lunes, enero 23, 2012

Malos malísimos, buenos buenísimos: un mundo militante



La polémica entre el periodismo “militante” y el “independiente” me recuerda, en algunos aspectos,  a la que desde hace añares divide a los economistas en “ortodoxos” y “heterodoxos”.

La razón por la cual los cultores de la ciencia hija de Adam Smith han estado, están y con seguridad estarán envueltos en tan dura porfía es que el análisis económico tiene, según lo observó John Neville Keynes (el padre del célebre John Maynard), dos planos. Uno es el de la “economía positiva”, que trata de conocer y describir la realidad tal cual es; el otro es el de la “economía normativa”, donde se ubican las propuestas sobre lo que debe ser.

Los economistas suelen estar casi unánimemente de acuerdo respecto del “ser”. Los problemas empiezan cuando pasan al plano normativo, donde influyen las ideologías, la ética, los sentimientos, los prejuicios y, a veces, hasta los principios religiosos. En otras palabras: afirmar que el PBI es de tantos miles de millones de dólares es algo que no generará disputa; en cambio, sobre lo que habría que hacer para que ese indicador crezca un cierto porcentaje, se escucharán sin duda intensas discusiones.

Un punto central del debate entre la ortodoxia y la heterodoxia es el papel del Estado en la economía, que para los primeros debe ser mínimo y para los segundos, substancial. De todos modos, y al igual que en el caso del periodismo, el único requisito exigible a quienes argumentan al respecto es, por supuesto, la honestidad intelectual, de manera que el destinatario del mensaje sepa de antemano la posición  ideológica, ética, etc. desde la cual fue emitido.

La analogía que me parece advertir entre esta cuestión y la de los periodistas tiene su origen en la dicotomía entre la captura y exposición de la información (lo que “es”) y la generación de opinión (el “deber ser”). Desde esta perspectiva, entonces, podríamos concluir con bastante rapidez que la trifulca entre independientes y militantes se eternizará al igual que la de los economistas, admitiendo de paso que no está mal que así sea, porque refleja la diversidad de opiniones.  Sin embargo, creo que el asunto admite otros enfoques.

  • ¿Qué es lo que es?

La exacerbación en nuestro país del debate económico, tal como se ha dado en los últimos años, se origina en que lo que “es”, ya no es lo que era. Esto viene ocurriendo a partir del momento en que ciertas estadísticas económicas oficiales empezaron a ser “toqueteadas” más o menos burdamente, con su consecuente pérdida de credibilidad. Entonces ya no discutimos, por dar un ejemplo, acerca de cómo hacer para disminuir la pobreza a cierto nivel, sino sobre cuál es la proporción de habitantes que sufre esa condición: ¿10%, 20%, 30%? La exigencia de la honestidad intelectual, entonces, tiene que desplazarse del plano normativo al positivo, para examinar si lo que se dice que es, constituye un insumo de calidad aceptable para elaborar propuestas sobre lo que debe ser.

En el campo periodístico, y especialmente en la parcela que se ocupa de las cuestiones políticas, ocurre algo bastante parecido.  Aquello que se ha dado en llamar “el relato” del oficialismo y sus adherentes-militantes tiende a sustituir a la información objetiva: v.g. “sintonía fina” por “ajuste de cuentas fiscales”. Así, la discusión sobre lo que debiera ser pierde sustancia, porque parte de una materia sobre la que no hay acuerdo.

  • Buenos y malos

Hay un problema adicional. La adhesión a un determinado esquema o programa político es asumida por los periodistas militantes con un grado tal de fervor que, así como los conduce a no respetar ni admitir voces diferentes, elimina la posibilidad de la revisión de las propias ideas. De tal forma, el militante renuncia de antemano al enriquecimiento de su visión a partir del intercambio y la autocrítica. Sus convicciones adquieren un carácter casi religioso, porque se basan en la fe antes que en la comprobación: la duda jamás lo ataca.

Lo anterior se manifiesta en un maniqueísmo rígido, en una división de insondable profundidad que separa sin matices no sólo a los periodistas, sino también a los economistas. Así, de un lado –el de los malos- se agrupa a los economistas ortodoxos o “neoliberales” (dando a este término el carácter de insulto), junto con todos y cada uno de los periodistas que no suscriben el relato oficial. El otro lado de la fosa excavada por los militantes, está reservado a los buenos, es decir: ellos mismos y los heterodoxos o  “keynesianos”. De tal modo se explica que quienes, como el suscripto, suelen encontrarse a mitad de camino entre esos extremos, sufran recurrentes crisis de identidad…

En dicho escenario, los malos son perfectos en el ejercicio de su rol: sirven a los poderes ocultos, están en contra de los humildes, traicionan a la patria, pretenden destituir al gobierno democrático, conspiran sin pausa. El pasado los condena, todos tienen en sus placares esqueletos a ventilar mediante videos de You Tube o carpetas de servicios de inteligencia. Los buenos, por su parte, son buenísimos: combaten sin descanso a los poderosos, aman a los pobres más que la Madre Teresa, son tanto o más patriotas que San Martín, rezuman por los poros cataratas de fe democrática y piensan, a tiempo completo, en hacer el bien a sus compatriotas. Los avala un pasado sin mácula, o cuidadosamente olvidado. Ejemplo de esto es el caso del economista Aldo Ferrer, uno de los íconos máximos en el campo de los buenos pese a sus antecedentes como ministro de los dictadores Levingston y Lanusse. No es el único.

Mensaje respetuoso de un dinosaurio a periodistas militantes: el paisaje de la realidad no está pintado sólo en blanco y negro. La paleta de colores es amplia y diversa, y aceptar sus múltiples tonalidades permite apreciar mejor la complejidad del cuadro.

(Publicado en la edición de El Diario del Fin del Mundo del 23/01/12).

jueves, diciembre 29, 2011

Lo que deja el 2011


De un modo quizá inevitable, en esta época uno hace un inventario y procura confeccionar un balance. Es conveniente para ello no repetir la práctica, frecuente en ciertos contadores (aunque son los menos, me apresuro a aclarar…), de amañar las cuentas para llegar a resultados agradables a la vista, ya que no a la conciencia.

Aquí van, entonces, los estados de algunas partidas al fin del 2011, según el humilde y leal saber y entender de P&M.

El mundo ya no es lo que era.

Los cimbronazos de la crisis que desde poco antes del 2008 se abate sobre los países más desarrollados, están lejos de haberse aplacado. Por el contrario, el tsunami financiero sigue haciendo trastabillar a la más poderosa economía del planeta, y hasta amenaza con llevarse puesto al sistema del euro.

La polémica sobre lo que resultaría más adecuado para empezar a revertir la preocupante situación también subsiste, dando a entender que la argentina  no es la única dirigencia que parece no alcanzar la estatura que exigen las circunstancias.

Por un lado, no se entiende con claridad de qué manera podría arreglarse un problema de sobreendeudamiento, mediante más deuda, tal lo que parece proponer el premiado estadounidense Paul Krugman a su presidente. En cuanto a Europa, son evidentes las tensiones entre los países-hormigas que pueden exhibir cierta solvencia fiscal combinada con una respetable competitividad (Alemania, claro, pero también algunos escandinavos que están en la UE aunque fuera del euro) y aquellos que, cual  cigarras de fábula, no han hecho previsiones para el invierno que ya llegó.  Pienso en Grecia, con su superpoblada e improductiva burocracia estatal y su sistema jubilatorio cuasi-fueguino, así como en España, en la que “irse al paro” (subsidio al desempleo) se había convertido casi en un deporte para amplias franjas de la población. También pienso en Italia y, en general, en el estado de bienestar europeo que cruje lastimosamente...

En todo caso, uno podría pensar que en la mayoría de los casos mencionados, los gobiernos se gastaron antes de tiempo las herramientas que podrían haber constituido una batería de políticas anticíclicas en un escenario recesivo como el actual. Sin embargo, hay otros factores que juegan.

Por ejemplo, se está asignando una importancia sustancial a la perdurabilidad de muchos –demasiados- bancos que, a todas luces, no han sido prudentes a la hora de administrar inversiones y carteras de créditos, en lo que constituye, sin dudas,  un reflejo del esquema de poder vigente. Sin embargo, creo que los que defienden esta tendencia harían bien en reconsiderarla, ya que lo que ha ocurrido en algunos países árabes por motivos políticos, podría repetirse en Europa por razones económicas. Dicho de otro modo: si el CEO de una entidad financiera prefirió apostar a los beneficios de una timba de alto riesgo, olvidando las viejas y probadas reglas de la sana práctica bancaria,  lo razonable sería que tanto él como la institución que dirige afronten las consecuencias de su error. No son ellos quienes deberían ser sujetos de salvatajes, si es que se concretan

Entre tanto, algunas cosas están sucediendo. La imagen de Obama se ha deteriorado a ojos vista, mientras que el casi grotesco liderazgo de Berlusconi en Italia y la incompetencia de Rodríguez Zapatero en España han debido ceder espacio. Hasta Putin, el frío ex apparatchik ruso que parecía tener bien aceitado un mecanismo para perpetuarse en el poder, siente que el hielo se derrite a sus pies. Ergo, las perspectivas no pueden ser más inciertas.

Mientras China acusa algunos indicios que condicionarían, al menos, su ritmo de crecimiento (con lo que ello implica, en tanto se trata de la locomotora de la economía mundial) y Brasil se abre paso a codazos entre los miembros del G-7, el final de esta novela está abierto.
 
Sintonía fina, patria o dependencia, guarda con lo que vas a  hacer.


El contundente triunfo del Frente para la Victoria en las elecciones de octubre, ha sido seguido por algunas medidas llamativas por parte del gobierno nacional. La idea subyacente, en el plano económico, parece ser la de curarse en salud ante las amenazas provenientes del escenario global recesivo; el problema es que hay poco margen para políticas anticíclicas, debido al irresponsable manejo del gasto público de los últimos ocho años. De todos modos, los primeros atisbos de ajuste se llevaron a cabo con las características que han conformado un paradigma distintivo de esta administración, como son la recurrencia a despreciar u olvidar el análisis estratégico, la falta de pruritos técnicos e institucionales y la obsesión por el relato. Ellos dirán, quizá con razón, que hasta ahora les ha ido bien actuando de este modo, por lo que no existirían motivos para cambiar.

Así, los recortes de subsidios son presentados como ejemplos de “sintonía fina”, mientras que el control de cambios y las restricciones a la importación se relatan como actos de patriotismo que han derrotado a las “corpo” destituyentes. En cuanto a  las creativas estadísticas oficiales, el gobierno ya ni se preocupa en defenderlas. Sobre esa plataforma está plantado, con mayor firmeza que nunca antes, el poderoso Guillermo Moreno, aquí y ahora identificado como máximo e inapelable artífice del proceso de decisiones económicas oficiales (denominarlo "política económica" sería una indulgencia excesiva). Los ministros del área casi no han podido festejar su designación o confirmación, ya que en lo inmediato han pasado a revestir el carácter de invisibles.


El juego de intercambio de amenazas con Hugo Moyano es, sólo por ahora, una incógnita. El papel de la organización paragubernamental La Cámpora, tanto en el frente sindical como en la relación con los gobernadores (empezando por Scioli) será otro elemento a observar con atención.


El dato de último momento, por cierto importantísimo, es el de la enfermedad de la Presidenta, cuyas implicancias políticas permiten comprobar la realidad institucional del país. En efecto, y haciendo una enfática salvedad respecto de la deseable pronta recuperación de la salud de la Sra. de Kirchner, la diferencia de estatura entre ella y su vice es tal que nadie se atreve, siquiera, a imaginar lo que ocurriría en caso que el reemplazo deba prolongarse por más tiempo que el previsto. Por otro lado, hay que apuntar que la propia CFK abonó esta sensación, cuando advirtió a Boudou con la prontamente célebre frase "Guarda con lo que vas a hacer. Va en bromita y en serio".


E la nave va.

En Tierra del Fuego, como en muchas otras provincias, los candidatos basaron sus campañas proselitistas en el esfuerzo por mostrarse como más cristinistas que los demás.  En el camino quedó el candidato a vicegobernador que representaba a la Cámpora en la fórmula encabezada por Rosana Bertone, mientras que la gobernador Fabiana Ríos conseguía la reelección, quizá por haber logrado pagar los sueldos de los empleados públicos pese a las dificultades notorias de financiamiento.

Finalizando el año, el gobierno central ha prorrogado los servicios de las deudas de las provincias hasta 2014, en lo que aparenta ser la pretensión de inducir a sus autoridades a ordenar sus cuentas. Al mismo tiemp, en Río Negro, el gobernador Carlos Soria puso a 20.000 empleados públicos en disponibilidad y anunció un ajuste fiscal. Algo parecido está intentando el gobernador santacruceño Daniel Peralta, mediante un programa de ajuste que incluye al sistema jubilatorio y que ha despertado la vehemente reacción de los sectores afectados. Otro ingrediente es la aparente toma de distancia del kirchnerismo respecto de Peralta, lo que se manifestó con la falta de apoyo a su proyecto por parte de los legisladores que responden a la Cámpora.

Son datos a tener en cuenta, sin duda. Sin embargo,  Ríos no ha hecho otro comentario que el de aplaudir y agradecer la refinanciación. Aunque las (graves) dificultades de la tesorería y del sistema jubilatorio provincial siguen allí, la nave continuará su derrotero, ya veremos en dirección a qué puerto. Entre tanto, las empresas de turismo sienten la disminución de la demanda externa inducida por la crisis del hemisferio norte, y la industria reza para que el consumo no cambie de tendencia.

Muchas dudas, ninguna certeza.

sábado, diciembre 24, 2011

jueves, diciembre 22, 2011

No se olviden de Brecht



"Primero se llevaron a los judíos,
pero como yo no era judío, no me importó.
Despues se llevaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero, tampoco me importó.
Más tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mi, pero es demasiado tarde."
Bertolt Brecht.

En forma inexorable, el gobierno nacional avanza con una serie de medidas que deberían preocupar a la sociedad, sin que ésta -concentrada, según parece, en los festejos de fin de año- aparente reaccionar.

Disipada la polvareda de la intensa pirotecnia verbal intercambiada por CFK con el (¿ex aliado? ¿ex compañero?) líder de la CGT Hugo Moyano, y en medio de los chispazos (por ahora, son sólo eso, pero hay llamas detrás) en la relación con el gobernador Scioli, la mayoría automática del oficialismo en el Congreso ha sancionado en trámite sumarísimo varias leyes significativas. De tal modo, dispone ahora de un instrumento legal -si además es constitucional, está por verse-  para regular la oferta de papel para diarios, así como de una ley antiterrorista que un funcionario anunció como una herramienta contra los "golpes de mercado" que también podría alcanzar a los medios de difusión. En paralelo, un juez de Mendoza en el marco de un reclamo judicial de la AFIP a 23 firmas televisivas por pago de impuestos, ordenó la intervención de Cablevisión, del Grupo Clarín (declarado por el propio gobierno como su principal enemigo), allanando su sede de Buenos Aires con un escuadrón de gendarmes, y omitiendo una acordada de la Suprema Corte de Justicia en contra de ese tipo de medidas hasta tanto se sustancie la cuestión de fondo en la causa.

Señalo que el conjunto de la sociedad no muestra preocupación por estos hechos, y supongo que esa actitud proviene de la indiferencia de quienes, no teniendo relación laboral con un diario ni acciones en una empresa de cable y no necesitando operar con divisas, siguen una lógica primaria y no se consideran afectados. Obvio: no han leído a Brecht o, si lo hicieron, ya lo olvidaron.

¿Habrán leído a Brecht los jóvenes que adhieren a este gobierno? No me refiero sólo a los incipientes funcionarios camporianos con que la presidenta ha superpoblado ministerios, secretarías, directorios de empresas -públicas y privadas- y medios de comunicación adictos.

Pienso también, en este caso,  en esa masa de votantes de 18 a 35 años de edad,  que ha comprado acríticamente el relato que propició la canonización política de Néstor Kirchner, no sólo olvidando sus buenas relaciones con funcionarios de la dictadura militar en la Santa Cruz de los setentas y su sobreactuado menemismo de los noventas (lo que incluye el el escandaloso manejo de los fondos provinciales a través de la banca internacional), sino -lo que es aún más grave- pasando por alto episodios no muy lejanos en el tiempo, como el de las valijas de Antonini Wilson, el de la compra de lotes fiscales a precio vil en El Calafate y las llamativas relaciones con empresarios como Cristóbal López, Lázaro Báez o Gerardo Ferreyra (Electroingeniería), por mencionar sólo tres casos. El producto de esa narración es un santo laico que a los ojos de estos chicos logró en vida el sincretismo del supuesto amor por los pobres con la concreta condición de multimillonario, algo nunca antes admitido por cualquier progresismo que se haya preciado de tal.

Tal vez se trate de la lógica militante. El término está muy de moda en el universo K. Los periodistas que adhieren al gobierno ejercen la profesión en carácter de militantes, así como lo hacen los economistas, los filósofos y los politólogos del arco oficialista. "Militar" es el verbo que conjugan con deleite. Un verbo que quien esto escribe no puede disociar del sustantivo, y que quizá permita explicar ese kirchnerismo a ultranza. Porque en la lógica militar, el disenso no existe, las órdenes se obedecen debidamente y el pensamiento crítico, a lo sumo, se reserva para la consulta -a veces inquietante- con la almohada.

miércoles, diciembre 14, 2011

La gestión transformadora de Ernesto Campos





La conmemoración de la gestión del gobernador Ernesto Campos, que se llevó a cabo la semana pasada en Ushuaia, fue a la vez un acto de justicia y una invitación a reflexionar sobre las posibilidades de una actividad como la política, hoy tan desprestigiada a los ojos de la ciudadanía.

Cuando el presidente Frondizi lo designó en el cargo,  Tierra del Fuego venía de transitar casi cuatro décadas de un estancamiento demográfico y económico sólo interrumpido por el empuje de los inmigrantes italianos que habían llegado en 1948 y 1949. El esfuerzo muchas veces lindante con el sacrificio extremo de los pioneros, de todos modos, no había sido suficiente para modificar las duras condiciones de vida  y la debilidad de una economía restringida apenas a la ganadería ovina, a un rudimentario comercio y a los servicios estatales, en su mayoría provistos por la Marina. Las dos localidades urbanas eran poco más que unas aldeas, mientras que en el ámbito rural, salvo en las grandes estancias de la zona norte, la situación mostraba rasgos de un atraso casi patético.

Sin embargo, la coyuntura ofreció a Campos una ventana de oportunidad que él no dudó en abrir. En efecto, el nuevo gobierno nacional había decidido librar lo que llamó “la batalla del petróleo”, procurando alcanzar el autoabastecimiento de esa fuente de energía mediante una política de adjudicación de contratos de prospección y explotación a empresas extranjeras. Esa actividad había comenzado en la isla en 1949 con la perforación por parte de YPF del “TF 1”, pero no alcanzó un desenvolvimiento significativo hasta que la decisión del gobierno frondizista de incorporar inversores externos posibilitó la instalación de la compañía “Tennessee” en Río Grande.

La explotación petrolera, en primera instancia, derivó en un interesante impulso  para el comercio regional. Asimismo, pronto comenzó a inyectar a las escuálidas arcas del Territorio el flujo de las regalías tributadas por las petroleras, lo que representó un profundo cambio para el esquema financiero del fisco fueguino. Hasta entonces, y dada la muy baja capacidad contributiva de la economía local, los gobernadores habían dependido de las partidas que, a las cansadas y en dosis homeopáticas, les asignaba el gobierno central.

De modo que Campos fue el primero que dispuso de un caudal de fondos relativamente importante sin depender de la benevolencia porteña. Puesto que conocía bien las necesidades de la región desde su época de marino en actividad, diseñó con rapidez un plan de obras públicas que comenzó a ejecutar al poco tiempo, orientado a resolver carencias de infraestructura sanitaria y escolar, a pavimentar calles y a ampliar la provisión de gas en Ushuaia y Río Grande, en la mayor parte de cuyos hogares todavía  se empleaba la leña para la calefacción y la cocción de alimentos. También apuntó a promover el turismo, habida cuenta de la baja perspectiva de contar con inversiones privadas en ese rubro: el primer hotel Albatros y las hosterías de Lapataia, el lago Escondido y la cabecera del Fagnano comenzaron a edificarse durante su gobierno.

El estímulo a la construcción provocó un eslabonamiento que benefició al comercio y el transporte, así como a una actividad maderera hasta entonces sólo incipiente: fue en esos años cuando crecieron los principales aserraderos de la zona.

Eficacia y eficiencia caracterizaron a la gestión. La primera quedó demostrada en la concreción de los proyectos, cosa que no fue fácil porque no obstante lo señalado, “Dios atendía en Buenos Aires”, con todo lo que ello implicaba. Por su parte, la transparencia que hoy recuerdan con afecto los antiguos pobladores, fue paralela a su eficiencia administrativa. Viendo los números del presupuesto de 1961, uno no puede evitar una sonrisa nostálgica al comprobar el equilibrio entre los ingresos y los egresos, así como que –algo  insólito para estos tiempos-  los gastos en sueldos no llegaban a representar siquiera el 9.5% de las erogaciones totales…

Por todo esto, no cabe duda de que la de Ernesto Campos fue una gestión transformadora, de aquellas, pocas por cierto, que no deberíamos olvidar.

(Publicado en la edición de El Diario del Fin del Mundo del 14-12-2011)

domingo, diciembre 04, 2011

Tristeza não tem fim: murió Sócrates

De tanto regodearse con el recuerdo de la formidable selección brasileña de 1970 (la de Pelé, Tostao, Rivellino, Jairzinho y Clodoaldo), uno comete la injusticia de olvidar a otro maravilloso equipo de ese origen: el que participó del Mundial de 1982, dirigido por Telé Santana.

La imprevisibilidad del fútbol es quizá uno de sus principales valores, o al menos el que lo torna tan atractivo. No siempre los mejores ganan, y en los Mundiales ello ha ocurrido varias veces. Por ejemplo, en 1954 y 1974, cuando los húngaros (de Albert y Puskas) y los holandeses (de Cruyff) perdieron respectivamente las finales ante las sólidas maquinarias de Alemania Federal.

Algo parecido pasó en 1982, pero aquel equipo brasileño ni siquiera llegó a semifinales, siendo eliminado en la segunda fase (tras dar cuenta, casi con facilidad, de la Argentina de Kempes y Maradona) por la Italia de Paolo Rossi, que sería  el campeón venciendo, al fin, a los alemanes. Sin embargo, la memoria siempre rescatará el maravilloso juego desplegado por aquellos artistas verdeamarillos: desde el marcador lateral Junior hasta el puntero Eder, pasando por los mediocampistas Sócrates, Falcao y Zico, verlos jugar era como escuchar a una maravillosa orquesta.

Flaco, alto y desgarbado, con más pinta de vendedor playero de artesanías que de jugador, Sócrates era el estratega del cuadro. Su muerte, ocurrida hoy en Sao Paulo, no puede menos que entristecer a quienes amamos el fútbol.

Para recordarlo con nostalgia,  en sus mejores momentos junto a sus compañeros de aquel "dream team", P & M deja aquí este video.



martes, noviembre 29, 2011

Algo menos


Ahora que el ajuste que jamás iba a llegar, inexorablemente ha llegado.

Ahora que el gobierno ha decidido recortar subsidios, estimulando a faranduleros como Marcelo Tinelli y Susana Giménez; gobernadores como Sergio Urribarri y José Alperovich; actores como Lito Cruz; periodistas militantes como Daniel Tognetti y Víctor Hugo Morales; y  periodistas independientes como Marcelo Zlotogwiazda y Gustavo Sylvestre (entre muchos, muchos otros) a ejercer el patriótico impulso de renunciar a los subsidios estatales (que tarde o temprano les iban a ser quitados) debido a proclamadas razones de una sensibilidad social  que recién se les ha despertado a instancias del oficialismo, tras ocho años de profundo e imperturbable letargo.

Ahora que el gobierno establece límites a las negociaciones sobre salarios entre empresarios y sindicatos.

Ahora que la hasta hace poco impecablemente gerenciada Aerolíneas Argentinas, orgullosa por incluir en sus menúes de a bordo -como lo señaló su presidente- platos para celíacos, ha decidido encarar una vigorosa revisión -a la baja- de sus destinos internacionales, por crudos motivos de mercado (léase, no seguir perdiendo plata con muchos de ellos).

Ahora que estas y otras cosas que son del dominio público están ocurriendo, apenas transcurrido mes y pico de las elecciones y restando doce días para la asunción por parte de CFK de su segundo mandato, me pregunto varias cosas.

Una de ellas, la principal: ¿qué hubiera ocurrido en el país en caso de haber ganado Binner, Alfonsín o Carrió, y a continuación el/la vencedor/a hubiera apenas insinuado una cualquiera de tales medidas? Y me contesto: muy posiblemente, estaría incubándose un nuevo estallido social, con epicentro en el conurbano bonaerense, ese sitio cuasimedieval donde los barones siguen y seguirán teniendo el control.

Sin embargo, comprendo que mi respuesta es una sentencia del todo incomprobable, así que mando las actuaciones a archivo...