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lunes, octubre 31, 2011

El estudiante




Sostenida en los pilares de una magnífica dirección de actores y de la llamativa excelencia de todos los rubros técnicos, esta película ofrece una perspectiva interesantísima del ejercicio de la actividad política en la universidad pública.

Roque es un joven que llega a la Capital Federal desde un pueblito de provincia, tratando de empezar una carrera en la Universidad de Buenos Aires (la cual es reconocible, pese a que nunca se la nombra). Está bastante desorientado, aunque no tanto como para desaprovechar -mientras trata de insertarse de algún modo en la cuasi caótica comunidad universitaria-  las oportunidades para relacionarse con chicas. Pero poco a poco, y de la mano de una de sus conquistas (Paula, una joven docente, militante de una agrupación que participa del proceso electoral para la elección del Rector y sus consejeros) va ingresando en ese mundo en el que las convicciones teóricas deben pasar la prueba de la experimentación en la realidad. Claro que a medida que aumenta su compromiso con la praxis política, su rendimiento estudiantil va disminuyendo hasta casi desaparecer.

Una vez que empieza a recorrer el ripioso camino de la política, Roque no tarda en descubrir sus innatas habilidades para la negociación, y también su capacidad para dejar de lado ciertos escrúpulos. Esto es advertido también por Acevedo, un profesor con vasta trayectoria política que es el principal referente de la agrupación, y que ve en esas dotes de Roque un valioso insumo para su proyecto de alcanzar el rectorado. Comienza entonces una trama de alianzas y traiciones, contada con buen ritmo (lo que hace que el espectador no se dé cuenta de que el film dura casi dos horas), sin concesiones efectistas, alejada del lenguaje panfletario y -me gusta insistir en esto-  con buenísimas actuaciones de todos los miembros de un elenco sin estrellas. No hay parlamentos discursivos ni mensajes moralizantes; los protagonistas van accediendo poco a poco a territorios propios de lo que podríamos llamar "la política profesional", incurriendo muchas veces en las mismas conductas que desde el presumible idealismo juvenil se suelen criticar. No obstante, el director se permite -sólo al final-  una suerte de guiño esperanzador que no le queda nada mal a la película.

Para quien transitó las aulas de la U.B.A en los complejos años setenta, "El estudiante" le posibilita comprobar que las cosas no han cambiado mucho, desde el ruinoso estado de las edificaciones, con sus paredes descascaradas y el mobiliario semiderruido, hasta la retórica de los militantes, tanto arengando en las asambleas como interrumpiendo las clases con sus consignas inmutables. Quizá hay sólo dos diferencias con la universidad que este dinosaurio conoció hace cuarenta años: hoy no están los inquietantes "fierros" de aquél entonces, y en cambio muchos jóvenes conviven -como en otros ámbitos de la sociedad- con la droga, cosa antes muy rara.

Mi opinión es que se trata de una de las mejores películas argentinas de los últimos diez o doce años, a la altura de "El bonaerense", "El secreto de sus ojos", "Nueve reinas" y "Elsa y Fred", entre las que yo vi. Un peliculón, bah.

sábado, mayo 29, 2010

Carancho


El sexto largometraje del director Pablo Trapero combina con eficacia dos elementos esenciales de todo "thriller" que aspire a justificar esa denominación: la denuncia de un perverso sistema delictivo (en este caso, el que se ha montado en Buenos Aires y alrededores en torno a los accidentes de tránsito) y la historia de un amor trágico. El resultado es una obra impactante desde lo visual, lo que explica su notable éxito de taquilla.

Los protagonistas son Sosa (Ricardo Darín) un abogado especializado en reclamos civiles que, al haber perdido la matrícula (el guión no da precisiones respecto de los motivos), trabaja para una organización tenebrosa que estafa a las víctimas, sus familiares y las compañías de seguros, y  Luján (Martina Gusmán), una joven médica provinciana que se desempeña en un servicio de emergencias, entre varias "changas" con las que intenta desarrollar su incipiente carrera profesional en la gran ciudad. Sus vidas se cruzan cuando ella intenta salvar la de un accidentado, al que él procura captar como cliente.

El mecanismo mafioso constituido por unos policías y abogados tan corruptos como despiadados, con la necesaria complicidad de médicos, enfermeros y choferes de ambulancias, es exhibido en forma descarnada. Mientras los distintos "modus operandi" de la banda van siendo revelados con todos sus rasgos de crueldad y fría lógica, Luján y Sosa tratan de construir una relación que, de algún modo, les ofrezca la posibilidad de redimirse.

La película tiene dos características por las que no ha terminado de convencerme. Por un lado, un cierto regodeo con las escenas sangrientas que, si bien encuentran justificación en la temática de que se ocupa el argumento, podrían haber tenido un trato menos explícito. Quizá el realizador no se lo ha propuesto, pero esos desbordes me hicieron pensar en una apelación al morbo colectivo. El otro aspecto cuestionable, en parte producto del anterior, es la excesiva lentitud en el ritmo de la narración, lo que por momentos se torna incómodo para el espectador.

Las actuaciones son sólidas, denotando la calidad de la dirección en ese aspecto. A mi me parece que Darín está corriendo el riesgo de encasillarse en el personaje desangelado, que en el fondo es "bueno" pero no puede evitar deslizarse hacia el campo del "mal"; no obstante, su desempeño tiene la solvencia habitual, siendo igualmente buenos los trabajos de la protagonista femenina y el resto del elenco.

En conclusión, creo que Trapero no logra acercarse con este film a los muy altos niveles de calidad que alcanzó en sus dos primeros largometrajes:  "Mundo Grúa" y la recomendable "El bonaerense" (la tercera fue una "road-movie" fallida y olvidable, "Familia rodante", y a las dos restantes no las vi). Si bien ha mantenido aquí la mirada social y el realismo que se destacaban en aquellas obras, su pincel incurre en algunos trazos demasiado gruesos que no favorecen al producto final.

lunes, mayo 17, 2010

La cinta blanca (y el "efecto Gral. Villegas")


En "La cinta blanca", el director alemán Michael Haneke indaga acerca de ciertas características de la sociedad de su país a comienzos del Siglo XX,  que desembocarían en la funesta experiencia nazi. La acción transcurre en 1914 en una pequeña comunidad rural en la que, tras una apariencia pacífica, subsisten lacras de la peor calaña.

La narración, enmarcada en un ascetismo seco que se ve reforzado por la fotografía en blanco y negro, va descorriendo uno tras otro los velos que cubren dramas públicos y privados. Tanto en la relación feudal que vincula al barón propietario de las tierras con los campesinos, como en  la rigurosa pseudomoralina  del pastor o en las perversiones de las que son víctimas los personajes más débiles, subyace una trama de hipocresías asfixiante que el film descubre en forma implacable. Sin embargo, el "discurso" del director no es pretensioso, sino más bien testimonial. La película termina el día en que comienza la Primera Guerra Mundial, pero no muestra qué ocurrió con los protagonistas más adelante. No tiene un desenlace a la manera tradicional, prefiriendo dejar que el espectador saque sus propias conclusiones.

Las mías se orientaron en la dirección del trasfondo hipócrita de una comunidad que terminó pariendo a uno de los totalitarismos más monstruosos de la centuria pasado.

Pocos días después de verla, leí en los diarios las noticias acerca de un suceso acaecido en General Villegas, pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires: un video que circulaba entre teléfonos celulares de esa población, mostraba a una menor de 14 años sometida a abusos de índole sexual por tres varones adultos. Lo más patético aconteció después, cuando a raíz de la intervención judicial ante el flagrante delito cometido, hubo en Villegas manifestaciones... ¡en favor de los abusadores!  Para rematarla, el intendente dijo algo así como que "la chica era medio ligerita". Hoy, mirando por televisión una nota al respecto, con mi esposa no pudimos menos que asociar este acontecimiento con el argumento de "La cinta blanca". Quizá haya sido un exceso de nuestra parte. Quizá no.

jueves, octubre 01, 2009

Roman, que no es Riquelme


Los personajes populares suelen considerar que no los alcanzan las normas que rigen al común de los mortales. Diego Maradona es un ícono de esta "clase", pero no es el único.

La genialidad que estos individuos manifiestan, o que la sociedad les reconoce, en el ejercicio de determinadas actividades, presuntamente los pondría a cubierto de las penalidades previstas para los casos de conductas punibles. De nuevo, la pretensión maradoniana (tantas veces cumplida) es un ejemplo de esto.

En estos días ha resurgido el caso de Roman Polanski, el director de cine franco-polaco, reclamado por la justicia estadounidense.

¿De qué se trata? No es poca cosa. El gran cineasta Polanski, francés hijo de un matrimonio de polacos que sufrió los rigores del nazismo, está acusado de haber violado en 1977 a una niña (esto último, subrayado y en "negrita") a la que antes había suministrado drogas.

Polanski venía de una historia personal compleja, no sólo por su pasado como víctima del nazismo, sino por las consecuencias del episodio que en 1969 culminó con la muerte de su esposa embarazada, la actriz Sharon Tate, a manos del feroz Charles Manson.

Hoy, cuando el sistema judicial estadounidense pretende ajustar cuentas con él, Polanski (de 77 años) ha recibido el apoyo militante de varias personalidades del ámbito artístico muy renombradas, como Woody Allen, Wim Wenders y Terry Gillian, nada menos.

La pregunta es: ¿hasta dónde puede llegar la "corrección política"? El tipo drogó y violó a una criatura de... ¡13 años!

Hacete cargo, Roman.

domingo, septiembre 13, 2009

Cine en cines

Un viaje a Buenos Aires me posibilitó despuntar el vicio del cine visto en cines, algo que para los residentes en Ushuaia (donde hay sólo una sala) suele ser difícil, por lo que debemos recurrir al DVD. Aquí van mis impresiones.

  • El secreto de sus ojos


A esta altura de su trayectoria ("El mismo amor, la misma lluvia", "El hijo de la novia", "Luna de Avellaneda" son sus principales obras) José Luis Campanella es casi una garantía de cine bien hecho, rico en contenido y, además, entretenido, una amalgama no muy frecuente. Me corrijo: no sólo en cine aflora su gran calidad artística, ya que también está presente en la magnífica serie televisiva "Vientos de agua".

"El secreto de sus ojos" es un thriller que se puede abordar desde varios ángulos. La indagación de una intriga policial, que tiene como telón de fondo una historia de amor postergado entre los protagonistas del film, es relatada con admirable precisión, sin baches ni desbordes. El recurso al flashback (el crimen y la investigación original ocurren en 1974, y una nueva investigación comienza veinte años más tarde) es utilizado con maestría, e incluye una impecable reconstrucción de época. Hay alardes de producción llamativos tratándose de cine argentino, como la secuencia en el estadio de Huracán en que Darín y Francella buscan al criminal entre el público asistente a un partido de fútbol.

Los vínculos entre los dos personajes centrales, actuados por Ricardo Darín y Soledad Villamil, no constituyen la única apelación a la cuestión del amor, ya que está también el perenne sentimiento que siente por su mujer (una joven actriz llamada Carla Vázquez) víctima del asesinato, el viudo protagonizado por Pablo Rago. Todas las actuaciones, incluyendo las de Guillermo Francella y la del actor español Javier Godino, así como las del resto del elenco, son muy convincentes.

Cumpliendo la ley del thriller, la trama da un par de giros sorpresivos en sus últimos tramos. El trasfondo de la grave situación política del país (el apogeo del lopezrreguismo durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón) aparece sin caer en el panfleto. El final es, en cierto modo, "feliz", pero no hay por qué cuestionar esto: como dice la letra de Serrat, "de vez en cuando la vida toma contigo un café".

  • Anita

Desde que concí su maravillosa "Elsa & Fred" me convertí en admirador del director Marcos Carnevale. Hay que destacar mi fidelidad, ya que hasta ahora era la única película de su autoría que había visto.

"Anita" lo vuelve a acreditar ante mis ojos como un artista de fina sensibilidad. Así como en la obra anterior había logrado que viéramos a la querible octogenaria China Zorrilla como una diva brillante en la Fontana de Trevi, aquí nos entrega sentimiento puro y una actuación sorprendente de Alejandra Manzo en el personaje protagónico, una chica con sindrome de Dawn.

La anécdota gira en torno a las penurias de Anita luego del brutal atentado contra la sede de la AMIA en Buenos Aires, ocurrido en 1994, en el cual fallece su madre (Norma Aleandro). Incapaz de comprender lo que sucede, ella deambula totalmente desprotegida, conectándose con un fotógrafo que se derrumba entre el alcohol y el drama de una pareja destruida (Luis Luque), quien termina abadonándola ante su imposibilidad de contenerla. Tras otros duros avatares, encontrará a una enfermera que vive en un barrio muy humilde (Leonor Manso), que se transformará en su protectora.

Es una película conmovedora, que logra denunciar sin acudir a golpes bajos, y con muy buenas actuaciones.

  • Cocó antes de Chanel



La moda, según los entendidos, tuvo un antes y un después de Cocó Chanel, una diseñadora francesa. Pero parece que hubo también un "antes de Chanel", el período de su vida que transcurrió a partir de una niñez en la que sufrió, junto con su hermana, el abandono de sus padres, hasta que comenzó a hacerse conocer en el mundo de la alta costura.

Aunque la trama se desarrolla con fluidez, las actuaciones son sólidas (está muy bien Audrey Tautou) y hay una buena fotografía, el producto considerado en su conjunto no terminó de convencerme. En líneas generales, no me parece que la directora Anne Fontaine haya logrado reflejar el espíritu innovador del personaje central, si es que ese fue su propósito. Algo falló, en mi humilde opinión.

sábado, julio 25, 2009

La visita de la banda


La banda de música de la Policía de Alejandría llega a Israel, invitada a dar un concierto en un centro cultural árabe. Pero por fallas burocráticas y un mal entendido idiomático, sus integrantes aparecen en un perdido pueblo del desierto, donde deberán arreglárselas hasta que -al día siguiente- un vehículo de la embajada egipcia los traslade a la localidad apropiada.

En la película, opera prima del israelí Eran Kolirin, se adivina un bajo presupuesto que, sin embargo, no conspira contra la calidad de la filmación). La trama gira en torno a esta simple anécdota, enfocando la lente no en las cuestiones políticas que separan a árabes e israelíes, sino en las que los unen en tanto seres humanos (nada menos).

Tawfik, el director de la banda, hombre recto y mesurado, organiza el alojamiento y la comida para sus músicos negociando con Dina, la dueña del único restaurante del pueblo. Él no habla hebreo, ella tampoco entiende el árabe, pero ambos se proponen y logran comunicarse en un inglés rudimentario. Así, los visitantes se distribuyen en dos o tres lugares y se disponen a esperar que transcurran las horas.

Lo que sigue relata la forma en que esas personas van conociéndose y, en forma paulatina, aceptándose y entendiéndose. Aparecen los problemas y las emociones de adultos y jóvenes, las frustraciones y las esperanzas, las alegrías y las tristezas. Todo retratado con admirable precisión, sin desbordes ni golpes bajos, haciendo gala de una sensibilidad notable no exenta de buen humor. La música, asimismo, resulta reivindicada en su carácter de lenguaje universal.

Me resultó muy interesante el abordaje del director. Lo que todos conocemos acerca de la relación entre Israel y sus vecinos se relaciona con las decisiones de sus dirigentes y la milenaria profundidad de sus desencuentros, así como con las trágicas consecuencias de ello. Esta película -quiero insistir con esto- se ocupa de lo contrario ("Todas las chicas estábamos enamoradas de Omar Shariff", le dice Dina a Tawfik en tren de confesiones), y por esa vía consigue convertirse en una obra excelente.

viernes, julio 10, 2009

Visita inesperada


Creo que "The visitor" (tal su título original) es una joyita del cine independiente estadounidense, por varias razones.

Un tramo de la anécdota me hace acordar a la de "La tregua", aquella excelente película de los años setenta dirigida por Sergio Renán: un hombre maduro que, tras enviudar, apenas soporta su soledad y la monotonía de un trabajo que desde hace tiempo no le interesa. Richard Jenkins compone en forma brillante a ese aburrido profesor de economía en una universidad de Connecticut, mediante una magnífica sucesión de miradas, pausas y gestos leves que trasuntan con admirable precisión la profunda tristeza y la falta de ilusiones que embargan al personaje.

Walter Vale, el profesor, se ve obligado a trasladarse por unos días a Nueva York para presentar un "paper" debido a que una colega no puede hacerlo. Se alojará en un departamento de su propiedad al que no va desde hace tiempo. Cuando entra, se topa con una pareja de inmigrantes ilegales, un joven sirio, Tarek, y su mujer senegalesa, a quienes un estafador les ha "alquilado" el lugar. Tras el obvio "shock" del inesperado encuentro, logran dialogar y Vale acepta que se queden allí por unos días.

La relación entre ellos va creciendo, hasta que el muchacho es detenido por la policía en el metro y su situación empieza a complicarse, ya que corre peligro de ser deportado. El profesor se involucra en el caso, y lo hace aún más cuando a los pocos días conoce a Mouna, la madre de Tarek que ha viajado para tratar de ayudar a su hijo.

La compleja problemática del inmigrante, acentuada tras la paranoia derivada del 11-S, es uno de los ejes del film, que aborda la cuestión sin siquiera rozar lo panfletario. El otro centro creo que es la fuerza de la comunicación entre personas que provienen de ámbitos muy distintos, con profundas diferencias culturales, en la medida en que consiguen escucharse. También está el tema del amor, que resultará para Walter una especie de tregua.

Cabe destacar que, así como es excelente la actuación de Jenkins, es muy bueno el desempeño del resto del elenco, en especial el de Hiam Abbass, una actriz nacida en Nazaret, en el papel de Mouna. En esto hay, por supuesto, un gran mérito del director, Tom McCarthy, que es también el autor del guión.

El desenlace no es complaciente, redondeando una obra muy recomendable.

lunes, mayo 11, 2009

Entre los muros


Esta excelente película es la segunda del director francés Laurent Cantet que vi; la anterior fue la magnífica "Recursos humanos", sobre las consecuencias que la nueva economía global (fue estrenada en 1999) estaba provocando en el mercado laboral.

Aquí el realizador vuelve a demostrar su capacidad para dar testimonio sin caer en el panfleto, construyendo una obra en la que no hay una anécdota central ni, mucho menos, una moraleja. En cambio, la película expone las diferentes aristas de la relación entre los alumnos y los docentes de un colegio medio, en un barrio parisino con una alta proporción de familias inmigrantes. Allí, entre los muros del aula, se reproducen las características de la casi turbulenta realidad social francesa presente, signada en gran medida por lo que se ha dado en llamar la multiculturalidad.

A los componentes esperables (el cuestionamiento de los chicos a casi todo lo que se les enseña, los problemas de profesores y autoridades para mantener el siempre deseable equilibrio, etc.) se agrega la particular temática de la migración. Uno no puede menos que pensar en las mutuas dificultades para relacionarse que enfrentan los educadores y ese grupo de muchachitos, incluyendo a sus padres, muchos de los cuales a duras penas logran expresarse en la lengua del país (y están los que no la hablan ni la entienden).

La trama del film se desarrolla entre el comienzo y el fin de un período lectivo, y su génesis tiene algunos aspectos curiosos. Está basado en el libro de Francois Bégaudeau, que en la vida real es un docente de lengua francesa, quien además, asume el papel protagónico junto con sus propios alumnos. El director, por otra parte, es vecino del barrio donde está el establecimiento.

Una obra muy recomendable, por donde se la quiera analizar.

martes, abril 07, 2009

Hoy, doble función


Slumdog Millonaire me resultó una película contradictoria. Según parece, su estilo es una suerte de tributo al llamado cine de Bollywood (sobre lo cual no puedo opinar, ya que no vi ninguno de esos films), y de hecho la acción transcurre en Mumbai, nombre actual de Bombay (la denominación "Bollywood" proviene de la simbiosis entre las palabras Bombay y Hollywood). Asimismo, contiene numerosas secuencias musicales, lo cual es una marca de fábrica de ese tipo de cine de la India.

Cuando terminé de verla, me sentí impactado por el despliegue visual con que se sostiene el aspecto testimonial de la obra. La crudeza de las numerosas escenas que describen la miseria imperante en el país y la evolución de los últimos años, a las que se agrega el ritmo que el director Danny Boyle imprime al relato, configuran prima facie un producto interesante.

Pero cuando analicé un poco más el conjunto, tuve la sensación de que la obra hace demasiadas concesiones para arribar a un formato hollywoodensemente correcto. La anécdota del joven marginal que llega a las puertas de la fortuna, presentándose en un programa televisivo de preguntas y respuestas en el que va escalando posiciones porque sucesos de su azarosa vida le proporcionan las contestaciones correctas, suena a cuento de hadas o, para estar más a tono, a leyenda de "Las mil y una noches".

No es que pretenda cuestionar esto último, ya que como bien señala un amigo mío, el cine es en esencia un entretenimiento. Pero si la intención fue pulsar la cuerda de la alegación social, la película está muy lejos de, por ejemplo, la excelente "Ciudad de Dios".

***



Ver Milk, sobre la vida de un militante homosexual estadounidense de los años setenta, vale la pena aunque sólo sea por la magistral actuación de Sean Penn. Lo había visto en otros papeles ("Mi nombre es Sam", "Río Místico", "La intérprete") y siempre me pareció un muy buen intérprete, pero aquí creo que alcanza un nivel superlativo.

El personaje principal decide, a sus cuarenta años, dejar atrás su oscura vida en Nueva York para radicarse en San Francisco con su pareja, instalándose en un barrio con una importante comunidad gay. Los avatares de la discriminación que sufre lo impulsan a llevar sus reivindicaciones al terreno político, hasta terminar postulándose a un cargo de concejal al que accede sólo después de varios intentos.

La película brinda una visión de la importancia que la actividad política adquiere para el ciudadano común en los EE. UU. Aunque no escapa a los cánones tradicionales del cine testimonial, resulta interesante sin llegar, creo, al nivel de un producto memorable, salvo por la mencionada actuación del protagonista.

domingo, febrero 15, 2009

La escafandra y la mariposa


Esta magnífica película francesa refleja una historia real, que su protagonista convirtió en el libro que le sirve de base al guión.

A los 42 años la vida parece sonreírle a Jean Dominique Bauly. Es un periodista exitoso (editor-jefe de la famosa revista parisiense "Elle"), planea escribir un libro y vive un intenso romance con una mujer más joven, por la que se ha separado de su esposa, con la cual tiene tres hijos. Pero eso que los médicos llaman "un accidente cerebro-vascular" lo expulsa de modo abrupto de tan cómodo escenario.

Despierta en un lugar de rehabilitación cerca de la costa de Calais, paralizado de pies a cabeza: está imposibilitado de hablar, respira con ayuda mecánica y ni siquiera puede comer. El neurólogo le da una cruda descripción del cuadro que no avala el optimismo que él mismo intenta transmitirle.

El único resquicio que le ha dejado la incapacidad motriz es su ojo izquierdo, que gracias a un novedoso sistema desarrollado por una de las terapeutas que lo asisten, se convertirá en la herramienta de comunicación de una mente que no ha sufrido daño alguno.

Lo notable de la película es que la trama se va desarrollando desde la perspectiva del protagonista, quien relata sus vivencias al espectador con su voz en off. Apresado en un cuerpo que siente como una escafandra que lo mantiene hundido en el fondo del mar, Jean Dominique comprende que tiene dos elementos para sobrevivir: su imaginación y su memoria. Ellas lo convertirán en la mariposa que saldrá a sobrevolar su pasado y lo ayudará a vivir su presente. De tal modo, supera la autoconmiseración inicial y simplemente, vive la vida en la forma en que le ha tocado. Termina escribiendo un libro, que dicta a una asistente mediante el parpadeo de su ojo.

El director Julian Schnabel no sólo evita caer en el dramón lacrimógeno, sino que construye una obra memorable, describiendo ese tremendo drama humano con pinceladas de humor y una gran belleza visual. Las actuaciones son excelentes, empezando por la del protagonista Mathieu Amalric.

Creo que es una verdadera joya, imperdible.

domingo, febrero 01, 2009

Mi hermano es hijo único


Esta es una película italiana que al momento de su presentación en los cines de la Argentina, fue bastante mimada por la crítica. La idea ha sido retratar a la sociedad italiana de los años sesenta y principios de los setenta (del siglo pasado), que estaba muy polarizada en términos políticos, enfocando a una familia obrera de Sabaudia, pequeña ciudad situada unos 100km. al sur de Roma que fue construida a principios de la década de 1930 por el gobierno de Mussolini.

Los conflictos entre Accio, un joven algo violento que simpatiza con el neofascismo del MSI, y su hermano mayor Manrico, militante del PC que se convierte en el líder combativo de los obreros de la única fábrica del pueblo, son planteados como una metáfora de las confrontaciones sociales de la época. La figura de Francesca, la novia de Manrico de la que Accio se enamora, aporta el componente romántico.

Uno siente que la película amaga sin concretar, porque no termina de delinear a los personajes ni de redondear la argumentación. Da la impresión que el director trata de mostrar que las diferencias, en apariencia muy profundas, pueden terminar siendo puntos de contacto, pero creo que no lo logra. La trama se desarrolla de una manera bastante desvahída e inconexa, desembocando en un desenlace que me pareció forzado.

El producto, en suma, es bastante flojo.

domingo, octubre 19, 2008

Sábado a la noche, cine

En este fin de semana, hago una pausa con el tango y dejo mis comentarios sobre dos interesantes películas.


Tengo para mí que un buen western siempre resulta en un grato momento para todo cinéfilo. Y "Entre la vida y la muerte" lo confirma

La película es entretenida, contiene todos los elementos clásicos del género y cuenta con el soporte de un elenco muy solvente y una buena dirección. El excelente Ed Harris, que además es el director, compone a uno de los protagonistas con una economía de gestos muy apropiada para su sheriff expeditivo y simplón. Su fiel asistente es encarnado por un Viggo Mortensen capaz de transmitir en forma notable, sólo con sutiles miradas y silencios, las vivencias de su personaje, mientras que Renée Zelwegger está muy bien en su papel de una muchacha que sobrevive como puede en un medio social tan árido como el ámbito geográfico. Mención especial para el gran Jeremy Irons en su rol de villano execrable.

Me acuerdo de las palabras con que comenzaba la legendaria serie televisiva de vaqueros "El Cisco Kid" que jamás me perdía al volver de la escuela: esto es aventura, esto es romance. Creo que sintetizan lo que un western debe tener, y este lo tiene.

* * *


Esta película sobre la vida de la cantante francesa Edith Piaf centra su foco en el ser humano, antes que en el mito. Se ocupa, entonces, de su infancia y adolescencia desgraciadas en un entorno social complejo, de su búsqueda del amor, de su necesidad -compartida con tantos otros genios torturados- del reconocimiento de sus contemporáneos. En este último aspecto no le fue mal, por cierto, ya que el público, y en especial el francés, la elevó a la categoría de ídolo indiscutido.

El guión elije a su relación con el boxeador francés Marcel Cerdan como la que marcó la huella más profunda en la vida sentimental de la Piaf, que en la vida real tuvo numerosos amantes, entre ellos a Yves Montand, Georges Moustaki y Charles Aznavour, quienes aquí no aparecen mencionados. Tampoco hay referencias a la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando existen testimonios de que "el gorrión de París" colaboró con la resistencia.

El film se desarrolla sobre la base de una serie de continuos "flashbacks" que a veces amenaza con desconcertar al espectador, pero la trama está bien descripta. De paso, ese ir y venir en el tiempo permite apreciar el fenomenal desempeño de la protagonista Marion Cotillard, cuyas sucesivas caracterizaciones y la carnadura que da al personaje me parecen de lo más destacable de la película. De hecho, la Piaf de la temprana decadencia (murió a los 47 años, estragada por una cirrosis y su adicción a la morfina) está compuesta por la actriz con una intensidad que impresiona.

sábado, septiembre 27, 2008

Motivos para no enamorarse


Una comedia romántica argentina sin, creo, otras pretensiones que entretener, cosa que logra. Me apresuro a aclarar que la frase anterior no tiene el menor sentido peyorativo, sino todo lo contrario: después de todo, el cine es en esencia un entretenimiento. Los mensajes, los testimonios y -por qué no- las protestas tienen buena cabida en su formato, y hay grandes obras que así lo demuestran, pero sostengo que no todas las películas están obligadas a ser profundas elucubraciones intelectuales.

Este film cuenta con un atributo muy importante, como son las actuaciones del dúo protagónico. Jorge Marrale exhibe otra vez sus cualidades actorales y, en especial, esa ductilidad que lo hace creíble tanto en la densidad de los papeles más dramáticos como en la agradable levedad de las comedias. Celeste Cid encaja perfectamente en su personaje de joven empeñosa y buena gente, que viene de una sucesión de fracasos sentimentales que le hacen pensar que ella es la culpable de sus frustraciones. El resto del elenco (Ranni, Laura Azcurra y una muy solvente Mónica Gonzaga a la que me costó reconocer: el tiempo pasa...) también se luce.

La aparición de cada uno en la vida del otro, de un modo sorprendente, representa para ambos la posibilidad de torcer la historia. La diferencia de edad es un obstáculo, sobre todo en la opinión del lastimado personaje de Marrale. Ella, en cambio, se muestra decidida y exenta de especulaciones de cualquier naturaleza.

El producto tiene un final quizá algo... fantasioso o edulcorado, que no invalida su buen resultado global.

En su rubro, me pareció bastante más interesante que su contemporánea y ultrapromocionada "Un novio para mi mujer", además de mejor dirigida y actuada.

jueves, septiembre 11, 2008

4 meses, 3 semanas, 2 días


Es esta una película rumana que aborda un tema complejo, el aborto, con un objetivo particular. No hay en ella un mensaje moralista, ni tampoco rebelde. Se trata, según parece, de describir la época de la dictadura comunista de Ceaucescu en ese país (la acción transcurre en 1987) mediante la narración de episodios de la vida del ciudadano común. La película es la primera de una trilogía que tiene ese propósito.

El relato es en extremo austero: ni siquiera tiene el aditamento de la música. Secuencias prolongadas, dialogos simples, y sin embargo el interés para el espectador no decae. Es, después de todo, una historia de vida. Dos jóvenes universitarias que viven en una residencia estudiantil son las protagonistas. Una de ellas, embarazada, decide abortar y requiere la ayuda de su compañera. El aborto es ilegal, de manera que las dos chicas ingresan en una zona de riesgo.

Un tema fuerte y controvertido sobre el cual, repito, el director no toma partido. En la atmósfera chata de la sociedad de la época, conviven jóvenes solitarios y desorientados con adultos encerrados en sus burbujas.

Algunos aspectos de la vida no difieren demasiado de un lado a otro del mundo, ni se han modificado con el paso del tiempo y los cambios politicos.

sábado, agosto 16, 2008

El cocinero sueco

De chico, los dibujos animados me fascinaban. De Mickey y el Pato Donald al Pájaro Loco, de Tom & Jerry a Popeye (¡qué mina infiel, esa flaca insulsa de Olivia!), pasando por las antiquísimas Sinfonías Tontas y la no menos antediluviana Betty Boop, aquellos fantásticos personajes en blanco y negro me esperaban cada tarde a la vuelta del colegio.

Muchos años después, una de las cosas que más me gustaban era compartir con mis hijos
un buen rato frente a la tele, disfrutando de los "abujitos" (como les decía Laura en su media lengua de entonces).

En esa época descubrí a los Muppets, con la Rana René y la casquivana Piggy a la cabeza. Una fiesta de talento y creatividad, a mi modesto entender.

Para el finde, les dejo este video de un personaje desopilante de aquella troupe, el Cocinero Sueco, algo así como una mezcla -en versión titiritera- del "Nerviosán" del gran Pepe Iglesias, "El Zorro" ("Yo les sirvo a todos desde acá") y del delirante cocinero que interpretaba Alberto Olmedo.


lunes, julio 28, 2008

Ricordati di me


La mirada sobre una familia de clase media más o menos acomodada, parece ser una tendencia predominante del cine italiano. Tiendo a encasillar en esa línea a "Ricordati di me" (Acuérdate de mi) , que alquilé este fin de semana, una película sustentada en la solvencia de un elenco que hace gala de un muy buen desempeño. Esto último, pese a que la dirección de Gabriele Muccino por momentos parece extraviar el rumbo.

Carlo (Fabrizio Bentivoglio) y Giulia (Laura Morante) conforman un matrimonio de cuarentones (largos) que ha perdido "el fuego sagrado". Cada uno a su manera, cargan con sus frustraciones y con unos empleos que ya no soportan: él quería ser novelista y ella actriz, pero nada de ello ocurrió. Sus hijos adolescentes quizá padecen las consecuencias de esas insatisfacciones. Valentina (Nicoletta Romanoff) sueña con llegar (casi a cualquier costo) a la televisión, mientras Paolo (Silvio Muccino) oscila entre la inseguridad y el ninguneo que le propina una muchachita progre a la que pretende.

Allá por la mitad del film, o un poco más, el relato -que venía bien- incurre en una cierta morosidad y tropieza con algunos baches, pero luego se recupera. Carlo y Giulia, cada uno por su lado, tienen la oportunidad de acceder a una tregua (Benedetti/Renán dixit): él, reencontrándose con un viejo amor, Alessia (Mónica Bellucci); ella atreviéndose a formar parte como actriz de un grupo de teatro independiente.

En el último tramo el director se reivindica, ya que la anécdota -que parece apuntar a un edulcorado final feliz- da un vuelco cuando un llamado telefónico de Carlo a Alessia plantea otro, abierto.

Buenas actuaciones, repito, que justifican una recomendación para el producto final. Con un plus que uno no puede evitar mencionar, asumiendo el riesgo de ser tildado de machista: las figuras de Laura Morante y Mónica Bellucci, bellísimas. Después de todo, ello confirma otra característica histórica del cine peninsular...

viernes, junio 27, 2008

El sueño de Cassandra


"El sueño de Cassandra" es una película sobre los principios morales. O, dicho de otro modo, sobre los riesgos de trasponer un límite más allá del cual no existe camino de retorno. La anécdota se centra en los apuros económicos que, por distintos motivos, acucian a dos jóvenes hermanos. De un modo casi impensado, ellos se verán compelidos a cometer un crimen por encargo, perspectiva que los sume en profundas crisis y contradicciones.

La atmósfera del film es densa, por momentos irrespirable. Como en "Match Point", los acontecimientos se van concatenando de manera casi inevitable, hasta llegar al desenlace trágico. No hay rastros del clásico humor de Woody Allen, que en esta etapa de su carrera ha acentuado una mirada ácida de la realidad. Lo que permanece es la mano maestra con que sabe conducir el relato. Las actuaciones de Ewan Mac Gregor y Colin Farrell (en especial, la de este último) son muy buenas.

Creo que esta tercera película de la trilogía que filmó en Gran Bretaña entre 2005 y 2007 (y que sigue a la olvidable "Scoop"), nos devuelve a los admiradores de Woody las pinceladas de su gran talento.

miércoles, abril 09, 2008

Muerte en un funeral


Los ingleses suelen tener una admirable capacidad para hacer un humor disparatado sin caer en el desborde. Quizá sea un asunto emparentado con la legendaria flema británica, o -andá a saber- por ahí les sale de casualidad. Pero sus películas humorísticas se distinguen por sus claves tan diferentes de las italianas, por ejemplo, a las que por otra parte el desborde, de Totó y Alberto Sordi para acá, les cae muy bien. ¿Cuestión de idiosincracia?

El precedente desvarío pseudosociológico se debe a que vi "Muerte en un funeral", del director Frank Oz, que es una excelente oportunidad para pasar un momento agradable, riendo con ganas con un film muy bien hecho.

Muere un sexagenario (como diría un cronista policial) respetable de clase media-alta y su hijo organiza el funeral. En un ambiente obviamente formal los contrastes se dan desde el principio (cuando la empresa fúnebre lleva a la casa un ataúd con un muerto equivocado), prologando una sucesión de disparates que se encadenan con notable precisión. La anécdota no decae en ningún momento y los personajes se van delineando con acierto, hasta que aparece uno muy especial que amenaza con devastar la imagen patriarcal del finado.

La película está muy buena, y logra concretar lo que tal vez haya sido la única y nada fácil pretensión del director: hacer reír a sus espectadores.

sábado, marzo 29, 2008

Caramel



Uno concurre al cine con ciertas expectativas, que son en definitiva las que motivaron la adquisición de la entrada. En este caso, por tratarse de una película libanesa (la primera de ese origen que he visto), yo esperaba algún trasfondo relacionado con la violencia que está asolando a ese país, y que aportara datos para tratar de comprender un poco la situación. Pero el producto es bastante más interesante que eso.

El ámbito central del filme es una peluquería del Beirut actual, en torno a la cual transcurren las vidas de cinco mujeres diferentes entre sí, pero marcadas por las características de su entorno social. La dueña, una mujer cristiana que mantiene una relación con un hombre casado; su joven empleada musulmana que, a punto de casarse, afronta el problema de no ser virgen, cosa que su prometido ignora; una asistente que está descubriendo su homosexualidad; y otra, separada y con dos hijos, que se esfuerza por demostrar por cualquier medio que aún es joven. Enfrente, vive una costurera de unos sesenta y pico de años, que sacrificará su última oportunidad de vivir el amor por cuidar a su hermana, anciana senil.

Tabúes, conflictos, tradiciones, son mostrados por la cámara inteligente de la directora y actriz protagónica, Nadine Labaki. Llama la atención comprobar que cristianos y musulmanes conviven sin problemas, así como que las jóvenes de esta última religión no son obligadas a usar el velo. La imagen que se transmite al espectador es la de una sociedad con rasgos modernos en un contexto todavía dominado por convenciones muy arraigadas.

El ritmo que impone Labaki a la película es, al mismo tiempo, moroso y ágil: la mirada se detiene el tiempo necesario en algunos tramos, y en otros la descripción es concisa y rápida.

Historias sencillas de vidas comunes y corrientes, un tipo de cine que me gusta mucho, y que aquí está muy bien logrado. Las actuaciones son excelentes, denotando el buen pulso de la directora.

P.D 1.: El título se debe a la mezcla de azucar y agua que las mujeres usan en el Líbano para depilarse (uffff!).

P.D. 2: También vi "Promesas del Este", con Viggo Mortensen, pero prefiero olvidarla...

jueves, febrero 28, 2008

Lejos de ella



La opera prima como directora de la actriz canadiense Sarah Polley induce a pensar que habrá que seguirla en el futuro. Es que se trata de una película sólida y al tiempo sutil, con un estilo de narración que denota una gran sensibilidad y una prescindencia total de los golpes bajos a los que el tema podría haberla inducido. No hay aquí un melodrama lacrimógeno, apenas una historia de vida, con todo lo que ello significa.

Fiona y Grant han estado casados por 44 años, se llevan bien y disfrutan de un buen pasar luego de jubilarse como docentes (una de esas cosas que sólo suceden en el primer mundo y en Tierra del Fuego). A los sesenta y pico, honran la buena mesa en compañía de amigos y gozan del esquí de fondo sobre los prados que están detrás de su acogedora cabaña de madera. Sus vidas transcurren de modo apacible, hasta que algunas acciones de ella se convierten poco a poco en señales preocupantes: su memoria "de corto plazo", falla...

Fiona primero sospecha, luego se informa y por fin comprende lo que le está pasando. El mal de Alzheimer avanzará inexorablemente. Su mundo y el de Grant están a punto de estallar en pedazos.

Hay unos desempeños actorales formidables, monumentales. Julie Christie, con un compendio de gestos exactos pero sin un gramo de sobreactuación, transmite con justeza el drama de una mujer que -como ella misma dice- no está ida, sino que se está yendo. Gordon Pinset es capaz de expresar con una mirada o un silencio la gigantesca dimensión de la angustia que lo está devastando. Olimpia Dukakis y el resto del elenco muestran solvencia y confirman la calidad de la dirección.

La historia no termina "bien", como era de esperar. El valor de la película está en el desarrollo de la trama, en la forma en que cuenta los profundos cambios que experimentan las vidas de ambos protagonistas, quienes nada pueden hacer para impedirlos. El entorno invernal es un marco y un símbolo. En determinados momentos parecerá que cada uno encuentra un refugio, pero se tratará de meras treguas.

Diría que si tu estado de ánimo está un poco devaluado, te convendría esperar un poco para verla. Pero, una vez apreciado, buscala porque vale la pena.