desprevenido se sorprende casi con candor al ver los vehículos estacionados frente a las fábricas, o ante la sede de un gremio estatal en asamblea...

De nuevo, partiendo de la intuición se puede afirmar que esa conducta colectiva deriva en una demanda que trepa casi insaciablemente. Y, como lo sabe cualquier alumno de un curso básico de economía, eso crea oportunidades para que los oferentes exijan un precio más alto. Claro, la teoría indica que esa situación hará que en algún momento, ante precios altos, la demanda baje y la escasez de compradores obligará a los vendedores a disminuir los precios.

Sin embargo, en el mercado automotor fueguino eso no ocurre. La demanda sigue siendo alta, por más que los precios crezcan. La reacción de los consumidores se limita a las quejas a las que aludimos al principio.

La economía es, en el fondo, una cuestión de incentivos, y los precios son señales para compradores y vendedores. Así que el comportamiento de la demanda de automotores en Tierra del Fuego no es otra cosa que un fuerte incentivo para que los vendedores mantenga su política de precios.

Mientras eso no cambie, de nada valdrán los exabruptos en Internet ni los reclamos por una intervención del gobierno para "parar esta locura". Los llamados a "papá Estado" para que se ocupe del asunto ignoran que el mercado, esa demonizada entelequia, está compuesto por las mismas personas que, con sus decisiones, determinan el curso de los acontecimientos.

jueves, marzo 11, 2010

La Revolución ya no es lo que era


El gobierno de nuestra Presidente/a es nac & pop, por lo que -al igual que el de su antecesor y consorte-  confronta en forma decidida y valiente con los enemigos del pueblo. Enemigos que, como todos sabemos, son lo suficientemente aviesos y taimados como para -pese a la formidable capacidad del oficialismo- estar en condiciones de conformar una severa amenaza para nuestro bienestar.

El FMI y los tenedores de títulos públicos están entre los más conspicuos de esos canallas. El kirchnerismo supo combatirlos, primero con la quita y el canje de la deuda, luego con el desendeudamiento (mediante un valeroso "pago cash" al mismísimo organismo financiero), más tarde con la pícara manipulación de los índices de actualización de los títulos entregados en canje, una maniobra típica de la picardía criolla que nos distingue ante los ojos del mundo.

El tiempo ha pasado, pero la lucha continúa. El gobierno ha cambiado de táctica, quizá apelando a una de aquellas "jugadas maestras" que los montoneros de antaño elogiaban al gran líder. Ahora, a pagar la deuda se ha dicho.  La Presidente/a avisó que habrá de hacerlo apelando a las reservas del Banco Central,  que está dispuesta a ello por más objeciones que el poder legislativo anteponga, y que ignorará en forma lisa y llana eventuales fallos en contrario de la justicia.

Es comprensible, entonces, que todo el arco revolucionario apoye a esas dos bravas amazonas nacionales que son Cristina Fernández y Mercedes Marcó del Pont. Allí estuvieron, por ejemplo, Luis D´Elía y Milagro Sala, poniendo el cuerpo en una movilización hasta el Congreso.

"Pago de deuda o muerte", es la consigna revolucionaria del momento. Y al que no le guste, que vaya a quejarse a Fidel Castro.

La imagen pertenece a Ámbito Financiero.

martes, marzo 02, 2010

Presupuesto, conflicto de poderes y paro docente


La sanción del presupuesto de la administración provincial para el ejercicio 2010 derivó en un conflicto que involucra a los tres poderes del Estado, cuyas consecuencias aún están por verse.

Según se ha publicado, la ley finalmente aprobada contempló una reducción en las partidas presupuestarias para el Poder Judicial y el Tribunal de Cuentas, respecto de los valores contenidos en los proyectos remitidos al Ejecutivo. Esto, y la determinación de no prever incrementos en aquellos salarios que superen al de la gobernadora, constituyeron el detonante que hizo estallar la bomba. Una acordada del Superior Tribunal de Justicia declaró la inconstitucionalidad de los artículos en cuestión.

Por un lado, resulta evidente que hubo un manejo político al menos poco cuidadoso de la cuestión por parte del poder administrador, lo cual explica las declaraciones de un funcionario judicial señalando que no había habido consultas previas a la decisión del recorte. Sin embargo, es necesario admitir que el área de hacienda debe compatibilizar y conciliar los requerimientos de los diferentes poderes y organismos, con el cálculo de ingresos, a fin de lograr en lo posible un cierto equilibrio en las cuentas fiscales. Así y todo, lo frecuente (más aún en el caso fueguino) es que se produzca una brecha entre las erogaciones y los recursos presupuestados, que deberá cubrirse con financiamiento (deuda); también es común (e irregular) que el presupuesto no indique las fuentes de ese financiamiento, o que lo haga vagamente.

Por último, debe recordarse que es potestad del Poder Legislativo laudar en última instancia sobre estos asuntos, fijando los valores de las diferentes partidas y los mecanismos de financiamiento en la ley respectiva.

Expresado en otros términos: el proceso presupuestario que se inicia con los requerimientos para el ejercicio, continúa con la formulación del proyecto y deviene en la sanción de la ley (pero que no termina allí, ya que prosigue con su ejecución y el correspondiente control) es el mecanismo establecido en un sistema democrático, por el cual la sociedad -mediante sus representantes- determina el monto de los gastos del gobierno, estableciendo cuáles se llevarán a cabo en el curso del año y cuáles se postergarán.
 
  • Costo vs. calidad

Hay al menos dos argumentos en la reciente acordada judicial que llaman la atención. Uno, el de la inconstitucionalidad, porque es precisamente la Carta Magna fueguina la que establece que ningún funcionario puede percibir un sueldo superior al del gobernador. Otro, el que vincula la independencia de los jueces a la cuestión salarial, lo cual parece al menos una exageración. Porque, de ser así, cabría preguntarse cuál sería el nivel de sueldo (¿40.000.-, 50.000.-, 1.000.000.-?) que garantizaría la honestidad de un magistrado: visto de este modo, este planteo en mi opinión suena bastante estrafalario.

La cuestión se enmarca en el interminable forcejeo por los recursos fiscales en que está inmersa buena parte de la sociedad fueguina, lo cual incluye como protagonistas principalísimos a todos los sindicatos de trabajadores estatales (el Estado tiene a su cargo algo así como el 40% del empleo provincial). Por ejemplo, la fueguina ha sido una de las tres jurisdicciones del país en las que este año no han comenzado las clases, debido a un paro docente por tiempo indeterminado. Pero, además, debe tenerse en cuenta que las leyes determinan que una parte de los ingresos fiscales provinciales deban transferirse a las Municipalidades (coparticipación de impuestos federales y provinciales, y regalías por combustibles), y que también hay asignaciones preestablecidas con fines asistenciales y de promoción social. Con lo cual, el margen de maniobra del fisco queda reducida a su mínima expresión. De hecho, en la actualidad la obra pública en su totalidad se financia con fondos nacionales, con lo cual las decisiones en la materia han quedado fuera de la órbita de las autoridades locales.

Se suele opinar respecto de estos asuntos basándose en valores absolutos. Por ejemplo, hay quienes recuerdan que los salarios estatales, incluyendo los de los docentes, están entre los más altos del país , y también quienes apuntan que el régimen laboral (vacaciones, jubilación, obra social) del sector público contempla importantes ventajas respecto de los vigentes para los trabajadores del sector privado.

Sin embargo, hay un aspecto que pocas veces es puesto sobre la mesa, y que se refiere a la calidad de los bienes públicos provistos por el Estado fueguino, comparándolos con el elevado costo salarial que ese mismo Estado (es decir, la sociedad en su conjunto) eroga para brindarlos. Esta relación, como lo ha señalado un reciente editorial de "El Diario del Fin del Mundo", presenta resultados amargantes, por decir lo menos. Sería interesante que la comunidad empiece a plantearse si es posible aspirar a una mejora en los servicios de enseñanza, salud, seguridad, etc. que hoy recibe del gobierno provincial.

Conclusión de este post: de manera recurrente, la cuestión fiscal irresoluta aparece como telón de fondo de todos los problemas de índole política y económica en Tierra del Fuego. Alguna vez, el problema deberá ser debatido sin subterfugios y con honestidad intelectual, punto de partida para plantear soluciones. Entre tanto, seguiremos así.

Link: editorial de El Diario del Fin del Mundo del 1ro. de marzo de 2010.

(La imagen pertenece a Crónicas Fueguinas)

lunes, febrero 22, 2010

Desarrollo, moneda e inflación (digresiones sobre)

En una nota publicada en la revista "Noticias" durante el pasado fin de semana, el economista heterodoxo y diputado nacional por el Proyecto Sur, Claudio Lozano, expresa una alternativa para el desarrollo con respecto al controvertido tema de las reservas del Banco Central.

Por empezar, tengo mis dudas sobre si, como sostiene el articulista, hay tanto antagonismo entre el oficialismo y los principales sectores de la oposición (UCR, peronistas disidentes, PRO, Coalición Cívica) en torno a dicho asunto. En lugar de ello, me parece ver una posición políticamente correcta (dados los neokeynesianos tiempos que corren) del arco opositor, limitándose a plantear -más allá de las justificadas objeciones al decreto de necesidad y urgencia, que no tenía ni una cosa ni la otra- que el kirchnerismo no debe concretar ahora tal propósito por sus manifiestas ineptitudes en materia económica (la velocidad a la que se ha desgastado la figura del carilindo Amado Boudou es increíble). Pero no hubo declaraciones de sus máximos dirigentes que apuntaran a cuestionar el fondo de la idea.

Lozano, a su turno, la emprende por un lado contra el fracaso del gobierno en el "replanteo de la relación con los agentes económicos más concentrados y transnacionalizados y en el plano del financiamiento estatal" y, por el otro, contra la supuesta "propuesta más ortodoxa" del eje opositor, al que ve empeñado en sostener "la lógica de acumulación de reservas como modo de respaldar los agregados monetarios y la estabilidad de la moneda a costa de profundizar el ajuste del gasto público". Para decirlo en pocas palabras, elabora un diagnóstico en el que mezcla dosis de marxismo poco diluído y nacionalismo avinagrado.

Como alternativa, sostiene que las reservas deben servir no para pagar deuda y acceder así a financiamiento en los mercados de capitales (ese sería el motivo de su supuesta divergencia con el gobierno), ni para respaldar la moneda (imperdonable pecado liberal en el que incurrirían los opositores) sino para resolver la cuestión productiva ante la fuga de capitales y la avaricia de "los sectores concentrados" que sólo invierten de manera vegetativa (???). Y lanza su propuesta de crear un nuevo actor capaz de incidir en el proceso de inversión: el área de la economía pública y social, que define como el conjunto integrado por las pymes (parece que los patrones capitalistas, si son relativamente pequeños, no resultan tan malos), la economía popular (léase: "empresas recuperadas" y organizaciones piqueteras que viven del subsidio estatal) y -por supuesto- el Estado (¡chan!). O sea que el supuesto nuevo actor no es nuevo, sino que volvería al escenario con renovados bríos.

Dice el autor algo más, como para eliminar toda posibilidad de cuestionamiento: que la única alternativa a este plan sería profundizar el ajuste fiscal. Sí, amigo lector, entendió bien: según Claudio Lozano, el fisco argentino estaría produciendo un ajuste, así que si ud. creyó que las cifras del desbocado aumento del gasto estatal y el incremento galopante de la deuda pública (reconocido por el propio autor treinta líneas antes) de estos años implicaban todo lo contrario, lamento informarle que estaba equivocado.

La reaparición del Estado en el rol de agente económico haciendo las veces de empresario es planteada de tal modo, sin hacer la más mínima alusión no sólo a las nefastas experiencias en la materia que abundan en nuestra historia económica, sino a las consecuencias que estas medidas tendrían sobre la política monetaria y el nivel de precios en una coyuntura con crecientes expectativas inflacionarias (en la que se reproducen de alguna forma las condiciones descriptas hace cinco años en el trabajo que puede verse aquí) ni -mucho menos- acerca de cómo influiría ello en la política fiscal si reapareciera el efecto Olivera-Tanzi, por ejemplo. Se trata de otro de los planteos plagados de simplismo voluntarista a que nos tienen acostumbrados los miembros de la corriente que orienta Fernando "Pino" Solanas, admirador y eventual aliado de Hugo Chávez.


Hugo cumple, Pino dignifica. Patria o muerte.

Resulta curioso que Pino y Lozano hayan captado con ese discurso ultra-estatista una porción significativa del electorado porteño, el mismo que suele manifestarse con mucho ruido -cacerolas en mano- contra "todos" los políticos. En fin, alguna vez esa gente deberá resolver tan flagrante contradicción, pero no nos ocuparemos de ello aquí.

Entre tanto, la inflación -como lo señala con acierto Eduardo Fracchia- ya se ha convertido en un componente crónico del modelo productivo. Es cierto que la coyuntura vuelve a ser favorable para el país, puesto que se espera una muy buena exportación de soja (por cantidad y precio). Sin embargo, el gobierno parece incapaz de superar sus carencias en materia estratégica y su falta de comprensión del contexto económico y político ("no perdimos"), de modo que es de suponer que Kirchner reaccionará "a lo Kirchner", apretando el acelerador aunque todos los carteles señalen que se está acercando al abismo.

Despintado y sin poder alguno Boudou, las miradas se posan ahora en Mercedes Marcó del Pont, que llegó al BCRA tras, dicen sus amigos, una buena gestión en el Banco Nación. Quienes la conocen sostienen además que es una funcionaria honesta y capaz. No hay por qué dudarlo, aunque el uso conjunto de esos dos calificativos, en el contexto del oficialismo, se parece demasiado a un oxímoron.

Si alguien cree que estas apreciaciones son demasiado pesimistas, mejor que tenga en cuenta lo que -según informa el diario El Cronista- dijo la semana pasada el futuro ministro uruguayo de economía, Fernando Lorenzo: "Vamos a leer los diarios argentinos todos los días y haremos justo lo contrario de lo que hace Kirchner".

miércoles, febrero 10, 2010

Una difícil herencia


La gestión kirchnerista va a dejar a quien le toque sucederla, una situación muy complicada desde diversos puntos de vista, empezando por la cuestión económica. El desbocado aumento del gasto público terminó por devorarse sin mayores sobresaltos al superávit primario, demostrando que la voracidad fiscal era, como varios lo suponíamos, muy capaz de esterilizar el crecimiento de la producción derivado de la ventajosa coyuntura internacional entre 2003 y 2008. En el camino quedaron los fondos confiscados del sistema jubilatorio de capitalización.

Como consecuencia de ello, en algún momento la tesorería deberá afrontar el dilema de una reasignación de recursos fiscales para responder a un abanico de necesidades de grueso calibre, entre ellas:

  • los graves desequilibrios en las finanzas provinciales (que hoy mismo ya tienen dimensiones muy preocupantes).
  • una maraña de subsidios a diferentes actividades que en la actualidad apenas logran sostener la operación corriente a raíz del retraso de los respectivos cuadros tarifarios, y que han renunciado -en forma quizá definitiva- a la reposición del capital consumido.
  • una demanda por bienes públicos en áreas críticas (salud, educación, seguridad, energía, infraestructura vial, etc.) que cada vez soporta menos las postergaciones sine die.
  • los daños en las economías hogareñas y en las empresas provocados por una inflación que ya no logran enmascarar las maniobras en el Indec ni las pintorescas declaraciones del ministro Boudou.

Todo ello podría ser aún más complicado si la foto actual empeorase, por ejemplo en caso que -como ya lo están advirtiendo algunos agoreros destituyentes de la derecha- la política monetaria "desarrollista" hoy en ciernes termine retrotrayéndonos a los buenos viejos tiempos del déficit cuasifiscal (diferencia negativa entre los rendimientos de los activos del BCRA y los costos de sus pasivos).

Pero más allá de estas especulaciones, creo que hay otro aspecto de la herencia para el futuro gobierno que es muy preocupante, y que tiene que ver con una cuestión social de fondo.

Existe un demasiado amplio sector de ciudadanos que no solamente vive del subsidio oficial, como consecuencia del clientelismo gubernamental que se ha transformado en una lacra, sino que considera que esa es la manera normal de ganarse la vida, por lo cual cree que concurrir al piquete es su "trabajo". Hay más de una generación de víctimas sumergidas en esa marea, lo que significa que muchos chicos y jóvenes nunca han visto a sus padres levantarse por la mañana para ir a trabajar.

Que esto continúe así después de más de seis años de un gobierno supuestamente preocupado por mejorar la situación de los más atrasados, que además ha disfrutado -como se señala más arriba- de condiciones favorables por las cuales la economía experimentó un período de fuerte crecimiento, no puede menos que ser una evidencia del fracaso de quienes gustan llenarse la boca perorando sobre su infalibilidad redistributiva.

Pero, además, lo descripto ha sido caldo de cultivo para el tipo de cacique al que se refiere el artículo de Crítica Digital cuya imagen ilustra este post, que no trepidará en tratar de ejercer un perverso mecanismo de extorsión en defensa de la gente si viera peligrar su interesante negocio a costas del fisco. Si ahora amenaza de esta forma, cabe preguntarse a qué se atreverá cuando las autoridades no pertenezcan a su exclusivo círculo de amistades.

Una versión en apariencia menos bizarra de esto pero aún más peligrosa por sus hondas raíces en negocios de la peor calaña imaginable, lo constituye el sindicalismo que, al amparo de una alianza de mutua conveniencia con el oficialismo, ha construido un esquema de poder de tenebrosos alcances.

De algo estoy seguro: el (la) próximo(a) ocupante del sillón de Rivadavia no la va a tener fácil.

***

Upgrade del 11 de febrero: Carlos Melconian comenta hoy en "La Nación" la misma temática económica de la que se ocupa este post, aunque por supuesto que lo hace con superior enjundia y mayor caudal de información. Eso explica, entre otras cosas, por qué él es Melconian y yo... apenas Mastrocuervo.

Me interesa resaltar los siguientes párrafos de su nota:

Las necesidades de fondos fiscales para 2010 son de $ 40.000 millones (aproximadamente, $ 20.000 millones por lo que sería déficit del Tesoro, $ 7000 millones por déficit de los fiscos provinciales -más sus vencimientos de deuda menos lo que está acordado refinanciar por la Nación- y $ 13.000 millones por vencimientos de la deuda pública nacional en pesos por capital e intereses netos de lo que se autocobrará el sector público por títulos que tiene tras la toma de las AFJP) y US$ 6500 millones también por vencimientos de deudas del Estado, pero en dólares.

El Fondo del Bicentenario, se supone, calza con este último agujero. Como se ve, aun consiguiendo algún financiamiento externo (cada vez más difícil por cuestiones internas y externas), el tema fiscal no estará resuelto, ni en monto ni en tipo de moneda (faltan pesos más que dólares).

(...) Por otro lado, ¿quiénes tendrán la voz cantante en la mesa de negociación del Congreso para, simultáneamente, llevar al menos al equilibrio operativo a los fiscos nacionales y provinciales a diciembre de 2011? Como se ve en los números proyectados, algo así como $ 30.000 millones ($ 20.000 millones más $ 10.000 millones), que es el monto a que han llegado los déficit operativos de Nación-provincias, de los que alguien se tendrá que hacer cargo a mediano plazo.

Amigo lector: si llegó hasta aquí, le sugiero que dedique a esto un momentito más y, cliqueando en el ícono que encontrará más abajo, lea la nota completa de este economista, que entre sus interesantes virtudes tiene la de utilizar un lenguaje llano y fácilmente comprensible para un lego en la materia (cosa bastante rara en la profesión).

OpiniónSálvese quien pueda

Carlos Melconian

lanacion.com | Economía | Jueves 11 de febrero de 2010

viernes, febrero 05, 2010

Por un puñado de dólares, bonus track

Las explicaciones con que Néstor Kirchner intentó justificar la adquisición de dos millones de dólares en plena crisis de 2008 fueron tan inconsistentes, que sólo podrían convencer a jueces como Oyarbide. Además, no las expuso en una conferencia de prensa, sino mediante un correo electrónico dirigido a Víctor Hugo Morales. Se difundió el contenido de ese mensaje, pero no se supo si el periodista procedió a repreguntarle, como hubiera sido de esperar en un profesional de su experiencia y dada la mencionada fragilidad de la argumentación expresidencial.

Como eso no sucedió (una lástima haber perdido esa oportunidad, don VH) los interrogantes quedaron allí, flotando en el éter, mientras muchos pensábamos que en un país serio (¿a quién le escuché este latiguillo antes?) un político en semejante situación estaría inmerso en un escándalo que amenazaría su carrera política.

En eso estábamos cuando la diputada Diana Conti salió a darnos las explicaciones que necesitábamos, aprovechando además para desplegar el esbozo de una nueva teoría que pronto será materia de estudio en las mejores universidades del mundo: para ejecutar una política progresista, es necesario ser multimillonario.

P & M se complace en presentar a sus lectores el video con esta brillante pieza oratoria. Buen fin de semana para todos.




miércoles, febrero 03, 2010

E la nave va


La sucesión de ejercicios fiscales deficitarios que viene arrastrando Tierra del Fuego ha provocado un efecto anestésico en la comunidad local, que parece haberse acostumbrado a esa condición. Como si se tratara de una mera cuestión administrativa, en virtud de la cual la ejecución del presupuesto -a la sazón, reducido a una mera formalidad- se resolviera con la declaración de algún funcionario "blanqueando" la cifra del desequilibrio: "son tantos cientos de millones..." dirá el hombre, e la nave va...

Pero, cada tanto, la realidad se contrapone en forma brusca a esta idílica percepción colectiva. Ocurrió hace poco, cuando el IPAUSS, sigla del organismo que administra el sistema jubilatorio provincial, tuvo graves problemas para pagar los haberes a sus beneficiarios. En medio de los obvios reclamos de estos últimos, se señaló con acierto que el incumplimiento de la Administración Central y de otros sectores del fisco en el pago de los aportes y contribuciones son la causa del desfinanciamiento y el cuasi-colapso del Ipauss. La polémica se extendió a la supuesta intención de la gobernadora de traspasar el sistema al gobierno central a cambio de una asistencia financiera, como lo evidenciaría el envío por parte del Poder Ejecutivo al directorio del Ipauss de un borrador de convenio que parecía apuntar a ello. El organismo lo rechazó, la gobernadora a su vez desmintió que su propósito fuera el denunciado, y la situación quedó en suspenso, no se sabe hasta cuándo.

Es obvio que detrás del desfinanciamiento del Ipauss provocado por los retrasos en las transferencias patronales está (además de las deficiencias propias del sistema) el desbocado déficit crónico. Un presupuesto con déficit implica que para ejecutar todas las acciones en él previstas, dicha brecha deberá ser cubierta (financiada) tomando fondos de diversas fuentes (endeudándose). Si no se logra el financiamiento necesario, porque el nivel de endeudamiento acumulado dificulta contraer nueva deuda, varias acciones (por ejemplo, el pago de las obligaciones con la seguridad social) no podrán llevarse a cabo, por más que estén contempladas las partidas presupuestarias respectivas. Como diría Sherlock: elemental.

¿Significa esto que el gobierno de Fabiana Ríos demora esos pagos por una causa, digamos, perversa? No lo creo. Lo que sucede es que sus disponibilidades financieras le alcanzan para pagar, a duras penas y en forma escalonada, los haberes de sus empleados, y para casi nada más. De hecho, la publicidad oficial sobre los "logros" de los dos primeros años de gestión se centra en forma casi exclusiva en el hecho de haber logrado pagar los sueldos durante ese período. Lo trágico es que no se haga nada para cambiar tan penosa situación.

Sólo se ha procurado generar paliativos, asumiendo altos costos políticos. Pruebas al canto:

  • El controvertido convenio con una empresa de origen chino para la explotación de recursos minerales fue gestionado en forma por lo menos desprolija, olvidando el sacrosanto principismo que blandía el elenco oficial cuando militaba en la oposición, porque el fin perseguido era el de allegar fondos por regalías al fisco lo más pronto posible.
  • Los legisladores nacionales del oficialismo provincial se alinearon incondicionalmente con las iniciativas del kirchnerismo en el Congreso, dejando de lado cualquier prurito ético, como un modo de allanar las posibilidades de acceder a la asistencia financiera del gobierno central.
  • La gobernadora olvidó su antigua querella penal contra Néstor Kirchner, al tiempo que estrechó filas con la presidenta cada vez con mayor frecuencia. En forma un tanto paradojal, esto ocurre justo cuando la imagen del gobierno nacional se deteriora cada día un poco más.
  • En igual sentido, se ha anunciado que se pondrá en marcha un mecanismo para financiar obra pública en la provincia con recursos provenientes de la explotación petrolífera off-shore. Claro, se hará a la manera peronista, mediante la creación de un "fondo fiduciario", el mecanismo inventado por el menemismo y continuado en forma entusiasta por sus sucesores hasta hoy, que posibilita el manejo de fondos fiscales por fuera del presupuesto y de las normas de contabilidad pública.
Bueno, después de todo tal vez haya que aceptar que la nave va, aunque no se sepa hacia dónde...

martes, febrero 02, 2010

Por un puñado de dólares


No me preocupa saber si la adquisición de la bicoca de dos millones de dólares por parte del ex presidente Kirchner, en octubre de 2008, fue o no lícita. Ni siquiera me interesa conocer si para concretar la operación se sirvió de información privilegiada a su alcance, logrando por ello una excelente y rápida utilidad.

En cambio, me gustaría identificar la fuente ideológica en la que NK abrevó para decidir esa inversión. Tal vez lo hizo inspirado en algún manual de don Arturo Jauretche, el fundador de FORJA; o en los esclarecedores textos de Juan José Hernández Arregui, aquel guía intelectual de los montoneros de antaño; o en cualquiera de las encendidas páginas escritas por el gordo J. W. Cooke.

O quizá recurrió, entre sus preferidos nac&pop, a autores de mayor enjundia técnica, como el venerable estructuralista Aldo Ferrer o el Premio Nobel Stiglitz.

Vaya uno a saber.

Pero no es la única incógnita que me acosa. También quisiera saber qué opinan los que son del palo, los militantes insobornables del campo nacional y popular y por lo tanto oficialistas más o menos consecuentes. No me refiero a los amanuenses a sueldo, del tipo de Orlando Barone o cualquiera de los periodistas del programa televisivo 6-7-8, sino a los kirchneristas críticos tan dispuestos a justificar tropelías para luego lamentarlas, siempre demasiado tarde, como Sabbatella y Lozano. Y a los sesudos firmantes de cartas abiertas que nos advierten contra la derecha restauradora y los planes destituyentes.

Todos ellos, fervorosos enemigos de los despreciables buitres y las repugnantes ratas del Riachuelo que lucran comprando barato y vendiendo caro.