sábado, mayo 29, 2010

Carancho


El sexto largometraje del director Pablo Trapero combina con eficacia dos elementos esenciales de todo "thriller" que aspire a justificar esa denominación: la denuncia de un perverso sistema delictivo (en este caso, el que se ha montado en Buenos Aires y alrededores en torno a los accidentes de tránsito) y la historia de un amor trágico. El resultado es una obra impactante desde lo visual, lo que explica su notable éxito de taquilla.

Los protagonistas son Sosa (Ricardo Darín) un abogado especializado en reclamos civiles que, al haber perdido la matrícula (el guión no da precisiones respecto de los motivos), trabaja para una organización tenebrosa que estafa a las víctimas, sus familiares y las compañías de seguros, y  Luján (Martina Gusmán), una joven médica provinciana que se desempeña en un servicio de emergencias, entre varias "changas" con las que intenta desarrollar su incipiente carrera profesional en la gran ciudad. Sus vidas se cruzan cuando ella intenta salvar la de un accidentado, al que él procura captar como cliente.

El mecanismo mafioso constituido por unos policías y abogados tan corruptos como despiadados, con la necesaria complicidad de médicos, enfermeros y choferes de ambulancias, es exhibido en forma descarnada. Mientras los distintos "modus operandi" de la banda van siendo revelados con todos sus rasgos de crueldad y fría lógica, Luján y Sosa tratan de construir una relación que, de algún modo, les ofrezca la posibilidad de redimirse.

La película tiene dos características por las que no ha terminado de convencerme. Por un lado, un cierto regodeo con las escenas sangrientas que, si bien encuentran justificación en la temática de que se ocupa el argumento, podrían haber tenido un trato menos explícito. Quizá el realizador no se lo ha propuesto, pero esos desbordes me hicieron pensar en una apelación al morbo colectivo. El otro aspecto cuestionable, en parte producto del anterior, es la excesiva lentitud en el ritmo de la narración, lo que por momentos se torna incómodo para el espectador.

Las actuaciones son sólidas, denotando la calidad de la dirección en ese aspecto. A mi me parece que Darín está corriendo el riesgo de encasillarse en el personaje desangelado, que en el fondo es "bueno" pero no puede evitar deslizarse hacia el campo del "mal"; no obstante, su desempeño tiene la solvencia habitual, siendo igualmente buenos los trabajos de la protagonista femenina y el resto del elenco.

En conclusión, creo que Trapero no logra acercarse con este film a los muy altos niveles de calidad que alcanzó en sus dos primeros largometrajes:  "Mundo Grúa" y la recomendable "El bonaerense" (la tercera fue una "road-movie" fallida y olvidable, "Familia rodante", y a las dos restantes no las vi). Si bien ha mantenido aquí la mirada social y el realismo que se destacaban en aquellas obras, su pincel incurre en algunos trazos demasiado gruesos que no favorecen al producto final.

jueves, mayo 27, 2010

La vida por un LCD

(Nota preliminar:
El contenido de este post está dirigido
en forma especial a los lectores fueguinos.
Espero que no se me acuse por ello de disciminador)

Con empeño digno de mejores o, quizá, más importantes causas, desde el ámbito político local se viene bregando en estos días por una consigna de indudable corrección: cada fueguino debe tener su LCD barato.

Como ocurre con toda premisa enraizada en el sentimiento popular, el periodismo se ha hecho eco de ella levantando una bandera: que los beneficios del régimen promocional lleguen a todos.

Lo ha expresado con claridad la gobernadora: es necesario que las ventajas de la ley 19.640 no se limiten "sólo a los puestos de trabajo", sino "que permitan a todas las familias de la Provincia acceder a tecnología de punta".

Así es que están apareciendo ya las ofertas de los diversos comercios, aunque según parece, con algunas limitaciones dadas por cupos. Lo cual refleja un aspecto que no suele ser considerado: las fábricas sólo realizan el beneficio previsto en el sistema promocional cuando venden el producto fuera de la isla.

También hay otras cuestiones que a la luz de las afirmaciones de los funcionarios y los comentarios periodísticos, no estarían siendo ponderadas. Una de ellas, que muchos convenios colectivos de trabajo en el ámbito provincial contemplan  adicionales "por zona desfavorable" que, en ciertos casos, alcanzan valores sustanciosos. Otra, no menos significativa, es que la citada ley establece la exención del impuesto a las ganancias, por lo cual un importante segmento de los asalariados fueguinos no lo paga, cuando debería hacerlo si residiera en cualquier otro punto del país. Como se comprende con facilidad,  la interacción de ambos factores fortalece el poder de compra del salario en Tierra del Fuego.

En fin, es posible que el tema pierda relevancia cuando finalice el Mundial de fútbol. Aunque un querido pero pesimista amigo decía hoy en una mesa de café que tal vez el desinterés cunda ya al culminar la primera ronda. La boca se le haga a un lado...

lunes, mayo 24, 2010

Desencuentros en el Bicentenario


Es una representación bastante fidedigna del estado de nuestra sociedad. En vísperas de una fecha que debería convocarnos a los argentinos, si no a la unidad fraternal, al menos a unos gestos descontracturados, los máximos dirigentes políticos que supimos elegir protagonizan una comedia de enredos (digna de un film de Clase B, por supuesto) en torno a las celebraciones por el Bicentenario: aquél cursa una invitación que no es aceptada por aquélla, quien a su vez evita invitar a aquéllos... Como decía hace poco el veterano locutor tanguero Anselmo Marini en su programa de radio, "¡si la unión hace la fuerza, qué país débil somos!"

Estos desencuentros en la cima, insisto, son representativos de lo que sucede en el llano. Pienso en el conductor que lanza su vehículo sobre la humanidad del peatón que cruza la calle, y también en este último, que lo hace de manera desaprensiva por la mitad de cuadra; en el desamparado que duerme entre cartones en un recodo del acceso al subterráneo mientras miles de personas lo esquivan casi sin mirarlo; en el comerciante que no emite factura ni acepta tarjeta de débito para hacerme cómplice de su evasión impositiva; en el maestro que no le da clases a los chicos porque así les enseña a luchar; en el vendedor que demora en atenderme porque está contestando mensajitos en su celular; en el que se hace el distraído para adelantarse en la fila. Pequeños y grandes desencuentros cotidianos de los ciudadanos comunes que en cierto modo explican (¿justifican?) los que ocurren allá arriba. Postales del ser nacional.

Desencuentros que se manifiestan también en una manía acentuada en estas últimas semanas: la revisión histórica, siempre en clave express y maniquea. Para algunos, desde 1810 hasta hoy los "buenos" han venido luchando contra los "malos": antes lo hacía "la revolución contra el poder colonial", ahora "el gobierno reparador de la autoridad pública y la estatalidad  sic contra la inmediatez de los noventa y la debacle de 2001" (ver aquí). Para otros, hay que volver a la época del primer Centenario, de la que añoran el progreso asimilado al crecimiento económico pero olvidan la imperfección de los mecanismos democráticos de aquella época.

¿Reparación de la autoridad pública y la estatalidad? El ruinoso espectáculo de las instituciones básicas y de  la instrucción y la salud públicas contradice en forma estentórea la envanecida aseveración del funcionario de un gobierno que no accedió al poder ayer, sino hace siete años. En todo caso, es una tarea pendiente ¿Réplica del esquema vigente en 1910? Habría que empezar, entonces,  por la educación pública, recordando -es cierto- que uno de sus hitos fundacionales fue una ley del primer gobierno de Roca.

El análisis de nuestros fracasos y éxitos del pasado, si bien imprescindible, aparece como de menor importancia que la ciclópea tarea que el país aún tiene por delante. No es con invectivas historicistas ni -mucho menos- con sermones desde el atril que los argentinos empezaremos a saldar las deudas que tenemos con nosotros mismos. La recomposición institucional, la reparación de la conciencia republicana, la recuperación de la política como herramienta esencial de participación ciudadana en un marco de respeto, son sin duda opciones mucho más urgentes que las chicanas desparramdas en los reality shows televisivos por ciertos personajes oficialistas.

Si no acometemos más temprano que tarde esas obras, me temo que seguiremos así, por cien años más...

lunes, mayo 17, 2010

La cinta blanca (y el "efecto Gral. Villegas")


En "La cinta blanca", el director alemán Michael Haneke indaga acerca de ciertas características de la sociedad de su país a comienzos del Siglo XX,  que desembocarían en la funesta experiencia nazi. La acción transcurre en 1914 en una pequeña comunidad rural en la que, tras una apariencia pacífica, subsisten lacras de la peor calaña.

La narración, enmarcada en un ascetismo seco que se ve reforzado por la fotografía en blanco y negro, va descorriendo uno tras otro los velos que cubren dramas públicos y privados. Tanto en la relación feudal que vincula al barón propietario de las tierras con los campesinos, como en  la rigurosa pseudomoralina  del pastor o en las perversiones de las que son víctimas los personajes más débiles, subyace una trama de hipocresías asfixiante que el film descubre en forma implacable. Sin embargo, el "discurso" del director no es pretensioso, sino más bien testimonial. La película termina el día en que comienza la Primera Guerra Mundial, pero no muestra qué ocurrió con los protagonistas más adelante. No tiene un desenlace a la manera tradicional, prefiriendo dejar que el espectador saque sus propias conclusiones.

Las mías se orientaron en la dirección del trasfondo hipócrita de una comunidad que terminó pariendo a uno de los totalitarismos más monstruosos de la centuria pasado.

Pocos días después de verla, leí en los diarios las noticias acerca de un suceso acaecido en General Villegas, pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires: un video que circulaba entre teléfonos celulares de esa población, mostraba a una menor de 14 años sometida a abusos de índole sexual por tres varones adultos. Lo más patético aconteció después, cuando a raíz de la intervención judicial ante el flagrante delito cometido, hubo en Villegas manifestaciones... ¡en favor de los abusadores!  Para rematarla, el intendente dijo algo así como que "la chica era medio ligerita". Hoy, mirando por televisión una nota al respecto, con mi esposa no pudimos menos que asociar este acontecimiento con el argumento de "La cinta blanca". Quizá haya sido un exceso de nuestra parte. Quizá no.

miércoles, mayo 12, 2010

Importemos al Pepe


¿Quién dijo que todo está perdido? El que así lo cree, acaso no ha leído los conceptos del presidente uruguayo José Mujica en un reciente discurso ante los trabajadores de la petrolera estatal Ancap. Conceptos como estos:
  • "No son dueños de la empresa. Esta empresa no es propiedad de ustedes, esto es propiedad del pueblo uruguayo. Nunca pierdan de perspectiva el objetivo".
  • "No se puede seguir con un Estado paquidérmico, sin compromiso, inventando festividades para no laburar".
  • "Todos ustedes son suplantables, lo que no es suplantable es nuestro pueblo. Ustedes no están para servirse, ustedes están para servir. Y en ese servir realizarse como hombres, como mujeres".
Leí esto y me acordé de Martin Luther King, por aquello de "tuve un sueño". Es que, salvando las distancias, en mi sueño un gobernador o una gobernadora de Tierra del Fuego se plantaba ante un piquete de empleados portuarios, o frente a una delegación de ATE, o de cara a unos vociferantes miembros de la DPOSS, y les decía cosas parecidas.

Desperté de mi sueño y empecé a averiguar el costo de un pasaje a Montevideo...

Link: Artículo de "El País" de Montevideo con las declaraciones del presidente Mujica.

martes, mayo 11, 2010

Una Ushuaia como la de antes, bonus track


Aunque esperable, es decepcionante. La reacción de la dirigencia política fueguina ante la repercusión  del asesinato del taxista Antonio Toledo, ocurrido la semana pasada en Ushuaia, no fue capaz de superar la chatura, el habitual bajo vuelo de sus integrantes. Un denodado intercambio de acusaciones y chicanas entre intendentes, concejales, legisladores y funcionarios provinciales fue el ¿inevitable? telón de fondo de la tragedia.

Varios dirigentes, a quienes -como se suele decir-  no se les cae una idea ni por casualidad, son duchos en el arte de descalificar al adversario.

Hubo, no obstante, algunas propuestas. La de la policía (incrementar el número de agentes en la calle), comentada en el post precedente, no fue una novedad, aunque de concretarse,  ayudaría.  Los intendentes avanzan, según parece, en la idea de instrumentar un sistema de monitoreo mediante cámaras instaladas en puntos estratégicos de Ushuaia y Río Grande, una experiencia que ha arrojado resultados positivos en el partido bonaerense de Tigre.

Entre tanto, el debate sigue por carriles que no han sido agotados. La cuestión del control, según argumentábamos aquí, suele incomodar al autoproclamado progresismo que hoy encarna el oficialismo provincial, pero que tiene cultores también en otros referentes políticos.

Un tema latente es el de los asentamientos irregulares, una cuestión que en Ushuaia ha alcanzado niveles preocupantes. Porque cualquier iniciativa que tienda a encuadrar a quienes allí habitan en un marco de legalidad en su más amplio sentido, recibe el inmediato sambenito progre: eso es discriminación. O algo mucho peor: racismo.

Visto de cierto modo, suena hasta irónico. En Ushuaia, se trata de ocupaciones del espacio público (cuya defensa es una consigna básica de la corrección política) y, en particular, de zonas del bosque nativo (ídem anterior) en la perifieria de la ciudad, en las que se han establecido en condiciones de extrema precariedad, segmentos de inmigrantes recientes cuyo traslado hasta allí desde varios puntos del país -dados sus bajos ingresos y escasos recursos-  es muy posible que haya contado con el aliento, cuando no con el financiamiento, de sectores políticos que aspiraron (y aspiran) a convertir a esas personas en espadas, lanzas e infantería de la propia tropa política. Puras presunciones, claro.

En la mayoría de los casos, por lo tanto, no son más que víctimas del clientelismo en su versión más perversa. Sin embargo, entre ellos -hay que decirlo- emergen personajes que desarrollan una impronta delictiva de distintas maneras, ejerciendo unas formas de violencia que van creciendo alarmantemente.

En definitiva, se trata de síntomas de una patología social que los dirigentes harían bien en atender, superando las ataduras ideológicas y su hasta ahora irrefrenable propensión a la politiquería más frívola.

Imagen: "Agosto, 3 PM", acuarela de Eduardo Nicolai

jueves, mayo 06, 2010

Una Ushuaia como la de antes


El cartel, garabateado en caracteres de color verde, postulaba una utopía: "Por una Ushuaia como la de antes, segura y sin delincuentes". Escrito por un poblador anónimo, estaba dirigido a una clase política que -una vez más- evidenciaba no estar a la altura de las circunstancias.

Una utopía, es cierto, porque no es posible volver el tiempo atrás.  Pero, ¿acaso los políticos no suelen vanagloriarse de plantear utopías? Quienes hoy gobiernan a los fueguinos, como tantos antes que ellos, ¿no prometieron durante la campaña electoral, en cierto modo, realizar las utopías del pueblo? ¿Estaban preparados, siquiera para intentarlo?

La seguridad (en realidad, su falta) resulta un asunto por demás incómodo para el autoproclamado progresismo nacional en sus distintas variantes. La sombra de las dictaduras que sufrimos se transformó para ellos en una bandera: cualquier insinuación respecto de la necesidad de actuar en contra del crimen es tachada de "represiva".

En esa línea de pensamiento, los reclamos ante la inseguridad son descalificados por provenir de "sectores que quieren mantener sus privilegios" a costa de los más necesitados. El prejuicio es recurrente: exigen seguridad los ricos, para protegerse de sus enemigos,  los pobres.

En Ushuaia, la realidad acaba de dar otro rotundo mentís a este paradigma. La víctima del delito no ha sido un industrial poderoso, ni siquiera un comerciante próspero. Antonio Toledo era un modesto taxista, que ayer murió horas después de haber sido apuñalado por un asaltante mientras estaba trabajando.

Ushuaia jamás volverá a ser como la recuerda el redactor de aquél cartel. Pero detrás de la masiva protesta ciudadana de estas jornadas hay mucho más que recuerdos de un pasado ideal que no puede regresar. No se trata, de ninguna manera, del rechazo a un progreso con beneficios y costos.

Está por un lado la bronca por los asentamientos irregulares de personas en la zona alta de la ciudad, que el imaginario colectivo (probablemente con mucha razón)  identifica con la permisividad -cuando no, con el aliento liso y llano-  por parte de distintos estamentos de la política. Asentamientos en los que la precariedad y las carencias de todo tipo han venido conformando un caldo de cultivo para situaciones y conductas de alta conflictividad social.

Está también el hastío por la ineptitud de una dirigencia (incluyendo a políticos y gremialistas) que no se preocupa por responder a los requerimientos de la comunidad, mientras se enrieda una y otra vez en disputas interminables. Por eso es que las críticas no se limitaron a las principales figuras del gobierno provincial, sino que comprendieron a los sindicalistas. Una de las consignas de los manifestantes de estos días expresaba: "No somos compañeros, no somos de los gremios, somos vecinos".

Y, además, existe el descontento por un Estado que no logra superar una ineficacia estructural en áreas básicas como la seguridad, la educación y la salud. Con un agravante: mientras las gravísimas consecuencias de la  incompetencia estatal en materia educativa se difieren en el tiempo,  la insolvencia en materia de seguridad cobra vidas al contado.

De nuevo, aparece la paradoja. Un elenco gubernativo que desde el llano y hasta hoy (a casi dos años y medio de haber asumido) reivindicó con fervor militante el rol protagónico que a su juicio debe desempeñar el Estado en la vida de la sociedad, se encuentra con que no está en condiciones de poner en la calle el número suficiente de agentes y patrulleros. La sensación de  improvisación es inocultable.


Como si se tratara de un hallazgo, los funcionarios avisan ahora que los policías que se venían ocupando de tareas administrativas serán asignados a tareas de carácter preventivo. Habría que creer -aunque es muy dudoso-  que ese trabajo de escritorio lo harán de aquí en más algunos de los benficiarios del tristemente célebre "megapase" de la dupla Colazo-Cóccaro, esa cohorte de incansables bebedores de mate que tan bien la ha venido pasando en estos años.

Mientras, de un modo patético, un legislador oficialista pretendió echar la culpa al sector privado local por su rechazo a un incremento en las cargas impositivas, que supuestamente hubiera permitido financiar mejoras en aquellas áreas críticas. Nadie pareció tomar en serio una lectura de la realidad que pretendía justificar la concepción imperante entre los gobernantes (y una considerable parte de los agentes públicos): que el Estado fueguino existe ante todo para tener empleados bien pagos, por lo que la ejecución de las demás funciones está subordinada a ello. 


Imagen: "Linda mañana", acuarela del pintor fueguino Eduardo Nicolai.

domingo, mayo 02, 2010

El corazón al sur

Eladia Blázquez ocupa uno de los primerísimos puestos en mi ranking personal de autores tangueros, junto con Discépolo, Cadícamo y Homero Expósito. "Con las alas del alma", "Honrar la vida", "Sin piel", "A un semejante", son algunas de sus obras más bellas y conocidas, de las cuales también compuso la música. Además,  le puso versos a "Adiós Nonino" y escribió varias piezas folklóricas. Murió en 2005.

Susana Rinaldi es, por otra parte, una de mis cantantes preferidas, aunque confieso que no me "cae" simpática,  con esa actitud de estar mirando a los demás desde un pedestal. Pero, vamos, canta el tango maravillosamente.

En este domingo (lluvioso en Ushuaia), P & M deja a sus seguidores (!!??) un video de "La Tana" interpretando "El corazón al Sur" de Eladia, grabado durante una presentación en Finlandia en abril de 2009.


miércoles, abril 28, 2010

Don José. La vida de San Martín


La historia argentina que estudió mi generación (así como varias anteriores y posteriores) en los niveles primario  y secundario, tenía una característica infaltable: sus personajes eran -dependiendo de la orientación del autor del libro, o del profesor-  buenísimos o malísimos, sin matices. Los acontecimientos eran relatados como una sucesión de pugnas entre unos patriotas inmaculados y heroicos, por un lado, y los representantes de la antipatria, a cual más malvado.

Se trataba, en realidad, de una historieta de dudosa calidad, en la que los buenos jamás dudaban al momento de decidir,  y nunca se contradecían. En caso de hacerlo, dejaban de inmediato de pertenecer al bando original. Las mujeres eran esposas abnegadísimas de los héroes, ya que sólo raras excepciones se destacaban por méritos propios. Ellas y ellos eran individuos asexuados, que hasta parecían disfrutar del sufrimiento provocado por un accionar en el que, como poseídos de un destino revelado, jamás cejarían.

Esa concepción fue el producto de una "educación patriótica" elaborada con el propósito de afirmar la identidad nacional, en un país en el que la inmigración constituyó un factor determinante del desarrollo. Ese esquema derivó en una mitología triunfalista y rimbombante, desde la cual nos proyectábamos hacia un destino de grandeza que aparecía como inevitable. Es posible que en la dura contrastación de ese discurso con la realidad, se encuentre el origen de una de las mayores patologías  que nos afectan como sociedad desde hace tiempo, y que consiste en atribuir todas nuestras penurias a la perversa acción de los otros.  Si somos tan maravillosos, por provenir de héroes impolutos y brillantes, la única explicación posible para nuestra situación presente es la de la campaña antiargentina que no descansa en su intento de someternos.

"Don José. La vida de San Martín", biografía escrita por José Ignacio García Hamilton, resulta entonces una ráfaga de aire puro. No se relata en ella la vida de un semidios sino la de un hombre que tuvo alternativamente aciertos y errores, convicciones y dudas, momentos de ejecutividad y también de indecisión.

Un hombre que cometió actos de autoritarismo y se dejó tentar por el poder, que se relacionó con otras mujeres estando casado y que terminó cayendo en la adicción al láudano, que había empezado a consumir para combatir penurias físicas.  También, un militar que nunca participó de las sangrientas luchas partididstas en su país y que supo consumar el propósito de su acción libertadora. García Hamilton llega incluso a analizar la posibilidad de que San Martín haya sido un hijo bastardo que Diego de Alvear (el padre de Carlos) tuvo con una indígena, lo cual le ha granjeado al autor el odio imperecedero de muchos fervorosos ultrasanmartinianos.

El texto presenta a San Martín en toda su dimensión, lo que por un lado sirve para derribar mitos (como el de su supuesta muerte en la pobreza) y por otra parte, permite al lector valorarlo por sus importantes y trascendentes cualidades.

Su muy recomendable lectura sirve, además, para confirmar que los personajes de la historia no son diferentes de los que conocemos o tratamos cotidianamente. Hombres y mujeres que hacen lo que pueden, a veces alcanzando el exito y otras chocando con frustraciones. Esto no debiera ser una novedad para nadie, pero muchas interpretaciones de historiadores que hoy tienen gran presencia mediática, parecen querer imponer una nueva versión de aquella educación patriótica que nos impartían cuando éramos chicos.

martes, abril 20, 2010

Por la boca muere el pez

Los ejecutores  del autodenominado modelo productivo del gobierno nacional nos mantienen entretenidos con frecuencia casi cotidiana.

Hasta hace poco, funcionarios, economistas, militantes e intelectuales de la línea dura se encolumnaron tras la encendida negación del fenómeno inflacionario o, lo que es lo mismo, en la no menos encendida defensa de las estadísticas de precios del Indec. El devenir de los acontecimientos o, dicho con más precisión, la inocultable evolución alcista de los precios fue obligándolos a -por decirlo de alguna manera-  retroceder en la línea de defensa argumental y a caer en los eufemismos. Finalmente, mientras el vicepresidente del partido oficial y líder de la columna vertebral del movimiento sostenía que al gremialismo no le interesaba la inflación del Indec sino la de los supermercados, el propio jefe de gabinete terminó de un modo más o menos patético, tratando de defender lo indefendible ante una modelo en el programa televisivo de Roberto Pettinatto.

Casi sin darnos respiro, la argumentación oficial apuntó contra los reclamos de algunos empresarios por una devaluación del tipo de cambio. Nada menos que la ministro o ministra Débora Giorgi se encargó de embestir contra esos sectores, señalando que el nivel actual del mismo es competitivo y dedicando a los reclamantes esta magnífica frase: "los que proponen una mayor tasa de devaluación (sic) están proclamando el ajuste para los asalariados".

La declaración es llamativa, tratándose de una funcionaria de alto nivel de un gobierno que se ha caracterizado por denostar la convertibilidad de los malditos noventa, de la que se salió, como todos recordamos, con una fuerte devaluación. Hoy, la misma medida que hace ocho años fue proclamada como un hecho reivindicatorio de las mayorías postergadas, es fulminada con una de esas frases que desde el campo nac & pop sólo se reservan al neoliberalismo más vil.

Vamos a ver con qué se destapan mañana...

miércoles, abril 14, 2010

Más de lo mismo (¿hasta cuándo?)


El tiempo transcurre, pero en Tierra del Fuego parece que se lo midiera con uno de los famosos relojes blandos de Dalí.

Las noticias indican que los múltiples conflictos mantenidos por  diferentes gremios y organismos estatales (docentes, ATE, personal de reparticiones diversas como Energía,  Rentas, el Instituto de Vivienda y Obras Sanitarias, empleados de la obra social)  con el gobierno provincial recrudecen. Pasan los días y los meses y la situación no cambia.

El gobierno se debate entre la asfixia financiera, el abrazo de oso del kirchnerato (terrible paradoja la de Fabiana Ríos:  tener que echar por la borda hasta su vieja denuncia penal contra Néstor para aferrarse a la caja de la administración K, justo  cuando la estrella de esta última comienza a apagarse) y las demandas de los mismos empleados públicos que constituyeron su base electoral.

La impresentable dirigencia que los docentes se han sabido dar, entretanto, continúa con su imaginaria lucha de clases, tratando de agudizar las contradicciones. El secretario general del sindicato ha hecho ayer unas declaraciones memorables: "Nosotros vamos a continuar la lucha hasta el final (sic!), los docentes le vamos a garantizar a este gobierno que en caso de no haber un cambio en la voluntad política no habrá un normal desarrollo del ciclo escolar". Sólo le faltó gritar: "Hasta la victoria siempre!"

Insisto: no se trata de un personaje iluminado que se asigna una representatividad que no tiene, sino de un dirigente elegido en forma democrática por sus pares, lo que significa -ni más ni menos- que es fielmente representativo de los docentes provinciales...

¿Hasta qué punto resistirá la cuerda esta tensión?

martes, abril 13, 2010

¿Qué les pasó?


Esta es la historia de un desengaño. Tratándose de política y de la Argentina, no es algo demasiado original. En realidad, nuestra historia como ciudadanos podría resumirse como una sucesión de frustraciones, de inocencias violentadas, de ingenuidades traicionadas.

Si hubiera que etiquetar al periodista Ernesto Tenembaum, por trayectoria y argumentación, el rótulo diría "progresista", aún cuando -en mi modesta opinión- existan más probabilidades de avanzar hacia el progreso recorriendo andariveles bastante distintos a los frecuentados por el autodenominado progresismo vernáculo.

Tenembaum describe en las casi 400 páginas de este, su "best-seller", la transición entre la esperanza que el discurso (enfatizo este término) kirchnerista le produjo, a él como a tantos otros integrantes de ese campo de pensamiento, y la repulsa que la praxis del gobierno K terminó provocándole.

Lo primero que he pensado tras su lectura es que Tenembaum ha experimentado un proceso interno, que uno adivina turbulento, en cuyo desarrollo ha evidenciado una honestidad intelectual que lo enaltece. En tal sentido, lo ubico junto a Martín Caparrós, Jorge Lanata, Marcelo Zlotogwiazda y otros comunicadores del mismo palo, que han sido capaces de advertir y denunciar la mezcla de cleptocracia y autoritarismo que caracteriza a ese modelo Siglo XXI del nacionalpopulismo que representa el kirchnerato. No comparto casi ninguna de las opiniones políticas de esos periodistas, pero destaco y valoro el umbral ético a partir del cual las expresan.
 
Por debajo de ese nivel, claramente, están los adláteres gubernamentales del llamado campo popular, que incluye a los intelectuales de Carta Abierta y -para mi dolor y sorpresa- a personas de respetabilísima trayectoria como Víctor Hugo Morales o Alejandro Dolina. Por supuesto que dejo fuera de este análisis a los amanuenses a sueldo, como -por ejemplo- los integrantes del programa televisivo "6-7-8-", o los miembros del "think-tank" K, empezando por su estrella, Horacio Verbitsky.
 
Volviendo a Tenembaum, me llamó la atención la confesión de las primeras páginas, con la que explica su adhesión inicial a Kirchner. Fue, dice, por "sus enemigos", que "lo dignificaban", puesto que según su impresión, eran los que no compartían el ideario progresista y, por ende, resultaban responsables de nuestra situación de entonces. Curiosa línea argumental para alguien que, al final del mismo libro, abomina de la manía K por ver (y castigar) enemigos por todos lados, señalando con acierto que esa conducta llevó directamente al fracaso del gobierno en su conflicto con los productores ágrícolas en 2008 y a su declive político (espero que) irreversible. Aquí, una digresión: el episodio de las increíbles denuncias del ex presidente sobre la supuesta intencionalidad política de los incendios en las islas entrerrianas ("Dejen de quemarnos los campos a los argentinos"), visto a la distancia, simplemente mueve a risa...
 
Es posible también que entre 2003 y 2010 el pensamiento de Tenembaum haya evolucionado, digamos, hacia posiciones más preocupadas por aspectos tradicionalmente considerados "accesorios" por el progresismo, como la calidad institucional o la capacidad de diálogo con el adversario. Del mismo modo, hay que reconocerle su clara postura crítica ante sucesos que expresan la corrupción enquistada en el seno del gobierno.  Sin embargo, uno no puede menos que preguntarse los motivos por los que las evidencias disponibles sobre el comporamiento de los Kirchner en los malditos noventa (algunas de las cuales son señaladas por el autor) no representaron unas advertencias suficientes sobre lo que podía pasar.
 
La obra resulta muy interesante porque, más que periodismo de investigación, contiene una serie de reflexiones sobre la política argentina de los últimos años y, por ello, constituye un aporte al debate de ideas, una práctica que en nuestro país es reemplazada con demasiada frecuencia por la descalificación y el insulto.

jueves, marzo 25, 2010

Día de la Memoria (el día después)



Otra vez, el autoproclamado progresismo (hacia dónde queda el progreso?) nacional ha cumplido con la liturgia políticamente inevitable del 24 de marzo. La cual consiste en apropiarse de la conmemoración del golpe militar de 1976 dejando fuera de la misma a quienes, sin identificarse con las etiquetas de izquierda, no fueron, no son y/o no serán antidemocráticos golpistas.

La recordación (es decir: la angustia y las lágrimas de los familiares de tantos muertos y secuestrados; el dolor de tantos perseguidos y exiliados internos y externos; la frustración de tantos proyectos personales y colectivos) ha vuelto a ser utilizada desde las más altas cumbres del poder para, en el mejor estilo del felipepignismo a la moda, tratar de justificar su relato del presente. Incluyendo alusiones elogiosas más o menos explícitas hacia una epopeya y una propuesta de los guerrilleros de antaño que no sólo no tuvo nada de épico sino que, como lo ha confesado Martín Caparrós, tampoco contenía una propuesta.

Quienes no comulgamos con las facciones que en la tarde de ayer forcejearon en la Plaza de Mayo para ver quién era capaz de vociferar más fuerte; quienes no adherimos a los conceptos que nuestra Presidente/a expuso por la mañana en el acto oficial; quienes, en fin, no terminamos de digerir el simplista y parcial discurso progresista en sus respectivas versiones kirchnerista y no kirchnerista, quedamos confinados en el campo de los cómplices de ayer y de hoy (Carlotto dixit) y seguramente del futuro. Porque algo habremos hecho.

Cuando la historiografía analice la década de los setenta del siglo pasado con la objetividad que da el paso del tiempo (bastante más tiempo del que ya ha transcurrido, evidentemente), creo que la identificará como el período más trágicamente bárbaro de nuestro pasado. Porque al salvajismo de los militares del también autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional se agregarán los oscuros años del pésimo, desastroso gobierno peronista que lo precedió; los guiños cómplices con que el anciano líder alentaba a los guerrilleros que luego denostaría;  las tertulias de intelectuales como Borges y Sábato con Videla; los sesudos comentarios complacientes de Mariano Grondona y Bernardo Neustadt, primero respecto de López Rega y su trabajo sucio, luego sobre el accionar patriótico de los golpistas; los secuestros y asesinatos, los atentados al voleo y los robos millonarios de los jóvenes idealistas; las repugnantes agachadas de Firmenich y lo más granado de la cúpula montonera, pergeñadas desde el cómodo exilio europeo, como la trágica y disparatada contraofensiva que mandó a la muerte segura a miles de militantes o  el pacto con el revolucionario Massera. Por nombrar sólo algunas imágenes que en desordenado tropel arroja mi memoria al correr del teclado.

Por eso, creo que el tan buscado como lejano sendero de la unidad nacional (lo escribo y me suena como una entelequia) no será alcanzado mientras los argentinos no logremos mirar hacia esos terribles años desprovistos de la hipocresía  con que lo venimos haciendo cada 24 de marzo.

domingo, marzo 21, 2010

Libertango en guitarra

El guitarrista argentino Alberto Morelli tiene una rica y extensa trayectoria como intérprete y arreglador de música clásica y popular.

Se ha presentado como solista en escenarios de todo el país, incluyendo el Teatro Colón de Buenos Aires, y en distintos puntos de América Latina y Europa. Asimismo, ha sido invitado a compartir el escenario por diferentes orquestas sinfónicas. Vive en la provincia de Chubut, ejerciendo la docencia en las ciudades de Trelew y Comodoro Rivadavia.

P & M
presenta en este domingo un video en el que Morelli toca un arreglo propio de "Libertango", que como ya saben aquellos pocos que suelen darse una vuelta por este blog, está en mi Olimpo personal de obras del genial Astor Piazzolla. A mí me gustó mucho, espero que lo disfruten.


jueves, marzo 18, 2010

El precio de los autos


Arden los foros de Internet y las páginas de Facebook frecuentados por los fueguinos. El mismo tema repica a diario en varios programas periodísticos de las radios locales.

¿La preocupación es por el conflicto entre los docentes y el gobierno? ¿Acaso se trata de las probables consecuencias de un sismo? ¿O de inquietudes sobre la salud pública, el medio ambiente, la seguridad?

Nada de eso. El problema que tanto intercambio virtual y verbal genera es mucho más prosaico: el precio de los automóviles en Tierra del Fuego.

"En Rio Gallegos -brama un indignado cibernauta-  un Gol vale 5 lucas menos que acá; un furgón, aca 103 mil, allá 77 mil es una locura." Otro ratifica: "Un amigo compró una Ford Eco Sport en Buenos Aires y se la trajo a Ushuaia por 13 mil pesos menos. Y eso que acá no se paga IVA!!!"

Un economista, un sociólogo o, tal vez, un psicólogo social, se ocupará en algún momento de estudiar la compleja conducta del poblador fueguino promedio respecto de la adquisición de vehículos. Mientras tanto, podemos teorizar -como en una mesa de café- sobre un tema que llama la atención de los visitantes.

A ojo de buen cubero, el parque automotor se destaca por dos características principales: su pujante juventud y la altísima proporción de unidades de alta gama, en especial de "todo terrenos". La compulsión por adquirir el modelo más caro posible, el más grande y/o el más poderoso baña a casi todos los estamentos de la sociedad. Un auto de tres años de antigüedad es viejo.

Un observador desprevenido se sorprende casi con candor al ver los vehículos estacionados frente a las fábricas, o ante la sede de un gremio estatal en asamblea...

De nuevo, partiendo de la intuición se puede afirmar que esa conducta colectiva deriva en una demanda que trepa casi insaciablemente. Y, como lo sabe cualquier alumno de un curso básico de economía, eso crea oportunidades para que los oferentes exijan un precio más alto. Claro, la teoría indica que esa situación hará que en algún momento, ante precios altos, la demanda baje y la escasez de compradores obligará a los vendedores a disminuir los precios.

Sin embargo, en el mercado automotor fueguino eso no ocurre. La demanda sigue siendo alta, por más que los precios crezcan. La reacción de los consumidores se limita a las quejas a las que aludimos al principio.

La economía es, en el fondo, una cuestión de incentivos, y los precios son señales para compradores y vendedores. Así que el comportamiento de la demanda de automotores en Tierra del Fuego no es otra cosa que un fuerte incentivo para que los vendedores mantenga su política de precios.

Mientras eso no cambie, de nada valdrán los exabruptos en Internet ni los reclamos por una intervención del gobierno para "parar esta locura". Los llamados a "papá Estado" para que se ocupe del asunto ignoran que el mercado, esa demonizada entelequia, está compuesto por las mismas personas que, con sus decisiones, determinan el curso de los acontecimientos.

miércoles, marzo 17, 2010

El conflicto interminable



P & M no suele compartir las políticas de la gobernadora Ríos y su elenco. El blog considera que la administración no ha sabido conciliar ciertas convicciones políticas con la disponibilidad de recursos, y que esa falta de pragmatismo -de un modo tal vez paradójico- la ha ido empujando hacia un alineamiento con el gobierno central que muy pocos hubieran presagiado al comienzo de su gestión. Desde hace ya bastante tiempo los legisladores del oficialismo fueguino acompañan acríticamente las iniciativas kirchneristas en el Congreso, procurando justificar su actitud en una retórica nac & pop a la moda, mientras que desde la Capital Federal se asiste a la exánime tesorería provincial para que pueda seguir manteniendo el pago de sueldos y una prestación mínima de los servicios a cargo del Estado local.

La obra pública, en tanto, estará sujeta al funcionamiento de un fideicomiso que el lunes pasado la Presidente/a anunció aquí, fondeado con parte de las regalías por la explotación petrolera costa afuera. El asunto fue presentado -no sin orgullo- como una reivindicación largamente postergada de las aspiraciones de la provincia a percibir parte de ese importante flujo de fondos. Mientras, algunos de esos que nunca faltan -no sería apropiado usar el término "destituyentes", un tanto desgastado ya-  recordaron que el mecanismo de los fideicomisos fue un invento del casi innombrable menemismo para manejar recursos fiscales por fuera del presupuesto y de los requisitos de la normativa que rige la contabilidad pública, cuya utilización, lejos de ser execrada como otras políticas del neoliberalismo noventista, sólo ha aumentado desde 2003 a esta parte.

Pese a tales desacuerdos, ya expuestos aquí en más de una oportunidad, el blog no puede menos que celebrar la reacción que ayer trasuntó la gobernadora, con relación al conflicto con el sindicato de los trabajadores de la educación (no me sale llamarlos maestros o docentes...). Sin embargo, se cree desde este modestísimo y pequeño cyberespacio que se trata de una decisión algo tardía, mientras se atiende con interés al curso de los acontecimientos, esperando ver la forma en que la reafirmación del principio de autoridad anunciada ayer se llevará a la práctica.

La posición sindical, en tanto, parece inmodificable. Con un estilo casi kirchneriano, a cada tropiezo redobla la apuesta. El discurso de su dirigencia continúa siendo tan encendido y combativo como hartante para los que no estamos involucrados en forma directa en el conflicto. En tanto, los chicos flotan,  prendidos al control remoto televisivo, el mouse de la PC o la tabla de skate, esos no lugares a los que los condena la prolongación del paro.

¿Cómo seguirá todo esto?

(La imagen pertenece a El Diario del Fin del Mundo)

domingo, marzo 14, 2010

Los 70 de Cortez

El pasado jueves, 11 de marzo, Alberto Cortez cumplió 70 años, que celebró dando un concierto en Barcelona.

Cantante y autor de gran renombre en Argentina, España y muchos países de América Latina,  ha recorrido un largo camino desde su pequeño pueblo natal, Rancul, en la provincia de La Pampa. Siendo muy joven viajó a Europa, y alcanzó su primer éxito comercial en España con "Sucu-sucu", un tema pasatista muy popular entre la juventud de la época. Al poco tiempo, logró otro impacto con "Me lo dijo Perez". Sin embargo, tenia muchísimo más para dar.

Fue  el primero en musicalizar un poema de Antonio Machado ("Las moscas"). Escribió canciones de gran hondura poética,  como "Cuando un amigo se va", "A partir de mañana", "Callejero", "Distancia", "Como de costumbre", "Como el primer día", "En un rincón del alma", "El abuelo", "Mi árbol y yo", "Castillos en el aire" y "Parábola de uno mismo", entre muchas otras.

En 1996 sufrió un accidente cerebrovascular que por muy poco no lo bajó definitivamente del escenario de la vida. Sin embargo, continúa en actividad, y este año tiene previsto editar un disco.

Es uno de mis artistas preferidos, tanto por la calidad y calidez de su poesía como por su virtudes como intérprete. En mi Olimpo, está a la altura de su otrora amigo J. M. Serrat. & M homenajea a este gran artista presentando un video, en el que interpreta un tema de su autoría que no es de los más conocidos, pero que tiene gran significacion en esta etapa de su vida (y de la mía...). Se refiere, claro, a "la grave ceremonia de clausura", o lo que es lo mismo, a "la antesala de lo inevitable".



jueves, marzo 11, 2010

La Revolución ya no es lo que era


El gobierno de nuestra Presidente/a es nac & pop, por lo que -al igual que el de su antecesor y consorte-  confronta en forma decidida y valiente con los enemigos del pueblo. Enemigos que, como todos sabemos, son lo suficientemente aviesos y taimados como para -pese a la formidable capacidad del oficialismo- estar en condiciones de conformar una severa amenaza para nuestro bienestar.

El FMI y los tenedores de títulos públicos están entre los más conspicuos de esos canallas. El kirchnerismo supo combatirlos, primero con la quita y el canje de la deuda, luego con el desendeudamiento (mediante un valeroso "pago cash" al mismísimo organismo financiero), más tarde con la pícara manipulación de los índices de actualización de los títulos entregados en canje, una maniobra típica de la picardía criolla que nos distingue ante los ojos del mundo.

El tiempo ha pasado, pero la lucha continúa. El gobierno ha cambiado de táctica, quizá apelando a una de aquellas "jugadas maestras" que los montoneros de antaño elogiaban al gran líder. Ahora, a pagar la deuda se ha dicho.  La Presidente/a avisó que habrá de hacerlo apelando a las reservas del Banco Central,  que está dispuesta a ello por más objeciones que el poder legislativo anteponga, y que ignorará en forma lisa y llana eventuales fallos en contrario de la justicia.

Es comprensible, entonces, que todo el arco revolucionario apoye a esas dos bravas amazonas nacionales que son Cristina Fernández y Mercedes Marcó del Pont. Allí estuvieron, por ejemplo, Luis D´Elía y Milagro Sala, poniendo el cuerpo en una movilización hasta el Congreso.

"Pago de deuda o muerte", es la consigna revolucionaria del momento. Y al que no le guste, que vaya a quejarse a Fidel Castro.

La imagen pertenece a Ámbito Financiero.

miércoles, marzo 10, 2010

Diario de una buena vecina



Doris Lessing es una escritora británica, pese a que nació en Irán cuando era Persia, y a que vivió en Zimbabwe cuando se llamaba Rhodesia.

Su excelente novela "Diario de una buena vecina" no me ha parecido feminista, aunque esa es la etiqueta que se le ha endosado a esta autora, y no sólo desde la crítica literaria. Cuando la Academia sueca le confirió el Premio Nobel, en 2007, lo hizo por "su capacidad de transmitir la épica de la experiencia femenina". Al menos en esta obra, creo que la definición es insuficiente (con el pertinente pedido de perdón a los académicos escandinavos).

Es cierto que la novela narra la relación, promediando los años setenta del siglo pasado, de dos mujeres londinenses. Janna es una profesional cincuentona, viuda, sin hijos y exitosa, cuya carrera como editora de una revista femenina constituye su exclusivo núcleo vital. Maudie, una nonagenaria que pasa en una casi miseria extrema sus últimos años. Perteneciendo, en apariencia, a mundos que no podrían ser mas opuestos, las une la soledad. Desde ese enfoque, quizá no resulte extraño que -una vez que sus caminos se cruzan por casualidad- vayan construyendo una tumultuosa, compleja amistad.

También son mujeres los demás personajes principales de la trama. Los varones están relegados a planos secundarios.

No obstante, la argumentación del feminismo no constituye, a mi modo de ver, el eje principal. Hay, por un lado, un planteo referido al sacrificio (sin culpa) de la vida personal de Janna -como las de otros miembros de su entorno- en el altar del desarrollo laboral. Por otra parte, la penosa saga de Maudie (hija y esposa abandonada, madre a quien su hijo le es arrancado, trabajadora no calificada que termina sobreviviendo de una magra pensión y de la poco eficaz asistencia social) es expuesta sin golpes bajos. El personaje, dolorido, amargado, rezuma sin embargo dignidad por donde se lo mire. Asimismo, la cuestión social -que aparece como trasfondo-  es uno de los determinantes de la conducta y la suerte de los personajes.

Hay una descripción precisa, no condescendiente, de la inevitable decrepitud que llega con la ancianidad. Maudie sufre sus debilidades e incontinencias, mientras Janna empieza a comprenderla y respetarla. A través de su  amiga, aprende además a ver el mundo de la vejez, que hasta entonces le había resultado casi invisible.

Los viejos, parece decirnos la autora, están allí y no es que no los veamos. Los vemos con una lente deformante. Las arrugas y demás señales físicas nos ocultan al ser humano con sentimientos y deseos que aún está debajo de la máscara. Alguien que amó y fue amado, tuvo y tiene esperanzas, y -como Maudie- se aferra a la vida hasta el final.

La prosa es concisa y descarnada, y nunca cae, insisto, en facilismos lacrimógenos. Creo que es un libro recomendable.

domingo, marzo 07, 2010

Una visita a Punta Arenas

 
Frente de la casa de Mauricio Braun en Punta Arenas

Punta Arenas, capital de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, es la tercera ciudad -según número de habitantes- de la Patagonia, detrás de las argentinas Neuquén y Comodoro Rivadavia. Está en el extremo sur del continente, en la península de Brunswick, sobre la costa del estrecho de Magallanes que la separa de la Isla Grande de Tierra del Fuego.

El atractivo más conocido de los que esta ciudad ofrece a sus visitantes es la posibilidad de hacer shopping aprovechando los buenos precios de su Zona Franca. Sin embargo, con mi esposa estábamos más interesados en los aspectos históricos, vinculados con su desarrollo productivo y social. La ciudad, fundada en 1848, recibió en el último tercio del siglo XIX un flujo migratorio intenso, tanto de europeos (croatas, alemanes, rusos, españoles, etc.) como de chilenos provenientes de Chiloé y Bío Bío.  Ese factor, y su estratégica ubicación sobre el paso obligado para el tráfico marítimo entre el Atlántico y el Pacífico, fueron los determinantes de su carácter cosmopolita y su esplendor económico. Con la apertura del canal de Panamá, en 1914, su estrella comenzó a declinar, pero la impronta de los pioneros no fue borrada.

El viaje en auto desde Ushuaia -unos 800 km.-  se hace por rutas pavimentadas y en buen estado (sólo hay que atravesar 100 km. de ripio) por lo que insume entre 8 y 9 horas, dependiendo del clima (en particular, del estado del mar para cruzar el estrecho con el balseo de la Primera Angostura) y de las eventuales demoras en los puestos fronterizos.

Ya en el continente, 120 kilómetros antes de arribar a destino encontramos el primer testimonio del pasado, la estancia San Gregorio, o lo que queda de ella. Se trata de la que fue principal propiedad rural de José Menéndez, un español que llegó a la región hacia 1874, cuando adquirió un almacén naval a Luis Piedra Buena y se radicó con su esposa, la uruguaya María Behety.

Frente la costa se encuentran, en un estado de semiabandono, un gran galpón de esquila, otro destinado a depósito de cueros, varias viviendas para el personal y otras dependencias. Las chapas oxidadas y los vidrios rotos de las ventanas no impiden comprender la pujanza que el emprendimiento tuvo en su mejor época. Nos adentramos un kilómetro hacia el oeste, hasta llegar al edificio de la casa principal, que pese a su deterioro aún exhibe su porte señorial. Descubrimos que la villa se encuentra habitada, pero una señora que nos salió al encuentro se ocupó de demostrarnos que no tenía ningún interés en hablar con nosotros, por lo que nos retiramos tras tomar una foto.


 
 Villa San Gregorio

Sobre la orilla del mar se oxida mansamente el vapor "Amadeo", que integró la flota de la compañía naviera de Menéndez durante casi cuarenta años, desde 1893. Tanto él como varios de sus contemporáneos incursionaron, además de la ganadería ovina, en los más diversos negocios, como el transporte marítimo, las construcciones navales, la actividad maderera, la frigorífica, el comercio internacional y las finanzas. Menéndez fue uno de los miembros prominentes de una casta empresaria que extendería sus intereses a la isla fueguina, de ambos lados de la frontera, así como a las provincias argentinas de Santa Cruz, Chubut, Neuquén y Río Negro,  además -por supuesto- de establecer sedes en Valparaíso, Santiago de Chile y Buenos Aires.


 
Vapor Amadeo varado en la costa de San Gregorio

Seguimos hacia Punta Arenas, donde llegamos a última hora de la tarde, con el cielo algo nublado y el clima ventoso. Nos alojamos en el hotel Finis Terrae, que además de confort y buena ubicación, ofrece a los pasajeros argentinos un interesante descuento de 50% sobre la tarifa de mostrador. La gastronomía puntaarenense es famosa por los frutos de mar, así que cenamos una rica paella en la "Casa España".

El día siguiente sería el único que pasaríamos completo en la ciudad, de manera que nos puso contentos que se presentara despejado y sin viento. Caminamos hacia la zona del puerto y el centro histórico, buscando las huellas del núcleo generador del pasado desarrollo, muchas de las cuales se encuentran en torno a la plaza Muñoz Gamero.

Junto a frondosos abedules y cipreses, flanqueado por los puestos de un mercado artesanal, en el centro de la plaza está el monumento a Hernando de Magallanes, que Menéndez donó para la conmemoración del cuarto centenario del arribo del navegante lusitano a la zona. En las calles que la rodean hay un conjunto de edificaciones de estilo neoclásico, que albergaron las residencias y oficinas de los pioneros. Vale la pena una pequeña digresión al respecto.

Casi diez años antes que Menéndez, había llegado a la región un aventurero portugués, José Nogueira, que hizo una rápida fortuna cazando ballenas y lobos, para ampliar luego sus actividades al rubro ganadero. Para la misma época, desde un territorio que hoy pertenece a Lituania, arribó Elías Braun, un judío semianalfabeto que huía junto a su familia del feroz antisemitismo del imperio ruso. Habiendo llegado, como decimos en la Argentina, "con una mano atrás y otra adelante", Elías inició muy pronto una actividad comercial., estableciéndose con un hotel en la zona del puerto. Con el tiempo, su hija Sara se casaría con Nogueira, mientras que su hijo Mauricio (Moritz), siendo ya un incipiente empresario, desposaría a Josefina, hija de José Menéndez. Así, los tres competidores, que ya compartían la extrema humildad de orígenes,  terminarían además vinculados por lazos familiares.

Menéndez conformó con sus hijos la Ganadera Menéndez Behety, cuyas oficinas instaló en un edificio que hoy alberga la sede de una empresa turística.


Edificio que albergó las oficinas de la 
Ganadera Menéndez Behety

Mauricio Braun se asoció con José Blanchard, conformando la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, dedicada a la actividad ganadera en la porción chilena de la Isla. Los dos, junto a Menéndez, fundaron en 1908 la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, dedicada al comercio y el transporte marítimo que pronto  amplió sus actividades al territorio argentino. Conocida como "La Anónima", la empresa subsiste en la actualidad, dirigida por descendientes de Braun y manejando una cadena de supermercados presente en casi toda la Argentina. La residencia de la familia Blanchard frente a la plaza Muñoz Gamero es una de las más bonitas, y hoy alberga al Instituto Antártico chileno.



Residencia Blanchard frente a la plaza Muñoz Gamero

Párrafo aparte para la residencia de Mauricio Braun. Sus descendientes donaron el edificio y el mobiliario para que funcione allí un museo regional. Al visitarlo uno no puede menos que sentir admiración. La casa, construida en 1905, poseía unos adelantos de los que carecían otras ciudades chilenas de la época. En la planta baja (que en Chile se denomina "primer piso"), estaban las habitaciones de la familia, donde el mobiliario, el empapelado, el artesonado de los techos y los objetos de arte deslumbran al visitante.


Detalle del dormitorio del matrimonio Braun

El empresario tenía sus oficinas en otro edificio, pero también disponía de un escritorio en su casa, donde solía trabajar y, asimismo, recibía a clientes y asociados. El acceso se producía por una puerta lateral, con lo cual quedaba resguardada la privacidad familiar. El mobiliario estaba construido en madera de caoba y tapizado en cuero.
El escritorio de Mauricio Braun en su casa familiar

Había también un salón de entretenimientos, con una mesa de billar, un tocadiscos, una mesa para el juego de naipes y varios sillones.

En el subsuelo o "zócalo" estaban las dependencias de servicio. La cocina comprendía un área donde comía el personal, e incluía un "montaplatos" mediante el cual los alimentos eran enviados al comedor del piso superior. Además, estaban los dormitorios y baños del personal doméstico.

Dormitorio del personal doméstico 
en el zócalo de la casa de Mauricio Braun

Sara Braun enviudó pocos años después de casarse con Nogueira. Sin embargo, continuó y acrecentó los negocios de su esposo. Frente a la plaza Muñoz Gamero está el Palacio Sara Braun, que hoy alberga al hotel José Nogueira. Es una construcción bellísima, no tan grande como la casa de su hermano, pero que también contiene muestras del boato y el lujo que complacían a aquellos hombres y mujeres. En un lateral del edificio está el jardín de invierno, construido en hierro y vidrio. Pesados cortinados y  suntuosos empapelados entornan la sala de billar. En el living, hay unos sillones ricamente tapizados frente a un enorme ventanal, a cuyo pie se observa un elegante piano de cola.


Fachada del Palacio Sara Braun

El esplendor se apagó lentamente a partir de 1914, aunque la ciudad y la región mantuvieron su importancia. La cuestionable relación de aquellos pioneros con los aborígenes no empalidece la epopeya. De regreso a la Argentina, reflexionábamos sobre algunos estereotipos tan extendidos como insostenibles. Por ejemplo, el que refiere a la "novedad" de las inversiones chilenas registradas en nuestro país en los últimos años, cuando aquellos emprendedores puntaarenenses  habían marcado el sendero cien años atrás.

Ya pasado el mediodía llegamos al puerto. Junto a un galpón donde es posible comprar pescado y mariscos frescos, está la "Cocinería". Entramos para descubrir varios puestos muy humildes en los que se puede comer platos típicos de la región. Nos sentamos en uno de ellos, atendido por una señora muy amable, a la que pedimos que nos trajera un "caldillo marinero" que resultó muy sabroso. Cuando le preguntamos qué podíamos beber, nos respondió que tenía gaseosas y, también, "té frío". Ante nuestra mirada, nos aclaró con una sonrisa: "Bueno, es vino blanco servido en taza..."

Por la tarde anduvimos un rato por la Zona Franca, y luego recorrimos los barrios en la periferia del centro.  Es una ciudad agradable, de casas bajas, muy limpia (estoy seguro de que ninguna población argentina resistiría una comparación al respecto) y bien distribuida. A la noche, volvimos a caer en la tentación del pescado (con "s"), esta vez en el mítico Sotito´s, y le hicimos honor a un  muy buen vino blanco de Undurraga  Al día siguiente emprendimos el regreso, satisfechos por el paseo y, también, por la amabilidad y hospitalidad del pueblo chileno.