domingo, febrero 27, 2011

25 de febrero, nacen dos grandes

"Las comparaciones son odiosas", dicen por ahí. A ver qué les parece las que se despliegan en el siguiente video (mis comentarios van a continuación):



Yo creo que si esto ha ocurrido apenas a cuatro meses del fallecimiento del ex presidente, el proceso de canonización política en curso determinará que hacia el mes de octubre, cuando se estén por cumplir tanto el primer aniversario como el desenlace del proceso electoral por la Presidencia, los videos demostrarán que NK comandó al Ejército de los Andes en su cruzada libertadora, enseñó a Perón los rudimentos de la doctrina justicialista, lideró a los Beatles y hasta hizo el segundo gol contra los ingleses en el Mundial 2006 (copyright: Zeta).

Felíz domingo.

viernes, febrero 25, 2011

La reina en el palacio de las corrientes de aire


Al concluir este, el último ejemplar de la trilogía Millenium, del sueco Stieg Larsson, y tras haber leído los dos primeros, me quedó la sensación de haber accedido a una monumental novela de casi 2.300 páginas que su autor, quizá por una cuestión práctica, dividió en tres tomos. Me apresuro a aclarar que los mismos pueden ser leídos en forma independiente, aunque es conveniente que se respete la cronología, y que con este supuesto chiste no pretendo invalidar la calidad de la obra en su conjunto, ya que me parece un mérito extraordinario que con sus proporciones colosales, esos  libros no hayan configurado unos mamotretos indigeribles sino todo lo contrario. Cada uno de ellos está tan bien estructurado que el lector no puede menos que sentirse atrapado desde el comienzo, para terminar devorando sus páginas en el menor plazo del que es capaz.


La trama está desarrollada en clave de denuncia social (los abusos contra las mujeres, los pliegues de los servicios de inteligencia estatales, las conspiraciones de ciertos grupos empresarios, las complicidades de estamentos judiciales y políticos). Curiosamente, aunque este enfoque del autor satisface el check-list de la agenda políticamente correcta, un argumento que se escucha con frecuencia para descalificar su obra es que se trata de un mero entretenimiento, lo cual estaría probado por el fenomenal éxito comercial que la saga ha tenido en todo el mundo. Otra crítica común se refiere al estilo despojado del autor.

El primer argumento, que implica un desprecio por la capacidad analítica del público lector, suele ser bastante común en muchos críticos progresistas, tal vez por un prejuicio "antimercantilista", y también se lo escucha proviniendo de unos severos señores que quizá nunca consiguieron vender de esa manera una obra propia. Además, claro, que el hecho de entretener representa en sí mismo un logro no menor. En cuanto al estilo, mi impresión es que Larsson no ha necesitado perorar en largas y floridas exposiciones filosóficas y/o políticas, quizá porque los personajes y los hechos argumentan per se. A mi me parece que eso es escribir bien, más allá de una evaluación técnica que dejaré para los expertos.

Los personajes principales, el periodista Mikael Blomqvist (evidente alter ego del autor) y la casi indescrifrable Lisbeth Salander llevan el peso de la narración, pero el resto del "elenco" interactúa con acierto. Hay algunas tramas paralelas que incrementan el interés, mientras que el hilo principal nunca se pierde de vista.

A un lector latinoamericano (y, en particular, al argentino) le llamará la atención el respeto por los preceptos legales y por la institucionalidad que caracteriza a la sociedad sueca en su conjunto, algo que está presente en distintos pasajes de las tres novelas. No significa esto que no haya criminales (además, y después de todo, se trata de novela negra), sino que las instituciones funcionan como está previsto.

Aunque es cuestión de gustos, al visitante de P & M me atrevo a sugerirle que, si es aficionado al género, encare decididamente la lectura de Millenium, que difícilmente vaya a arrepentirse.

miércoles, febrero 23, 2011

lunes, febrero 21, 2011

A cualquier argentino le pudo pasar...



Ciertos aspectos centrales de la fatal colisión de la semana anterior entre dos trenes en las cercanías de San Miguel, provincia de Buenos Aires, permiten calificarla de accidente prototípicamente argentino. Porque, como decía un personaje de Fontanarrosa, se trató de otro caso en que "el accidente no es un accidente, estaba previsto".

La investigación, según adelantó el juez, se encamina a determinar que la causa de la tragedia fue un "error humano", eufemismo utilizado para morigerar la descripción de lo que en realidad fue un comportamiento irresponsable y  criminal de los conductores de uno de los convoyes, que embistió al otro que estaba detenido en la misma vía. Las señales luminosas, contrariamente a lo declarado por los trabajadores, funcionaban bien, tanto la amarilla de advertencia como la roja situada unos metros más adelante. Asimismo, el freno de seguridad se encontraba anulado, lo cual configura a mi modo de ver un factor clave.

Se trata del llamado "freno del muerto", un mecanismo que obliga al maquinista a mantener oprimido un pedal para que el tren avance, y que está ideado para actuar como un reaseguro en caso de una repentina indisposición de aquél. Es un concepto similar, por ejemplo, al de los motores fuera de borda para lanchas y botes, cuyo suministro de combustible se corta si el conductor suelta el acelerador en caso de vuelco, impidiendo de esa manera que la hélice siga girando y constituya un peligro para el caído.

El dispositivo de emergencia fue anulado para que el maquinista se viera liberado de la molestia de mantenerlo activo. Por lo tanto, el individuo sabía que un accidente así podía ocurrir, pero ello no le impidió actuar de esa forma. Además, se supo que se trata de una práctica habitual.

Por eso vuelvo al concepto del primer párrafo: en una Argentina en la que la transgresión a las reglas se ha convertido en un comportamiento socialmente aceptado (cuando no elogiado), el supuesto accidente no fue tal. Cuatro muertos y decenas de heridos son la consecuencia de esta nueva muestra de la viveza criolla.

lunes, febrero 14, 2011

La caja, ese valor sacrosanto



El episodio de la semana pasada, que comenzó el miércoles con la prisión sorpresiva del máximo jefe gremial de los trabajadores rurales, Gerónimo Venegas, y culminó el viernes con su apurada excarcelación, dejó mucha tela para cortar para los analistas políticos. El procesamiento se verificó en el marco de la causa que el juez federal Néstor Oyarbide lleva adelante por el caso de la llamada "mafia de los medicamentos", donde varias obras sociales sindicales aparecen involucradas en episodios de manejo de fondos públicos y adulteración de medicamentos.

Pero más allá de las diversas aristas del caso, como la proximidad de Venegas al ex presidente Duhalde, las protestas del sindicato materializadas en diversos cortes de rutas y las llamativas medidas del juez Oyarbide (de quien lo menos que puede decirse es que decide siempre teniendo muy en cuenta el impacto que tendrá en la cumbre del poder administrador), creo que la conclusión más interesante se relaciona con la reacción de la dirigencia sindical.

Es conocido que los caciques gremiales -que conforman uno de los sectores más desprestigiados de la sociedad-  se encuentran divididos en sus preferencias políticas, asunto sobre cuya importancia no hay que explayarse demasiado si se recuerda que el fundador del peronismo caracterizaba al sector obrero como "la columna vertebral" de su movimiento. Por cierto que cuando Perón se refería a ello, pensaba menos en los trabajadores de a pie que en sus dirigentes, quienes con el correr de los años han logrado perpetuarse en sus cargos con una obstinación digna de mejor causa.

Es así que en la actual coyuntura, mientras los popes liderados por Hugo Moyano, secretario general de la CGT, se arriman al calor oficial e incluso fungen como prominentes directivos del Partido Justicialista, los que responden a Venegas y a Hugo Barrionuevo, de los gastronómicos, están con Duhalde y por ende con esa ameba política difícil de aprehender que es el "peronismo federal". En ese contexto, es habitual que encontremos a unos y otros descargando variopintas chicanas contra sus adversarios, con el aditamento de fervorosas alusiones al compromiso que ellos, y no sus contrarios, tienen con el bienestar y la dignidad de sus representados.

Sin embargo, ante el encarcelamiento de Venegas, la respuesta de su  enemigo Moyano fue rápida y contundente. Una declaración de la CGT alertó sobre un supuesto "ataque contra el movimiento obrero", y derramó lágrimas de saurio por la presunción de culpabilidad que los afectaría como grupo. La advertencia pareció dirigida al propio gobierno al cual Moyano está aliado, no sólo por el tono (no era necesario leer entre líneas para advertirlo) sino por el efecto que sus palabras causaron. El pintoresco Oyarbide adelantó para el viernes la indagatoria prevista para un día después, y dictó la libertad del detenido. El gobierno no pudo evitar que este hecho -teniendo en cuenta los antecedentes del juez, que como ejemplo en 2009 analizó y aprobó en tiempo record una declaración patrimonial de Néstor Kirchner y su esposa que había recibido serios cuestionamientos-  fuera visto como producto de una presión al magistrado. Para colmo, el mismo día la presidenta viajó a "su lugar en el mundo", donde permanecerá hasta este martes.

Teléfono para la dirigencia política, tanto del oficialismo como de la oposición: cualquier acción que siquiera roce la sacrosanta caja que las obras sociales representan para la dirigencia sindical, se encontrará con la monolítica unidad y poco delicada resistencia de los caciques gremiales. Por más que entre ellos se saquen chispas y se presuma que no tienen escrúpulos en ajustar cuentas (son varios los casos no aclarados de ataques contra dirigentes de segunda línea, que incluyen asesinatos), y pese a que algún "perejil" pueda caer en desgracia (como el bancario Zanola, preso desde hace un año) a la hora de la verdad, si la caja se ve amenazada no habrá contemplaciones.

Es una cuestión que deberá acometer el próximo gobierno, insisto, ya sea que el sillón de Rivadavia lo ocupe  alguien de la actual oposición o la propia Cristina si es reelecta. La decisión, cuando llegue ese momento, será enfrentar el problema o convivir con él.

miércoles, enero 26, 2011

Veraneo en Punta




Las etiquetas en política cada vez tienen menos valor, pero su simbolismo aún perdura en el imaginario colectivo.


El rótulo "es de derecha", por ejemplo, significa que -a priori- quien lo lleva adherido es insensible, contradictorio, autoritario, presunto golpista, visceralmente antidemocrático. Una suerte de monstruo diabólico. 

En tanto, quien porta el marbete "es de izquierda" podrá decir  o proponer cualquier barrabasada, pero se le considerará ex ante como un demócrata con profunda sensibilidad social, un individuo abnegado, una persona  coherente con su inclaudicable militancia en favor de los pobres, de los más necesitados. Algo así como un santo impoluto.

Es por ello que Raúl Castro, por ejemplo, puede anunciar la eliminación de medio millón de puestos de trabajo en Cuba sin que el progresismo urbi et orbi siquiera pronuncie una tímida protesta. Se trata del número dos (en ejercicio del número uno) en el paraíso socialista, donde como todos sabemos, gobiernan los trabajadores para los trabajadores y los ajustes neoliberales son crímenes de lesa humanidad.

En otro plano y otro lugar, la presunción de inocencia derivada de la etiqueta  permite que la tremebunda jefa de la organización Tupac Amaru, la jujeña Milagro Sala, al ser descubierta (porque trató de ocultar su rostro a quien la filmaba) en un caro y lujoso hotel de Punta del Este, pregunte enojada por qué un negro (sic) no puede ir al Conrad.  Ella sabe que el rótulo la protege, por más que alguien pretenda averiguar si el lujoso veraneo se financia con una parte de los ingentes fondos que el gobierno nacional le provee a su organización.

"¿Qué pecado cometí?", preguntó también Milagro. Quizá alguno de sus militantes de base pueda responderle.

miércoles, enero 19, 2011

Dólar bajo competitivo




La entrevista al candidato a Presidente por Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, que publica hoy La Nación no tiene desperdicio.


Y no me refiero en particular a afirmaciones tales como "los servicios públicos deben estatizarse" o "es imprescindible que una compañía aérea sea pública" y otras por el estilo, que si bien por un lado lo posicionan como un dirigente estudiantil de 1970 (es decir, con cuarenta años de retraso), reconozco que en su concepción son compartidas por una franja muy amplia de la sociedad. Tan amplia, quizá, como la que avalaba las políticas de signo exactamente contrario en los denostados noventa.

Me interesa señalar, en cambio, la respuesta a una consulta del periodista acerca de su estrategia para atraer inversiones al país. Preguntado que fue al respecto, el chavista cineasta contestó muy suelto de cuerpo: "Tenemos que tener un dólar bajo, competitivo, y ganar mercados en el exterior".

Los economistas, es sabido, suelen tener profundas divergencias. Sin embargo, las mismas se limitan al plano normativo, es decir, al "deber ser". En el plano positivo, en cambio, hay casi pleno consenso. Juan y Pedro pueden disentir, por ejemplo, acerca de si es conveniente imponer o no limitaciones a las importaciones; pero, lo que es seguro es que ambos coincidirán en que establecer un arancel aduanero constituye una restricción al ingreso de mercaderías desde el extranjero. Juan dirá que hay que proteger a la industria local desalentando mediante el arancelamiento las compras en el exterior, mientras Pedro sostendrá que hay que ocuparse del consumidor y propondrá eliminar los aranceles. Lo que estará fuera de la discusión es el carácter de esos aranceles.

Las medidas relacionadas con el  tipo de cambio entre la moneda local y las divisas constituyen un elemento esencial de la política económica, en la medida en que influyen tanto en la evolución de los precios internos como en la relación con el resto del mundo, y -consecuentemente- en la producción, el consumo y la inversión. El mercado de divisas puede ser flexible o flotante (sin intervenciòn del gobierno), fijo (como en el caso de la convertibilidad en la Argentina de los noventa) o de "flotación sucia" (cuando el gobierno interviene indirectamente, para influir en la tasa de cambio). Los economistas tienen opiniones distintas acerca de estos asuntos, basadas en consideraciones políticas, éticas, etc.

En cambio, no hay divergencias respecto de que un tipo de cambio alto  es "competitivo", ya que la devaluación de la moneda local abarata el precio de las mercaderías vendidas a otros países. Quien sostenga lo contrario es un ignorante o un chanta. Si encima esa persona dice que va a estimular las inversiones extranjeras, a estatizar empresas y a romper relaciones con Gran Bretaña y los Estados Unidos, todo al mismo tiempo, es posible que no se encuentre en su sano juicio.

lunes, enero 17, 2011

Tierra del Fuego aislada por piquetes


A raíz de cortes de rutas en lugares estratégicos por parte de pobladores que protestan contra un aumento de 17% en la tarifa del gas, unos 3.000 argentinos (según las últimas noticias) quedaron "varados" en la región chilena de Magallanes. Para quienes hace tiempo que no miran un mapa de esas latitudes, diré que para viajar entre las provincias argentinas de Santa Cruz y Tierra del Fuego, es necesario atravesar territorio chileno tanto en el continente como en la isla, dado que ambas costas del estrecho de Magallanes pertenecen al país hermano. Por supuesto, ello implica además llevar a cabo el cruce de ese canal mediante el servicio de transbordadores, optando entre el de la Primera Angostura (con buen tiempo, esta travesía demora unos 20 minutos)  y el que une la capital regional,  Punta Arenas, con la pequeña  localidad fuegina de Porvenir (tardando en este caso algo menos de dos horas, salvo inclemencia climática).

La situación da pie a varios comentarios. El primero que se me ocurre es el derivado de la actitud de la cancillería de nuestro país, reclamando a las autoridades chilenas que "arbitren los medios para el restablecimiento del acceso y la salida de la isla", así como "el desbloqueo de todos los pasos cerrados a los automóviles, camiones y personas". Vale recordar -aunque parezca obvio- que Gualeguaychú está en la Argentina, que el bloqueo de sus pobladores al paso fronterizo con Uruguay provocó durante años grandes dificultades al tránsito de personas, vehículos y mercaderías, y que el actual es el mismo gobierno que tensó a extremos inconcebibles la relación con ese país por su cerrada negativa a arbitrar los medios para restablecer el flujo.

Otra faceta es la que podríamos denominar económica y política. Sucede que el gobierno de Sebastián Piñera decidió desmontar el subsidio al consumo de gas para la región magallánica, lo que provocó el incremento en el precio del combustible y las consecuentes protestas de los habitantes. El caso no es comparable, por su relativa magnitud,  con la enmarañada trama de subsidios que el kirchnerismo ha tejido durante su gestión, y sin embargo se ha convertido en un problema muy serio para las autoridades trasandinas. Tanto, que remite a las protestas que hace poco acaecieron en Bolivia cuando el presidente Evo Morales, quizá debido a un súbito ataque de neoliberalismo, también intentó  acabar con los subsidios a los hidrocarburos. La queja popular fue de tal gravedad que el ex dirigente cocalero, presuntamente medicado con renovadas dosis de bolivarianismo, a los pocos días dió marcha atrás a su medida. La moraleja es clara: toda política de control de precios (como lo es un mecanismo de subsidios) puede en determinado momento toparse con "el dilema del día después". Veremos cómo les va con este tema durante los próximos meses a Piñera y Morales, pero lo más interesante (o entretenido)  para nosotros será cuando aquí llegue el momento de revisar los subsidios al transporte.

Por último, una cita al "componente argentino" de este episodio. Después de varios días de interrupción del tránsito, las autoridades de la provincia de Tierra del Fuego recomendaron  a la población no trasladarse a la zona. No obstante, el domingo pasado unos 1.400 fueguinos en plan vacacional lo hicieron, y una vez en el lugar, como era de esperar, se mostraron indignadísimos, negándose a regresar. Fueguinos y argentinos, hasta la médula...

La imagen es de Perfil.com

lunes, enero 10, 2011

Adiós a María Elena

Se fue María Elena Walsh. El conocer la noticia, este mediodía, me dió una mezcla de pena y bronca, algo parecido a lo que sentí al enterarme de la muerte del Negro Fontanarrosa.

La colosal dimensión de su figura como artista y ciudadana comprometida está abrumadoramente por encima de cualquier frase laudatoria que uno pretenda emitir en este momento. En cambio, mucho mejor es escucharla a ella, a través de la interpretación del Cuarteto Zupay de su "Canción de cuna para gobernante", donde le dice a su destinatario:

Hombres, niños, mujeres, es decir: nadie,
parece que no quieren que tú descanses.
Rozan con penas chicas tu sueño grande.
Cuando no piden casas pretenden panes.



viernes, diciembre 24, 2010

domingo, diciembre 19, 2010

Astor y el euphonium

  1. Tuba tenor, bombardino o eufonio. Llámese como se llame, ese broncíneo instrumento está asociado en el imaginario colectivo a las orquestas sinfónicas, las bandas de marcha y ciertos grupos de jazz. Ni por asomo se le ocurriría a uno vincularlo con el tango, algo que en general sucede con todos los bronces (a excepción del clarinete, bastante empleado en las primeras formaciones tangueras, así como en el trío de Panchito Cao, "Los muchachos de antes").
  2. El pianista y arreglador Greg Anderson ha "visitado" este blog junto con su partner Elizabeth Roe, con una muy hermosa y original interpretación de Libertango (ver aquí).
  3. Ahora, P & M trae a sus fanáticos, gracias al aporte de mi amigo Zeta, una excelente conjunción de los "factores" antedichos. Se trata de una maravillosa y sorprendente versión de Oblivion, de Astor Piazzolla, a cargo del dúo formado por el piano de Anderson y el eufonio de Carl Berdahl. El arreglo es bellísimo y Berdahl, con su virtuosismo, ratifica lo apropiado del nombre de su instrumento, que significa "voz dulce". Que lo disfruten.


(Gracias, Zeta)


lunes, diciembre 13, 2010

El límite de las mentiras



La editorial Zagier & Urruty está especializada en la temática patagónica y antártica, publicando colecciones de cartografía, guías para viajeros e historia de la región. A esta última pertenece "El límite de las mentiras", del autor argentino  Gerardo Bartolomé.

Se trata de una biografía de Francisco Pascasio Moreno, conocido como El Perito, un personaje al que -como tantos otros- la historiografía ha mantenido en un plano secundario. De su trayectoria el argentino promedio sabe bastante poco (como ocurre, por ejemplo, con Piedra Buena), al punto que me atrevo a decir que una gran mayoría apenas lo recuerda de un modo más o menos difuso como nuestro representante en las negociaciones con Chile de principios del siglo pasado, por cuestiones limítrofes. Ese perfil es tan real como insuficiente, ya que la intensidad de su vida aventurera y la pasión con que acometió sus responsabilidades hubieran justificado un enfoque más atento.

En buena medida, el libro de Bartolomé viene a cubrir esa brecha, con un reseña novelada de los principales acontecimientos que signaron su trayectoria. Al terminar la lectura, uno se queda con una imagen del protagonista que supera en mucho a la conocida,  determinada por la foto de sus últimos años, que lo muestra con la barba encanecida y un sereno aire doctoral.

Moreno, por el contrario, fue un torbellino que abrazó con idéntico fervor la actividad científica y la función pública. En el primero de esos campos, obtuvo reconocimientos y premios internacionales, fundó la Sociedad Científica Argentina y fue el creador y primer director del Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Fue funcionario de los gobiernos de Avellaneda y Roca, quienes apostaron por su amplio conocimiento de la región patagónica y sus dotes de avezado negociador.

Realizó múltiples expediciones a los inhóspitos territorios patagónicos y  estuvo más de una vez a punto de perder la vida a manos de los indígenas, episodios que el libro relata con profusión de datos. Sin embargo, esas dificultades no le impidieron ganarse la confianza de mapuches y tehuelches, por quienes mucho hizo en la medida de sus posibilidades. También lo respetaron y ayudaron de modo decisivo los esforzados y escasos pobladores no aborígenes de la región, entre ellos los colonos galeses de la incipiente Trelew de aquellos años.

Varios son los personajes que la novela describe en su transcurso. Uno de ellos es el italiano Clemente Onelli, fiel y eficaz asistente de Moreno tanto en el museo platense como en sus viajes por el sur. También caciques bravíos y poderosos como Sayhueque (quien facilitó su huida después que un consejo de capitanejos lo había condenado a muerte) e  Inacayal. La otra figura que resalta en el relato es la del General Roca, cuya visión estratégica y dotes de tiempista le permitieron, en 1881, inducir a Chile a firmar un tratado de límites (aprovechando la coyuntura derivada del conflicto de la nación trasandina con Bolivia y Perú), para  luego postergar la resolución de las cuestiones pendientes hasta la época de su segunda presidencia en que la Argentina había logrado equiparar el poderío naval de su vecino.

El título de la obra refiere a las múltiples "mentiras patrióticas" que tanto los chilenos como los argentinos llevaron a cabo durante las negociaciones por la demarcación de los límites, que fueron desde la desembozada falsificación de mapas y cartas hasta el desvío de un río a pico y pala.  Por cierto, la reseña derriba el mito de la  victimización argentina, al evidenciar  que las maniobras y engañifas provinieron de ambos lados.

Es un libro interesante que se lee con fluidez y constituye una prueba de la riqueza histórica de la Patagonia, a la que el cine nacional, lamentablemente, aún casi no le ha dedicado su atención.

   





 

viernes, diciembre 10, 2010

Indoamericano



La economía no está en recesión como hace nueve años, sino que crece. Pero al igual que en los innombrables noventa, el derrame no se verifica: el pobrerío vuelve a representar algo así como un tercio de la población. Esto con un gobierno que dice centrar su acción en la redistribución de la riqueza.

Emergentes del modelo nac&pop latinoamericanista y derechohumanista ocupan un parque público, el Indoamericano, en la capital del país. Como diría el locutor de Les Luthiers, los acontecimientos se precipitan. En cuestión de minutos se genera un capitalista mercado inmobiliario, en el que los precios de los lotes (!!!)  oscilan entre $ 800.- y $ 3.000.- Claro, el problema llega pronto, al momento de la toma de posesión, porque hay quienes consideran que ciertos títulos son imperfectos. El asunto genera algunos roces, llamémoslo así, situación a la que en poco tiempo se agregarán los vecinos del lugar.

Entre tanto, la policía federal "recupera" el predio y lo entrega a la ciudad. Pero ésta no consigue "retenerlo" cuando la marea vuelve a fluir. Los jueces rotan. Uno de ellos ordena entregar (a los ocupantes ilegales del espacio público) alimentos y ropa. Otro ordena a las fuerzas federales que vuelvan a actuar. El jefe de gabinete reflota una teoría por la cual, seguramente, muy pronto será declarado por la Facultad de Derecho de la UBA como el máximo exponente de las ciencias jurídicas en el país: no se acatan las órdenes judiciales de cumplimiento imposible. El juez de la entrega de alimentos vuelve a pedir, ahora por la pacificación de la zona.

Los acontecimientos siguen precipitándose, tanto que ya parece el diluvio universal. El cuentito de la presidenta que se había moderado con la viudez duró un mes y medio, hasta el discurso de hoy. Ni un paso atrás, interpreté yo que dijo, en pos del objetivo de pulverizar a Macri, aunque en el medio haya que lamentar efectos colaterales. Por supuesto, la balacera recrudeció,  sin discriminar entre bolivianos y ambulancias. Por su parte, el abogado del émulo de Madonna Quiroz que fue filmado hoy mientras disparaba hacia donde estaban los intrusos, afirma que el revolver era de juguete, y que su cliente estaba defendiendo a sus familiares (que son los jefes de la barra brava de Huracán) con ese supuesto chumbo de plástico.

Hay un olorcito muy fuerte a aceitada operación peronista en el fondo de todo esto. Al menos, las imágenes televisivas a mi me hicieron acordar a diciembre de 2001. Sólo faltaba el supermercadista chino llorando sobre las ruinas de su negocio. Claro que hay además otros ingredientes no menos inquietantes, como el narcotráfico que busca entronizarse en la zona aledaña (si es que ya no lo ha logrado), la incompetencia congénita de los políticos y la patética incapacidad de la justicia.

Tal vez yo esté hoy un poco deprimido, pero si todo esto no es signo de  decadencia, ¿la decadencia dónde está?


(La foto es de Perfil.com)

miércoles, diciembre 01, 2010

Seguridad y progresismo



La seguridad de los ciudadanos no es un tema que figure en la agenda del autodenominado pensamiento nacional & popular. Al contrario, su sola mención merece la descalificación fulminante del progresismo vernáculo, catalogando de autoritario o -con menos eufemismo- hasta de fascista a quien lo haya hecho.

Hace unos pocos años, Juan Carlos Blumberg -padre de un joven asesinado por una banda-  solía aparecer  en los medios de comunicación motorizando el enojo popular por las crecientes  frecuencia y virulencia de espisodios criminales. Los bienpensantes toleraron a duras penas el espectáculo de las multitudinarias movilizaciones que su prédica generó, hasta que finalmente tuvieron su revancha. Cuando se supo que el hombre no era ingeniero, como se había presentado, su estrella se apagó tan velozmente como se había encendido, mientras el progresismo redondeaba su diagnóstico secuencial: partidario de mejorar la seguridad, falso ingeniero, fascista. Él y quienes lo escucharon y/o lo siguieron, todos en la misma bolsa. A otra cosa.

Sin preocuparse por quedar, objetivamente, alineados con la absurda argumentación oficialista de la "sensación de inseguridad", los predicadores nac & pop no sólo no han variado su postura, sino que la han consolidado. El andamiaje argumental sobre el cual se paran está sostenido, bueno es recordarlo, por el juez Eugenio Zaffaroni, miembro de la Suprema Corte de Justicia. La profundidad de esta concepción ha llegado al extremo de naturalizar el uso de una palabra, represor, para calificar a los criminales de la última dictadura militar, con lo que se asocia no demasiado subliminalmente a la represión del delito -una función esencial del Estado de derecho y de sus organismos de seguridad-  con las prácticas aberrantes de aquellos asesinos y torturadores.

El asunto viene a cuento a raíz de las acciones emprendidas la semana pasada por las autoridades brasileñas en las favelas de Río de Janeiro, procurando restablecer el control del Estado en las áreas que estaban bajo el dominio de los narcotraficantes. Puesto en blanco sobre negro: se trató del empleo de efectivos policiales y militares por parte del gobierno de centroizquierda, para reprimir con contundente energía a la delincuencia, empleando armamento sofisticado, vehículos blindados y helicópteros.

No escuché comentarios de nuestros quizá un tanto atrasados transversales al respecto. No es sorprendente, ya que en realidad casi nunca se refieren a Lula, ese ex obrero industrial cuya gestión -que se reivindica como progresista-  ha tenido ciertas características que a ellos parecen incomodarlos. Más fácil les resulta  regodearse con la casi cotidiana verborrea de Chávez, el mandamás de un país cuyos niveles de criminalidad vienen creciendo a un ritmo febril.


La imagen pertenece al portal  Boston.com.  Para ver más (impresionantes) fotos de la represión a los narcotraficantes de Río de Janeiro, pulsar aquí.

martes, noviembre 23, 2010

Ahora, el Fondo



Es posible que para tratar de entender la relación del kirchnerato con el FMI, sea más útil recurrir a la psicología que a disciplinas a priori más afines a la temática que ocupa a dicho organismo internacional, como la economía o la politología.

Al menos, es lo que se deduce con la noticia conocida hoy: el gobierno recurrirá a la "asistencia técnica" del cuestionado ente para diseñar un nuevo índice de precios.

El asunto llama la atención por varios motivos. El primero, claro, es la reiterada postura de rechazo a cualquier intervención del Fondo en los asuntos locales asumida por las autoridades argentinas del más alto nivel, puesta de manifiesto en innumerables ocasiones y en todos los tonos, casi siempre altisonantes. Una demonización  que incluso le ha servido al gobierno para granjearse indisimuladas simpatías en el arco "políticamente correcto" de la opinión pública. Habrá que ver qué opinan ahora esas voces.

Pero además de ello, el FMI no tiene entre sus funciones específicas la producción de estadísticas, de las cuales sólo se sirve para efectuar sus análisis. En términos de "expertise", como le gustó decir hoy al impresentable ministro Boudou (el mismo que opinó hace poco que la inflación sólo afecta a la clase media alta), hay varias instituciones con pergaminos más robustos, tales como las oficinas oficiales de estadística de Canadá, Francia o Gran Bretaña. Y, si se prefiere a una institución latinoamericana, las de México y Brasil también son muy prestigiosas (no, la de Venezuela no es muy respetada).

El disfraz elegido para ornamentar esta decisión se recuesta en aspectos técnicos. Se trata, según se ha afirmado, de diseñar un índicador que represente la evolución de los precios en todo el país, dado que el actual abarca al Gran Buenos Aires, mientras que cada provincia elabora su propio índice. Esto es tan cierto como que el IPC elaborado ahora por el Indec es un "dibujo" y que su utilización es cada vez más insostenible.

Cualquiera que sea la forma en que el asunto se lleve adelante, es seguro que la inoxidable directora del Indec, Ana Edwin, seguirá luciendo su sonrisa lamarquiana (no digo gardeliana, para que no me acusen de sexista).

martes, noviembre 16, 2010

La distancia entre la teoría y la práctica



"Durante muchos años enseñé teoría económica. Me gustaría pensar que me he ganado la vida honestamente, pero a veces tengo mis dudas". La frase pertenece a Joan Robinson, la economista británica que introdujo -entre muchos otros aportes-  la teoría de la competencia imperfecta, y me vino a la mente tras los recientes escandaletes registrados en el Congreso nacional en torno a la ley de presupuesto público para el año próximo.

Y es que por algún tiempo, al igual que ella (salvando las abismales, inconmensurables distancias) procuré que los chicos del Colegio Nacional de Ushuaia  aprehendieran las características que hacen que el presupuesto sea considerado como la "ley de leyes". Con lo que yo suponía un noble fin, peroré una y otra vez acerca de su rol como herramienta fundamental para la planificación, administración y control de la actividad estatal.  Insistí con sus características de expresión financiera del plan del gobierno y con su función de asignador de los recursos del Estado a la satisfacción de las necesidades de la sociedad.

Convencido de la veracidad de mis afirmaciones, les explicaba a aquellos adolescentes que el debate del proyecto enviado cada año por el Poder Ejecutivo implica un ejercicio casi sublime de participación democrática. Les decía, palabras más o menos, que cuando en la instancia legislativa ese proyecto es analizado, discutido, modificado y -finalmente- aprobado, se concreta en la práctica el derecho del pueblo para establecer (a través de sus representantes legítimamente elegidos) las prioridades del Estado en materia de gastos para el funcionamiento de sus distintas dependencias y el desarrollo de infraestructura, así como para obtener mediante impuestos y otras formas de financiamiento, los fondos necesarios para atenderlos.

Creo que terminaba señalándoles que el documento es de cumplimiento obligatorio para el gobierno, y que ningún gasto puede ejecutarse si no está allí contemplado.

La realidad me desmintió la semana pasada de un modo terminante. Por un lado, el Ejecutivo no admitía ni el cambio de una coma a su proyecto,con argumentos que llegaron al disparatado extremo de requerir que se respetara el duelo de la Presidenta otorgándole el presupuesto que pedía... Por otra parte, algunos integrantes de la oposición aprovecharon el momento para dirirmir una interna partidaria, mientras otros tronaban con denuncias de presiones oficialistas, como si se tratara de algo inédito.

Lo más probable es que para el próximo ejercicio el gobierno funcione con una prórroga del presupuesto 2010. Ello le permitirá disponer a discreción de la recaudación impositiva que excederá lo previsto para este año, en buena medida como consecuencia del proceso inflacionario. Desde el arco opositor, sin embargo, no parece haber disposición para hacer valer su mayoría imponiendo un mecanismo para que en tal caso, se obligue al gobierno a debatir en el Congreso el destino de esos fondos excedentes.

Quizá alguno de mis alumnos de antaño se acuerde hoy de mis clases. Espero que piense que fui apenas un ingenuo...

(La imagen de Joan Robinson pertenece al sitio EMVI)

jueves, noviembre 04, 2010

Inflación y relato



Amado Boudou se graduó en economía en la Universidad de Mar del Plata, con un promedio distinguido (8,19). Luego, consiguió un magister y un doctorado en la Universidad del CEMA. Actualmente, funge como ministro de economía en el gobierno nacional.

Ayer declaró que la inflación no es un tema importante, y que en todo caso afecta a la clase media-alta. Lo cual merece algunos comentarios, a saber:

  • La frase implica el reconocimiento de que la Argentina padece inflación, algo que hasta ahora el gobierno se empeñaba en negar apelando a cualquier recurso, incluyendo la manipulación de las estadísticas.
  • Su afirmación contradice toda la teoría económica escrita, lo que involucra -por supuesto- a la que el ministro ha estudiado con algún provecho, según se infiere de sus títulos de grado y posgrado.
  • Los economistas tienen fuertes divergencias en el campo del "deber ser", pero suelen coincidir en el plano del "ser". La inflación es un ejemplo de lo segundo: hay consenso en que es un fenómeno que afecta ante todo a los perceptores de ingresos fijos, o sea a los asalariados y jubilados. Y que en un contexto de fuertes aumentos en los precios de los alimentos, las personas con menores ingresos resultan aún más perjudicadas, ya que son las que deben asignar la mayor parte de sus recursos a ese tipo de bienes.
  • En cuanto al "deber ser", las diferencias tradicionales (mientras los ortodoxos recomiendan medidas monetarias, los heterodoxos prefieren las herramientas fiscales) parecen cosas del pasado. Hay poquísimos países en el mundo que padecen el flagelo, lo que induce a pensar que los hacedores de política económica urbi et orbi saben cómo deben ser las medidas para combatirlo con eficacia. Algunas excepciones: Zimbabwe, Venezuela, Argentina. En América Latina, Brasil, Chile y Uruguay son ejemplos de economías que crecen sostenidamente y con tasas de  inflación nulas o muy bajas.
  • Conclusión inevitable: el ministro pretende subestimarnos, por no decir que nos trata de idiotas. Ello, como corolario de la premisa básica de este gobierno: lo que importa es el relato.

jueves, octubre 28, 2010

La muerte, esa sorpresa




Ante la contundente irreversibilidad de la muerte, uno suele quedarse sin palabras. La gravedad del hecho posterga las discusiones, relativiza las afirmaciones y tiende a proponer treguas. Al menos, por un tiempo. Quizá sea porque el sujeto ya no puede argumentar, o tal vez porque la visión de La Parca nos recuerda que ella, tarde o temprano, vendrá a nuestro encuentro. Se lo puede llamar respeto, también -como señala Jorge Lanata en La Nación-  miedo.

Algo de eso sentí ayer, cuando supe que Néstor Kirchner había muerto. No experimenté dolor, tampoco sorpresa. Lo primero, porque su actuación como hombre público nunca despertó mi adhesión, sino todo lo contrario; lo segundo, porque su actitud y la del entorno íntimo frente al ostensible deterioro de su salud ("Hay Kirchner para rato") asignaban alta probabilidad de ocurrencia a un desenlace semejante.

Kirchner llegó a la presidencia en 2003 poco menos que desde el anonimato político y la asumió con un magro caudal de votos, en medio de una coyuntura muy compleja. Sin embargo, se convirtió en la figura predominante de la década, tanto como lo habían sido Alfonsín en los ochenta y Menem en los noventa. Por eso, su desaparición deja una fuerte sensación de vacío que abarca a la oposición, que hasta se sentía cómoda definiéndose siempre desde la postura "anti-k".

El país que nos deja Kirchner está marcado por un deterioro institucional tremendo, tanto como por indicadores sociales y económicos que la manipulación de la información (el famoso "relato") no consigue disimular. La Argentina es hoy insignificante para el resto del mundo, salvo para los países de la órbita chavista. La comparación con Brasil, Chile o Uruguay, por dar sólo algunos ejemplos, no puede menos que abochornar.

No obstante, hay características suyas que son aún más irritantes. La manipulación del tema de los derechos humanos, por ejemplo, es una de los más emblemáticas. Y su entorno insiste en ello: el decreto presidencial que declara el duelo nacional relata su trayectoria, inventando imaginando que fue un defensor incansable "como abogado en los tiempos dictatoriales" de dicha cuestión. De nuevo el relato, reescribiendo la historia al modo del Gran Hermano orwelliano.

Otra arista es el perfil confrontativo, la manía de considerar al adversario o al disidente como un enemigo al que hay que pulverizar en términos políticos. La descalificación del opositor fue su impronta, y lo doloroso es que muchos de sus adversarios la hicieron propia. De tal modo, el escenario político fue adquiriendo una configuración que espanta al ciudadano de a pie, alejándolo cada vez más de la participación. En el chiquero, sólo los puercos chapotean despreocupados sobre el barro.

La turbiedad de casos como los de Skanska o el de la valija de Antonini Wilson, así como de los manejos en favor de empresarios amigos (incluyendo el funcionamiento de una cuasi embajada paralela en Caracas) completan el cuadro, junto con la creciente influencia de una dirigencia sindical impresentable.  Una dirigencia  que, por cierto, se convenció de su impunidad cuando provocó la renuncia de la ministra Ocaña que denunció sus negociados.

Lo que vendrá en materia política es bastante incierto. La estrella de Kirchner venía apagándose, como quedó demostrado con ciertos movimientos de Daniel Scioli, el eterno maltratado, así como de varios intendentes bonaerenses y de dirigentes del sector empresario hasta hace poco defensores "del proyecto". Los primeros movimientos de la oposición han mostrado, en general, cierta grandeza, más allá de la sobreactuación no exenta de hipocresía de algunos dirigentes. El problema, mirando a las elecciones de 2011, es que la mayoría no parece prometer otra cosa que "buenos modales" para cotninuar con el modelo.

Entre tanto, aún es una incógnita lo que hará la presidenta, que deberá lidiar con una situación completamente nueva para ella: el hombre junto al cual construyó su vida familiar y su entera carrera política, simplemente ya no está. Uno tiende a pensar que va a recostarse en su círculo íntimo y, siendo fiel al sello de su marido, procurará redoblar la apuesta. Veremos qué sucede.

(La imagen pertenece a Perfil.com)

lunes, octubre 25, 2010

Malas compañías



Mi santa madre
me lo decía:
"Cuídate mucho, Juanito,
de las malas compañías".

El terrible episodio que la semana pasada culminó con el asesinato de un joven militante del Partido Obrero no es excepcional. En realidad, si sus consecuencias no hubieran alcanzado ese grado trágico (además de la muerte de Mariano Ferreyra, una mujer resultó con gravísimas heridas y aún lucha por su vida), la noticia hubiera durado bastante poco, tanto en las primeras planas de los diarios como en la consideración de los ciudadanos de a pie.

Es que la disputa por la ocupación del espacio público entre grupos de particulares (piqueteros, gremialistas, militantes de diversas corrientes), y su resolución por medios más o menos violentos, forma parte de la cotidianeidad argentina desde hace ya demasiado tiempo, y por lo tanto casi no llama la atención. Salvo que el desborde sea excesivo, como en el caso que nos ocupa. Es una cuestión de la que el Estado se desentiende, en el mejor de los casos, o con la cual coadyuva ("no hay que criminalizar la protesta").

No es posible olvidar que el miércoles pasado, ante la pretensión de los militantes del PO y de los "tercerizados" de cortar las vías del ferrocarril Roca, quienes procuraban impedirlo no eran los agentes de policía que cualquier ingenuo podría imaginar como encargados de velar por el orden público, sino un conjunto de miembros del sindicato ferroviario que preside desde hace un cuarto de siglo José Pedraza, apoyados por unos tenebrosos patoteros profesionales ("barras bravas" de clubes de fútbol) contratados ad-hoc. Poco importa que se haya tratado de una "zona liberada" o de  una delegación de facultades de hecho: cualquiera de esas posibilidades tiene idéntica gravedad. Y lo cierto es que a algún barra se le fue la mano en el celo vigilador, por lo que Ferreyra terminó muerto.

Hay otras aristas de este hecho que me interesa señalar. Una de ellas es la relación que el gobierno mantiene y cultiva con una dirigencia sindical impresentable que conserva sus peores rasgos,  los mismos que viene poniendo de manifiesto desde tiempos inmemoriales.Menos de una semana antes, las máximas autoridades del país habían participado del acto que el líder cegetista Hugo Moyano organizó por el "Día de la Lealtad", transmitiendo una imagen de dependencia respecto del poderoso gremialista camionero que resultó patética.


Tan patético como el proyecto que el diputado moyanista Héctor Recalde impulsa en el Congreso para, supuestamente, instaurar la distribución de utilidades de las empresas entre los trabajadores.
No es difícil imaginar las consecuencias prácticas en caso de concretarse esa iniciativa. Gremialistas de la calaña de Moyano y de Pedraza, terminarían tomando decisiones en las empresas, y en caso de desacuerdos no trepidarían en recurrir a la ayuda de los barras. Tampoco es necesario tener mucha perspicacia para sacar conclusiones acerca de cómo influiría dicha realidad en las decisiones de inversión de los empresarios.

Otro aspecto es el del manejo por lo menos poco transparente de ese ramal ferroviario, en manos de un ente, el UGOFE,  que no se sabe bien si es una agencia estatal, una organización no gubernamental, una empresa privada, una mixta o qué. Lo que quedó claro es que maneja una robusta caja de caudales provenientes del fisco (acerca de cuya distribución, justamente, giró el "debate" del miércoles pasado), y también -a estar por las declaraciones del barra brava Cristian Favale- que para trabajar en ella no hay que presentar un CV ni rendir un examen de aptitud, sino colaborar dando algunos puñetazos y lanzando unas pedradas en pos de la solución de conflictos que puedan afectarla.


Violencia institucionalizada, pujas por fondos fiscales mediante prácticas cuasimafiosas, desprecio por la vida, ausencia absoluta de respeto por el estado de derecho. Un cuadro de situación preocupante, que el oficialismo intenta maquillar con alusiones cada vez menos creíbles a una gesta liberadora que sólo existe en la imaginación de sus acríticos adláteres.


Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan,
que para ellos la amistad es lo primero.

lunes, octubre 04, 2010

Zapatos italianos


Es el sexto libro del sueco Hennig Mankell que he leído, y el que más me ha gustado de todos ellos. Después de paladear cuatro entregas de la serie de policiales negros protagonizadas por el comisario Wallander ("Asesinos sin rostro", "Los perros de Riga", "La leona blanca", "La quinta mujer") y "El chino", del mismo género pero sin la presencia del policía residente en Ystad, "Zapatos italianos" -publicada en 2006- lo consagra para mi gusto como un gran novelista.


Tras un traspié profesional, un médico cirujano se ha retirado a su antigua casa familiar en una isla de la costa del Báltico. Separado y sin hijos, lleva allí doce años y parece resignado a esperar el final de su vida. Jansson, el hombre que reparte el correo cada semana, es prácticamente su único contacto con el resto del mundo, aunque él ya casi no recibe correspondencia. Fredrik se deja estar allí, recordando su infancia, las lágrimas de su madre y las charlas con su padre, mientras va rumiando su amargura ("¿Conversaciones? No, no puede decirse que Jansson y yo conversemos"). Sin embargo, algo inesperado -una visita que jamás imaginó-   lo habrá de confrontar de golpe con una parte del pasado que creía haber olvidado para siempre.

A partir de ese encuentro, a las imágenes quizá entrañables que su memoria recuperaba cada tanto se sumarán con crudeza las vivencias -muchas de ellas desagradables- que vienen de la mano de su visitante, por quien, además, se enterará de que tiene una hija. De pronto, aquella relativa placidez de su lánguido retiro se convierte en una dura remoción de escombros, cuando las circunstancias lo ponen ante la necesidad de saldar un pasivo muy gravoso.

La pluma de Mankell va desarrollando la trama al mismo tiempo con morosidad y ritmo, de manera magistral. Hay una descripción precisa  de los caracteres austeros y sin embargo intensos de esas personas que parecen carecer de emociones y que, no obstante, sufren, aman y ríen, como todos nosotros. La atmósfera despojada del relato le abre la puerta, no obstante el planteo reflexivo, a una emoción que por momentos entra a raudales. El protagonista, al fin de cuentas un hombre como cualquiera, hace lo que puede: algunas deudas serán canceladas y otras, más allá de su voluntad, deberán esperar.

De lo mejor que he leído últimamente.