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domingo, diciembre 04, 2011

Tristeza não tem fim: murió Sócrates

De tanto regodearse con el recuerdo de la formidable selección brasileña de 1970 (la de Pelé, Tostao, Rivellino, Jairzinho y Clodoaldo), uno comete la injusticia de olvidar a otro maravilloso equipo de ese origen: el que participó del Mundial de 1982, dirigido por Telé Santana.

La imprevisibilidad del fútbol es quizá uno de sus principales valores, o al menos el que lo torna tan atractivo. No siempre los mejores ganan, y en los Mundiales ello ha ocurrido varias veces. Por ejemplo, en 1954 y 1974, cuando los húngaros (de Albert y Puskas) y los holandeses (de Cruyff) perdieron respectivamente las finales ante las sólidas maquinarias de Alemania Federal.

Algo parecido pasó en 1982, pero aquel equipo brasileño ni siquiera llegó a semifinales, siendo eliminado en la segunda fase (tras dar cuenta, casi con facilidad, de la Argentina de Kempes y Maradona) por la Italia de Paolo Rossi, que sería  el campeón venciendo, al fin, a los alemanes. Sin embargo, la memoria siempre rescatará el maravilloso juego desplegado por aquellos artistas verdeamarillos: desde el marcador lateral Junior hasta el puntero Eder, pasando por los mediocampistas Sócrates, Falcao y Zico, verlos jugar era como escuchar a una maravillosa orquesta.

Flaco, alto y desgarbado, con más pinta de vendedor playero de artesanías que de jugador, Sócrates era el estratega del cuadro. Su muerte, ocurrida hoy en Sao Paulo, no puede menos que entristecer a quienes amamos el fútbol.

Para recordarlo con nostalgia,  en sus mejores momentos junto a sus compañeros de aquel "dream team", P & M deja aquí este video.



domingo, julio 10, 2011

Bancando a Messi



Si hace un mes alguien nos hubiera dicho que íbamos a depender de un triunfo ante Costa Rica para pasar de la primera ronda en la Copa América, la reacción previsible hubiera sido una carcajada. Pero, justamente, la imprevisibilidad es la esencia del fútbol y lo que lo convierte en un espectáculo apasionante.

Así estamos los futboleros argentinos hoy: esperando con más temor que el que nos gustaría confesar, ese partido decisivo contra un rival que en otras circunstancias no nos preocuparía ni un poquito. Esperando no terminar todos como el Tano Pasman, machacando un angustiado "Estamos fuera de la Copa" con un nudo en el pecho.

Pero yo creo que si ocurre lo que menos deseamos y más tememos, la peor consecuencia de la derrota no sería la eliminación ni la defenestración de Batista (antes bien, esta última sería un beneficio colateral). Lo terrible, lo verdaderamente catastrófico sería que Messi, harto de tanta argentinidad al palo, jure no volver jamás a vestir la celeste y blanca, dedicándose por el resto de su carrera deportiva a disfrutar de la admiración y el agradecimiento popular que sus maravillosas condiciones generan en el resto del mundo.

Porque, como decía el personaje que en el memorable "Todo por dos pesos" jugaba Fabio Alberti, ¿qué nos pasa a los argentinos? ¿Estamos locos?

No cabe duda que esta selección argentina tiene, según apuntó un bloggero ingenioso, menos fútbol que la infancia de Borges. Que no devuelve con juego y/o resultados, ni en una  mínima proporción, el fervor desbordante de sus sufrientes hinchas. Que se desinfla a los veinte minutos de cada partido, como un noqueador que no consigue conectar su mano en los dos primeros rounds para ver, desconcertado, cómo el  rival poco a poco le va perdiendo el miedo y termina sopapeándolo.

Pero lo que me parece incomprensible es que el disgusto por esa realidad, se exprese centrando la crítica casi en forma exclusiva en la figura de Messi, con cuestionamientos que del plano futbolístico llegan hasta una supuesta falta de patriotismo (¿¿??) y otros disparates por el estilo (como la crítica porque no canta el himno). Le reclaman una supuesta falta de actitud al tipo que, multimillonario y mimado en Europa, viene aquí por ninguna otra cosa que la gloria, o el reconocimiento de los que él, a pesar de todo, reconoce como sus compatriotas.

Es cierto que el fútbol se analiza en clave emocional antes que por medio de la razón, pero muchos que silban e insultan a Messi en las tribunas, en los talleres y oficinas, en las mesas de café y en esas cloacas modernas que son los foros de Internet, idolatran a Riquelme, incapaz de ponerse al hombro al seleccionado de Pekerman y renunciante a la camiseta para evitarle disgustos a su madre. O a Tévez, quien (además de  fallar el remate que pudo liquidar el partido contra Alemania en 2006), en general en la selección ha aportado tan poco como Messi, amén de que hasta ahora en la Copa no ha hecho otra cosa que embarullar los avances y chocar contra los adversarios. Pero, es Carlitos, "el jugador del pueblo".

El fútbol es un juego de equipo y el rendimiento de los jugadores se va contagiando. Si el conjunto funciona, las individualidades encuentran el contexto para destacarse. No hablo del Barcelona multicampeón, lo que sería obvio. Me refiero, sin ir muy lejos, a la selección paraguaya que ayer vapuleó a Brasil, en la que un menos que discreto carrilero zurdo que pasó sin pena ni gloria por Newell's, Estigarribia, eludió cuantas veces quiso al mismísimo Dani Alves que la rompe cuando usa la blaugrana. Y un Aureliano Torres, que en el desorientado San Lorenzo de Ramón no pasó de la medianía, se bancó sin problemas al promocionado Neymar. Claro, Paraguay es un equipo ordenado, con lo que antiguamente llamábamos una línea de juego. Del otro lado, estuvo el ejemplo contrafáctico: Brasil fue apenas una suma de individualidades inconexas, en la que Alves no contó con socios que lo acompañaran y lo relevaran como en el Barça.

Zanetti es el capitán e ícono del multicampeón Internazionale, donde Cambiasso también brilla desde hace años. Mascherano se ganó en menos de un año la idolatría de la hinchada del Barcelona, que si de algo puede alardear es de su paladar negro. Lavezzi, en Nápoles, equivale a Gardel, Le Pera y los guitarristas. El Pipita Higuain y Di María son figuras en el Real Madrid. Los del Atlético aman sin condiciones al Kun Aguero. Ninguno de ellos, ni Messi,  "necesita" a la selección. Concluir que el equipo juega como juega porque no están comprometidos o no tienen "actitud" es insostenible.

La situación actual es lamentable, ante todo, porque una generación de jugadores de alto nivel, no ha contado -con Maradona como con Batista-  con una conducción competente. Grondona, entre sus muchos desatinos, ha cometido los de nombrar a sendos DT sin antecedentes, y así nos va.

Pero, se trata de fútbol. Mañana, todo puede cambiar.   

miércoles, abril 13, 2011

Vamos a volver

Una mezcla de impericia propia (los desatinos de los dirigentes y la apatía de los socios) con maniobras turbias de un gobierno de facto (las presiones que a partir de 1979 ejerció el intendente de la Capital Federal, Osvaldo Cacciatore) hizo que mi querido San Lorenzo de Almagro perdiera su estadio, el mítico "Gasómetro". Estaba ubicado en el corazón del barrio de Bodeo, en un predio que el club terminó enajenando a favor de una empresa fantasma y a cambio de un precio vil,  y que pocos años más tarde fue comprado por una cadena internacional de supermercados, a valor real. El supuesto "reordenamiento urbanístico" alegado por Cacciatore nunca se llevó a cabo; en cambio, alguien hizo un suculento negocio inmobiliario y el barrio se quedó sin su ícono máximo.

San Lorenzo descendió de categoría en 1981 pero al año siguiente la recuperó, tras ganar de punta a punta un torneo de ascenso en el que registró unas ventas de entradas superiores a las de cualquiera de los clubes de la primera división. Esto probaba el enorme arraigo popular de la entidad, pese a lo cual sus equipos debían deambular por canchas alquiladas.

La carencia fue saldada sólo en parte con la construcción del nuevo estadio en la zona del Bajo Flores: en realidad, los hinchas de San Lorenzo desparramados por el país y por el mundo sentimos el destierro como una espina clavada en el alma.

Ayer hubo una movilización de socios y simpatizantes ante la Legisatura porteña, apoyando un proyecto de ley para que se restituya al club aquella propiedad. Es una iniciativa que seguramente afrontará varios obstáculos, ya que habrá que contemplar muchos aspectos, tanto políticos como económicos. Pero pese a todas las dificultades, no parece algo imposible para un club que en su centenaria historia superó muchos momentos gravísimos y hasta construyó dos estadios.

Si alguna vez tengo la suerte de ver nuevamente al Ciclón en Boedo, sentiré que estoy en el viejo Gasómetro ingresando por la portada de la calle Inclán, para atravesar luego el patio bordeado por el natatorio y el salón San Martín, hasta pasar debajo de la tribuna y llegar al acceso a la platea alta, sector Lazzari. Entonces, como cuenta José Angel Trelles en el video que dejo al pie, la mano tibia de mi viejo me ayudará a trepar por los tablones, mientras un nudo nostalgioso irá invadiéndome el pecho.


domingo, marzo 27, 2011

El (horrible) fútbol nuestro de cada día



Cualquier veterano más o menos futbolero admite que el nivel de los espectáculos que hoy se pueden apreciar en el ámbito local es, por decir lo menos, flojo. No sólo es bastante difícil ver en nuestras canchas de primera división una sucesión de jugadas hilvanadas, sino que hasta cuesta encontrar jugadores capaces de dar un pase a un compañero situado a cinco metros de distancia con una mínima eficacia. Todo se desarrolla en clave de lucha, con dientes apretados, violencia (real y simulada) a discreción y mucha irregularidad.

Es posible que el sistema de torneos cortos sea responsable en buena medida de esa especie de histeria hipercombativa que ha desalojado casi por completo de las canchas argentas al buen trato de pelota. Además, hay superabundancia de explicaciones emparentadas con la sociología y/o la psicología social, a las que este post lejos está de pretender sumarse. En cambio, intentaré aquí una argumentación relacionada con la materia prima del espectáculo, esos privilegiados "players" (Coco Basile dixit) que cada fin de semana nos brindan clases magistrales de teatro en dosis inusitadamente más pequeñas que las de jugadas agradables.

Generalizando (y recordando que, como dijo alguien,"toda generalización es injusta, incluyendo la presente"), se puede discriminar a la masa de jugadores que actúa en nuestras canchas de la siguiente manera:

  • Un grupete de juveniles de entre 18 y 22 años, más o menos bien dotados para este juego, que han llegado a primera para ocupar las vacantes dejadas por quienes consiguieron ser transferidos al exterior, saga que por supuesto aspiran a repetir. Es posible que en las divisiones inferiores (que ya no son los "semilleros" de antes sino un mercado semisalvaje en el que pululan cazadores de talentos y empresarios de toda laya interactuando con padres desesperados por "salvarse" gracias a sus hijos) no hayan adquirido conceptos elementales del juego, pero de un modo u otro llegan entreverarse en la categoría superior. Una vez lanzados al ruedo, la marea mediática los envolverá pidiéndoles opiniones como si a tan tierna edad pudieran ser expertos en algo más que mensajear con sus celulares, y ellos creerán que, en efecto, lo saben casi todo. Ejercen,  se diría, el dulce pecado de juventud.
  • Un segmento de veteranos de 29/30 años y más, que han vuelto de Europa, México o Ucrania, a gastar sus últimos cartuchos en el lugar de origen. Son tipos que a sus buenas condiciones han agregado una trayectoria en medios muy competitivos que los obligó a un salto de calidad, por lo que no les cuesta demasiado destacarse aquí. No obstante, las huellas de una campaña extensa y dura se empiezan a manifestar en muchos de ellos, que no siempre encuentran respaldo físico para mantener sus rendimientos.
  • Y un tercer grupo de jugadores de entre 23 y 29 años y nivel competitivo medio (sería injusto o demasiado duro tildarlos de mediocres, aunque me siento tentado a ello), que no han podido jugar en el exterior y casi con seguridad nunca conseguirán hacerlo (al menos, en ligas de cierto nivel de exigencia). Entre ellos, es cierto, hay unos pocos talentos que no emigraron por diversas circunstancias, pero la característica del grupo es la medianía.

Como resulta obvio, no juegan en la Argentina los profesionales de mayor calidad, con quienes se nutre la selección nacional, cuyas habilidades son las que posicionan a nuestro país como una potencia internacional, por más que en las últimas dos décadas no hayamos logrado confirmar dicha calificación en los podios de los torneos mundiales.

La conclusión es que esa sumatoria de imberbes ensoberbecidos, viejos guerreros heridos  y rústicos picapedreros no puede menos que entregar los semibochornosos espectáculos de hoy, a los que nos hemos debido acostumbrar. Comparar un partido entre dos de los mejores equipos locales (un Estudiantes-Vélez, digamos) con, por ejemplo, el Inter-Bayern Munich de días pasados es imposible: aunque se los denomine con la misma palabra, los deportes que juegan unos y otros son muy distintos.

Así que, estimados lectores de P & M que comparten el gusto por el fóbal con quien esto escribe, no hay más remedio que amoldarse a los tiempos que corren (u olvidarse de este jueguito). Es posible, sólo posible, que el domingo entrante Mengano, Zutanez y Fulanelli -a la sazón vistiendo la misma camiseta-  consigan pasarse la pelota entre ellos sin equivocaciones, pero habrá que estar alertas porque en caso de ocurrir, el milagro sólo se producirá una vez en los noventa y pico de minutos que durará la contienda. El resto del tiempo transcurrirá entre kicks a cargar de pura raigambre rugbística, rechazos a cualquier parte, agarrones semiocultos, patadas explícitas, algún escupitajo y sobreactuadas caídas al piso, al término de lo cual los protagonistas (tanto en las conferencias de prensa que suceden a los partidos como en los mil y un programas televisivos de la semana) repetirán hasta el hartazgo sus frases hechas y lugares comunes, aunque con cara de estar emitiendo un pensamiento filosófico digno de Heidegger.

Bueno, termino con esto aquí, porque quiero ver qué partido están transmitiendo en Fútbol para Todos.

miércoles, julio 14, 2010

Salud, campeón!


España ha sido el merecido ganador del Mundial de Sudáfrica. Y me gusta que ello haya ocurrido.

Fue el mejor equipo, con un sentido colectivo del juego que primó sobre las individualidades. Antes que esperar la inspiración de alguna figura, la Roja apostó siempre por el funcionamiento armónico y por el cuidado de la pelota, concepto este que -aunque elemental- muchas veces resulta olvidado. Pese a disponer de jugadores de gran calidad -Iniesta, el primero para mi gusto, pero también Xavi, Alonso, Ramos, entre otros- la preocupación central fue siempre el juego de conjunto. En la final, además, contó con un arquero muy firme.

En ese último partido me decepcionó Holanda, por basarse ante todo en el juego sucio (la patada de De Jong en el primer tiempo hubiera justificado una causa penal por intento de homicidio) como método principal para tratar de neutralizar al rival. Las quejas de su técnico contra el arbitraje no se pueden creer. El domingo, por suerte, hubo justicia en el resultado, algo que no siempre se da en el fútbol.

Alemanes y uruguayos también merecieron integrar el top four. Lo de nuestros vecinos es muy meritorio, ya que casi sin estrellas (la excepción era su abanderado, Forlán) completaron un campeonato excelente.

El nivel general del torneo fue discreto. Cuesta encontrar en el recuerdo grandes momentos futbolísticos, más allá de lo puramente emotivo (como la clasificación de Uruguay ante Ghana). España jugó bien, y la comparación con Italia, el opaco campeón anterior, la favorece. Sin embargo, me parece que en ningún momento deslumbró y, además, mostró un notorio déficit en materia de definición (sus tres triunfos de la fase final fueron por 1 a 0). Corro el riesgo de caer en aquello de "todo tiempo pasado fue mejor", pero me animo a decir que este campeón no sólo hubiera sido vapuleado por el espectacular Brasil de 1970, sino también que la hubiera pasado mal con la Holanda subcampeona de 1974, la Argentina de 1978 y hasta con los dos mejores de 1982, los italianos (de Antognoni y Paolo Rossi) y los brasileños (con Falcao, Sócrates y Zico). Por supuesto, me apresuro a decir que se trata de afirmaciones tan incomprobables como inútiles... Sin embargo, sostengo que la calidad del juego muestra una tendencia descendente desde hace varios mundiales.

Los argentinos nos volvimos a casa antes de tiempo, por razones que ya hemos comentado en este blog. Una suerte de "operativo clamor" parece estar preparando el terreno para que Maradona continúe siendo el técnico del equipo.  Si ello ocurre -cosa que creo altamente probable- será una actitud típicamente argentina: negar la realidad, ignorar los errores para recaer en ellos, pensar que haciendo siempre lo mismo se conseguirán resultados diferentes, aludir a factores externos como causas de las frustraciones y confiar, finalmente, en que lo que nunca funcionó bien, "esta vez" sí lo va a hacer...

Con este post, P & M abandona por un tiempo la cuestión del fútbol.

miércoles, julio 07, 2010

No llores por mí


Un baño de realidad, eso fue. Una bofetada (o cuatro, mejor dicho) que nos hizo recordar, no sin cierta crueldad, que toda acción tiene consecuencias. Porque la goleada que nos propinó la selección alemana el domingo pasado tuvo su origen en hechos acaecidos bastante tiempo atrás. Más o menos, desde que Julio Grondona, el padrino presidente de la AFA, designó a Diego Maradona al frente de la selección de fútbol.

Aunque no serviría de consuelo pronunciar ahora una típica frase de idische mame ("Te dije"), es cierto que el blog manifestó su escepticismo más de una vez (por ejemplo, aquí y aquí). Sin embargo, su autor quería creer. La mente le oponía razones que su corazón se empeñaba en ignorar o subestimar, pero el esfuerzo fue en vano.

En la cancha se vió, por un lado, a un equipo bien plantado, cuyas piezas parecían formar parte de un mecanismo de relojería; y por el otro, a una escuadra desbordada desde el inicio del juego (el acoso alemán de los primeros 15 minutos fue abrumador) que no atinaba casi a nada. Los temores previos resultaron confirmados con una rapidez fulminante, ya que desde la misma pitada inicial  afloraron los problemas defensivos, la descompensación en el mediocampo, los errores tácticos en la distribución de los delanteros. Fallas que se habían avizorado en los encuentros anteriores,  que la dimensión de los rivales disimuló en parte.

Fallas en lo individual y lo colectivo.  Otamendi -un promisorio marcador central- terminó inmolándose por su inexperiencia para jugar por el lateral, algo parecido a lo que le sucedió a Di María, aplicado a una labor de volante que no siente y que condicionó las posibilidades que le brindan su buen manejo y su velocidad. Mascherano bregó en su soledad habitual para contener lo que esta vez resultó incontenible. Messi naufragó nuevamente por  arrancar demasiado atrás.  Como los laterales no se proyectaban y los volantes no acompañaban, las maniobras ofensivas eran siempre forzadas, dependientes de un arresto individual.

El supuesto planteo ofensivo resultó pulverizado por un equipo que, lejos de pretender abroquelarse atrás como Nigeria o México, salió a atacarnos y terminó vapuleándonos. El temible noqueador terminó noqueado (una figura aludida por P & M aquí, luego repetida por Juan Pablo Varsky en dos de sus columnas de La Nación, ésta y esta otra, aunque sin reconocimiento de copyright...)

El equipo no tuvo respuestas. Maradona volvió a exhibir su falta de reflejos para tratar de torcer la adversidad haciendo modificaciones. El trámite del partido pedía el reemplazo de Otamendi por Clemente Rodríguez ya desde la media hora, pero  ello nunca ocurrió. Verón, alguna vez catalogado por el propio DT como líder del equipo, siguió en el banco hasta el final. En base a una actitud más combativa, a puro corazón, la selección trató de apurar al rival en los primeros tramos del segundo tiempo, arriesgándose a sufrir lo que finalmente sucedió desde los 22 minutos: una goleada.

Fue un duro final para un ciclo caracterizado por los despropósitos, las contradicciones, la improvisación. Representa un gigantesco paso atrás, no sólo por lo que marca la estadística (fue la tercer goleada sufrida en mundiales, después del 1-6 de Checoslovaquia en 1958 y el 0-4 ante Holanda en 1974). Si el desempeño de Menotti a partir de 1978 representó una bisagra, dejando atrás una etapa  frustrante signada por la desorganización y la inconducta, esta gestión de Maradona parece más propia de aquella era negativa.

Es posible que la agonía se prolongue, si Maradona intenta otra de sus habituales "resurrecciones" y se mantiene en el cargo, para lo cual  tal vez cuente -por razones que uno supone inconfesables-  con el aliento gubernamental. Pero en ese caso la historia se repetirá, porque la naturaleza del personaje no va a cambiar. Este Maradona apichonado, lloroso, casi quebrado, es muy capaz de reflotar en cualquier momento con su soberbia, sus descalificaciones contra quienes osen contradecirlo, sus desplantes. Y siempre contará con titiriteros que moverán los hilos para aprovecharse de un carisma que para mí ya resulta incomprensible.

jueves, julio 01, 2010

Angustia futbolera


El Mundial de Sudáfrica entró en su fase definitoria. La condición de elminatorio que tiene cada partido le da una característica muy particular al campeonato, no sólo al confrontarlo con las ligas locales (donde juegan todos contra todos, y en muchos casos incluyen una rueda de revanchas) sino también comparándolo con torneos como la Copa Libertadores, en la que los partidos de la etapa final son de ida y vuelta. No podría imaginarse un escenario más dramático.

¿Cómo mantener la calma, entonces? ¿Es posible pretender de nosotros -apenas unos sufridos hinchas- ecuanimidad, equilibrio, objetividad?

En menos de treinta y seis horas, la selección argentina se estará midiendo con Alemania. Los teutones infunden miedo, más que respeto, tras su contundente triunfo sobre Inglaterra.  ¿Cómo no sufrir por adelantado?

Las peores pesadillas de los argentinos, en estos días, tienen por protagonistas a Klose encarando a Demichelis. Revolviéndose en la cama, el hincha albiceleste se esfuerza por borrar esa imagen con una de Carlitos rematando al gol  tras una gran apilada de Messi. No es fácil, y nadie dijo que iba a serlo.

¿Dos líneas de cuatro para aguantar la potencia de los germanos y sorprenderlos de contra? ¿O mejor jugarnos la nuestra con un planteo ofensivo? Maradona parece haberse decidido por esto último.

Yo espero que el equipo, cualquiera sea su plan táctico (o aún cuando no lo tenga),  muestre grandeza. Esto significa pelear por la victoria con buenas armas, incluyendo todo el vigor lícito posible.

Es curioso lo que despierta el fútbol. Esta selección argentina ha recorrido un camino tortuoso hasta aquí. Empezó mal las eliminatorias bajo la conducción de Basile, quien tuvo que renunciar. Asumió Maradona basado en su pasado como incomparable jugador, ya que no tenía pergaminos que mostrar como DT. La conformación de su equipo de trabajo fue poco menos que escandalosa, con enfrentamientos cruzados entre el presidente de la AFA, el manager Bilardo, el mismo Maradona y hasta el impresentable Oscar Ruggeri,con su insólita pretensión de integrarse al cuerpo técnico a cualquier costo.  Escenas más propias de una disputa entre bataclanas de un cabaret de cuarto nivel que de un staff profesional dispuesto a conducir a un plantel de deportistas de alta competencia. Las penurias de la fase eliminatoria fueron consecuencia lógica de semejante desbarajuste.

La clasificación y el paso del tiempo parecieron serenar los ánimos.  El fixture del torneo -nos tocó un grupo bastante accesible, como se dice ahora-  ayudó, permitiendo que creciera la confianza. En términos estrictamente futbolísticos, el equipo desarrolló su tremendo potencial ofensivo y patentizó sus problemas defensivos. Luces y sombras, es lo que hay.

En estas instancias decisivas, las cuestiones técnico-tácticas son sólo un componente del rendimiento, y no el más importante. Quizá el principal tenga que ver con aspectos psicológicos o anímicos: el temple que cada jugador tenga para desplegar sus recursos, las reservas físicas y anímicas, la actitud ganadora. Y la suerte, porque la diosa Fortuna también mira el Mundial desde su litera en el panteón romano.

Decía, vuelvo atrás, que es curioso lo que despierta el fútbol. Maradona no me resulta una figura simpática. Todo lo contrario, creo que representa o posee varios de los peores atributos de nuestra identidad:  la incapacidad para hacerse cargo de los errores ("me cortaron las piernas"), la soberbia y la fatuidad en los momentos favorables, la tendencia al exceso y a las conductas descontroladas, la disposición para sacar ventajas con engaños. Por lo tanto, creo que envía un mensaje negativo a la juventud que, en caso de coronarse campeón, puede confundir el mérito deportivo con una actitud ante la vida reñida con determinados principios y valores.

Sin embargo, y a sabiendas de todo esto, quiero que le ganemos este sábado a Alemania. Repito: no me pidan objetividad. Se trata de fútbol.

La imagen es de la obra "El grito" (1893) del pintor noruego Edvard Munch.

martes, junio 29, 2010

Ganar bien sin jugar bien


Analizando el partido contra México surgen algunas sensaciones extrañas, que se superponen con la alegría por la victoria.

Por un lado, creo que Argentina no jugó bien, pero su triunfo no admite mucha discusión. Claro, si esto lo lee un mexicano seguramente pondrá el grito en el cielo, dado que nuestro primer gol debió haber sido anulado por la más que evidente posición adelantada de su autor. Sin embargo, el trámite del encuentro -que no fue bueno- marcó otra cosa. Lo que pudo haber sucedido si el árbitro hubiera invalidado esa conquista forma parte de un ejercicio contrafáctico, imposible de corroborar, como todos ellos...

Me parece que el planteo defensivo del técnico de México, a primera vista eficaz, terminó condenando a su equipo a la derrota, confirmando las reservas de más de uno de sus compatriotas. Esa mezquindad, no obstante, pudo haberle dado resultados en los primeros tramos, cuando -mientras Argentina no conseguía hilvanar acciones de ataque-  sendos pelotazos de Salcido (¡qué bien y qué fuerte le pega!) y Guardado, por muy poco no terminaron en goles. A su turno, en cambio, Argentina mostró su eficacia. Tras varios escarceos en la mitad de cancha, donde los aztecas habían organizado una resistencia digna de una trinchera que a los argentinos les costó trasponer, sobrevino una breve ráfaga de encuentros de Messi, Tévez e Higuain que terminó en dos goles. Esa es la principal virtud de este equipo argentino: si consigue llevar las acciones a los últimos cuarenta metros de la cancha imprimiendo celeridad a su juego, la capacidad individual de sus tres hombres de ataque para crear y aprovechar oportunidades resulta temible.

Para colmo, a poco de empezar el segundo tiempo Carlitos Tévez clavó ese golazo desde fuera del área, y pareció que la cosa estaba liquidada. México por entonces trataba de modificar su actitud, pero la desventaja ya era muy grande, y no le alcanzó la levantada para capitalizar el flojo desempeño argentino después del tercer gol. Maradona hizo ingresar a Verón por Tévez, con la idea de armar una segunda línea de cuatro en la zona de volantes y así "cerrar" el partido. Por una parte, se trató de una decisión bien diferente a la que adoptó contra Corea del Sur, cuando, ante el crecimiento del rival, reemplazó al Apache por Agüero y liquidó el partido con un par de letales encuentros del Kun y Messi. Este domingo, en cambio, optó por una idea más conservadora, pero la cosa no funcionó. Argentina no logró el control de la pelota pese a intentarlo y, por lo tanto, no pudo armar contraataques; así, los mexicanos "se nos vinieron", consiguieron un tanto (¡qué facil es "arrear" a esta desteñida versión de Demichelis!) y estuvieron a punto de marcar el segundo. Argentina se fue metiendo, quizá inconscientemente, cada vez más atrás, pero México no tuvo tiempo ni convicción para trepar ese último par de escalones.

De nuevo, vuelvo a las sensaciones "raras". Ganamos bien sin jugar bien, mostramos nuestras virtudes y, también, nuestros defectos, en especial en la segunda parte. Allí Verón no llegó a jugar el rol de conductor que se espera de él. Es posible también que el ingreso de Jonás Gutiérrez haya sido tardío, cuando desde hacía rato el cansancio no le permitía a Di María (que, dicho sea de paso, aún no ha podido  demostrar sus condiciones ofensivas) seguir colaborando en la recuperación. Me parece, además, que Messi jugó su partido más flojo del Mundial, pecando de un exceso de individualismo.

Un comentario al margen: lo sucedido con ese primer gol debiera servirnos a los argentinos para desterrar las teorías conspirativas cada vez que nos va mal (lo cual no ocurre, por cierto, sólo en el plano futbolístico). En otras palabras,  ya es hora de que dejemos de quejarnos por el penal en contra que nos cobró Codesal en la final de 1990, y/o de las decisiones arbitrales que terminan favoreciendo a Brasil. Con la mano de Dios que levantó Maradona en 1986 y la mano que no levantó esta vez el juez de línea italiano, deberíamos tapar nuestras bocazas.

Ahora nos toca Alemania. Pero P & M esperará un par de días más para dar su pálpito. ¿Miedo, desconfianza?  ¡De ninguna manera! Sólo es prudencia...

viernes, junio 25, 2010

Ahora, a octavos


El triunfo ante Grecia estaba en los cálculos previos de todos, así como el desarrollo que tuvo el partido. Los griegos, como era de esperar, demostraron que su modesta ambición era no perder por goleada, acumulando gente en zona defensiva y apostando unas escasas fichitas al grandote Samaras, su único delantero.

Sin embargo, enfrentar ese planteo era complicado porque, por un lado, en caso de no lograr un gol con rapidez el equipo podía caer en la desesperación y el desorden, y además estaba latente la posibilidad de que el contrario marcara con un contragolpe o tras una pelota parada. Hay que decir entonces, que la selección tuvo paciencia, buscó por diversos caminos y ya en el primer tiempo logró generar algunas oportunidades para abrir el marcador.  En el segundo tiempo siempre se mantuvo el control, más allá de que se perdió dinámica en los momentos en los que Messi se estacionó en la zona derecha. Fue interesante lo de Clemente Rodríguez por su lateral, así como lo de Aguero en el primer tiempo; también fue muy bueno lo de Pastore en el poco tiempo que jugó. Milito, en cambio, no encontró ubicación y terminó enredado en la maraña defensiva griega; me parece que Higuain lo supera en la disposición para involucrarse en el armado de las jugadas, incluso retrasándose unos metros.

El medio campo casi no necesitó esforzarse demasiado, ya que el rival cedió por completo la iniciativa. Así y todo, Verón volvió a mostrar algunas imprecisiones llamativas en los pases, y tanto Bolatti como Maxi Rodríguez  no descollaron. Quizá la premisa fue no desprotegerse yendo ciegamente para adelante, pero a la propuesta de los volantes le faltó vuelo.

Me pareció muy bueno el desempeño de Samaras, inteligente para ubicarse siempre en la posición en la que incomodaba más a los defensores argentinos, para tratar de pescar los largos pelotazos que le lanzaban sus compañeros. Se tiraba preferentemente sobre la izquierda y bien arriba, a espaldas de Otamendi y tratando de ir sobre Demichelis (de nuevo no transmitió la seguridad que se espera del último hombre), de manera de alejarse de la eventual cobertura de Burdisso. Así fue que pese a su abrumadora soledad se las arregló para arrimar peligro, y tuvo su chance para marcar, aunque por suerte la tiró afuera por poco.

En octavos de final nos toca contra los ex-ratones mexicanos, como en 2006. A priori, este equipo azteca no me parece tan fuerte como el que orientaba La Volpe, pero eso no quiere decir nada. Hasta aquí, la Argentina enfrentó a conjuntos que se preocuparon ante todo por defenderse, y pese a ello tuvo problemas atrás, no graves, pero sí como para preocuparse. P & M adhiere a la teoría de la frazada corta, pero como se señaló hace más de una semana, preferiría una mayor cohesión defensiva.

En la definitoria fase que comienza este fin de semana, cada encuentro estará cargado de dramatismo desde el mismo silbato inicial. La eliminación de los dos finalistas de 2006 y los padecimientos de alemanes, ingleses y españoles son pruebas elocuentes de que todo puede suceder. Ni siquiera Brasil ha deslumbrado, aunque su capacidad para la definición le da un plus muy importante. El de España está en la calidad de su juego colectivo, y el nuestro en la de sus individualidades. No obstante, hay que anotar en el haber de Maradona varios aciertos, a saber: a) esos quince días previos al Mundial, utilizados para "estrechar vínculos"; b) derivado de lo anterior, la confianza infundida a Messi, que se ha reflejado en su juego; c) la posición de Tévez para actuar como descarga y acompañante del crack de Barcelona; d) la elección de Romero para ocupar el arco. En el debe, están algunas decisiones controvertidas como la ubicación de Jonás Gutiérrez y de Otamendi en un puesto al que no están habituados y la continuidad de Demichelis, pese a que no viene pasando un buen momento.

Esperemos que la primer columna nombrada sume más que la otra. Y en caso de equilibrio entre ambas, Maradona aún tendrá a mano la opción por Martín Palermo, que siempre parece capaz de agregar una página a su increíble leyenda. El resto, será producto de la dinámica de lo impensado.

jueves, junio 17, 2010

Otro paso


La Argentina jugó un buen primer tiempo, contra un rival como Corea del Sur que salió dispuesto a colgarse del travesaño para defender el cero en su arco. Mantuvo la calma, movió la pelota de un lado a otro y mostró variantes.  También evidenció un error táctico: hacer arrancar a Messi  de muy atrás, con lo cual tenía que sortear un nutrido escalonamiento de rivales. La solución la aportó Tévez, con su atrevimiento -esta vez, con menos "barullo"-  para encarar rompiendo líneas, tocando y haciendo asistencias. Pero, en el segundo tiempo, las cosas cambiaron.

En efecto, el resultado holgado no debería hacernos olvidar que en ciertos momentos estuvimos bastante preocupados. De hecho, promediando esa segunda etapa, sólo la torpeza al tratar de definir de ese delantero coreano (no me pidan el apellido...) que apareció libre por el sector izquierdo del área argentina impidió un empate transitorio en dos goles. El equipo había perdido el control de la pelota y hasta la "apostura", con lo cual terminó agrandando a los contrarios. Por suerte, el ingreso de Aguero y su inmediato feeling con Messi posibilitaron liquidar el partido.

La frase, últimamente bastante repetida, se la escuché por primera vez al brasileño Tim, el DT del formidable San Lorenzo de 1968, los famosos Matadores (aquí, el lector debe ponerse respetuosamente de pie; gracias, seguimos): "el fútbol es una frazada corta". Resulta esperable que una propuesta con tres hombres en franca posición ofensiva, tenga como contrapeso algunos problemas de orden defensivo. Yo creo que de todos modos esa apuesta es muy buena, ya que el plantel dispone de mitad de cancha para arriba jugadores de una calidad superlativa en cantidad asombrosa. Sin embargo, me gustaría que en el plano defensivo las cosas se organizaran mejor.

Si fuera un boxeador, la selección sería un noqueador de manos picantes y precisas, pero con una peligrosa permeabilidad defensiva. El cuadro queda demasiado "largo" porque la línea del fondo no siempre achica bien a espaldas de los volantes, y también porque el adelantamiento de los laterales -hoy ocurrió por el lado de Heinze- deja demasiados espacios libres. Falta sincronización y, tal vez, alguna voz de mando (que, además, logre sobreponerse al estruendo de las dichosas vuvuzelas...).

Nada que no pueda mejorarse. Por ejemplo, hoy la presencia de Maxi Rodríguez sobre el costado derecho protegió mejor al improvisado marcador Jonás Gutiérrez, cuyo escaso aporte ofensivo, sin embargo, siguió sin justificar su ubicación en ese puesto.

El equipo va evolucionando, aunque tiene cosas que corregir, y es de suponer que la confianza va aumentando. Será cuestión de mantener el equilibrio y no caer en una euforia contraproducente. Los rivales nos van a temer por el poder de fuego ofensivo y tratarán de explotar nuestras flaquezas. Ojalá tengamos la inteligencia y la capacidad para aprovechar las fortalezas y minimizar las debilidades.

lunes, junio 14, 2010

Querer creer


El debut argentino en el Mundial de Sudáfrica nos deparó un triunfo por el que sufrimos más de lo justificado. El equipo creó oportunidades de gol en cantidad tal que, de haber acertado en un tercio de los casos, le habría permitido alcanzar una cómoda goleada. Sin embargo, hubo que esperar hasta el pitazo final, angustiados ante la posibilidad de que el zapatazo de un nigeriano o un error defensivo decretaran el empate.

Lo dijo Maradona en la conferencia de prensa: no se puede perdonar tanto. Sin embargo, hay que decir que mucho más preocupante hubiera sido no haber generado llegadas. El equipo demostró ser temible de mitad de cancha para adelante, a pesar del menos que deslucido desempeño de Di María. Y aquí hay que apuntar un acierto del DT: juntar a Messi con Tévez para que el Apache se le mostrara como descarga y acompañamiento. El propio Higuain, impreciso en la definición (¿nervios del debut?), también fue valioso en el armado de las jugadas, aportando movilidad y aguantando la pelota con criterio y sentido táctico. Es posible que en ese acompañamiento se encuentre la razón del "despertar" de Messi, que jugó -me parece- su mejor partido en la selección mayor, evitando algo que le venía sucediendo en una forma que parecía irremediable: quedar arrumbado sobre la derecha, aislado y fastidioso. El sábado estuvo suelto, transitó por varios sectores del terreno y en el final, cuando había que tenerla para que corrieran los minutos, se hizo eje  y referente. Verón, por su parte, se mostró demasiado impreciso en los pases (incluso en cesiones cortas y fáciles), cuando se esperaba de él que favoreciera la circulación de la pelota.

Pero los problemas, todos lo vimos, estuvieron atrás y, en particular, en el sector derecho. El experimento de Jonás Gutiérrez como marcador de punta no sólo no funcionó a la hora de defender, sino que tampoco sirvió para que el ex jugador de Vélez hiciera valer su tranco en función de ataque. Error del técnico, que obliga a una pregunta: ¿por qué hay que "inventar" para cubrir un puesto que requiere de mucho oficio, teniendo en el plantel jugadores acostumbrados a esa posición? Tampoco Demichelis transmitió seguridad, llegando casi siempre tarde a las coberturas. Los puntos fuertes defensivos fueron Samuel  y Heinze (el Gringo me tapó la boca con su rendimiento y, encima, hizo el gol del triunfo), además del arquero, siempre criterioso y decidido; a lo de ellos se sumó la habitual solvencia de Mascherano para recuperar en el medio.

El rival fue relativamente exigente, a partir de una ajustada disposición táctica que respetó tal vez demasiado. Se agrupó de mitad de cancha hacia atrás con mucha gente y nunca arriesgó. Quizá su técnico quiso evitar la goleada, y el resultado parece darle la razón. También trató de aprovechar las debilidades apuntadas de la defensa argentina, pero le faltó contundencia. Argentina logró imponerle superioridad, salvo en un tramo del primer tiempo, más o menos entre los 15 y los 35 minutos.

De lo que todos hablamos ahora es de cómo formará el equipo en el próximo encuentro, y creo que nadie espera que se repita la integración de la línea de cuatro. Entonces, aceptando que Burdisso o Clemente Rodríguez podrían ocupar la plaza de marcador derecho, y que la de volante por la izquierda podrá estar entre Jonás y Di María (al zurdo yo le volvería a dar una oportunidad), el casillero a llenar es el de volante derecho. Porque manteniendo a los tres de arriba, Verón -para colmo, disminuido físicamente- no parece tener la dinámica necesaria para complementar a Mascherano. Jugando con tres volantes (y Tévez bajando un poco, como el sábado pasado), Maxi Rodríguez o Bolatti parecen alternativas más apropiadas. Porque Cambiasso no está en el plantel, lamentablemente.

Deberá decidirlo Maradona, quien en el debut mostró otra de sus facetas deficitarias: la oportunidad para introducir los cambios. El problema defensivo era evidente casi desde el inicio, mientras que la mala tarde de Higuain para definir "pedía" el ingreso de Milito. Sin embargo, esos dos cambios llegaron demasiado tarde (el de Verón fue por lesión).

Corea del Sur viene agrandado por el triunfo. Tienen un gran despliegue físico y mucha velocidad, pero no deberían complicarnos demasiado.  Esperemos que Messi mantenga esta renovada imagen (renovada en la selección, por supuesto) y que el equipo siga creciendo.

(La foto pertenece a La Nación).

miércoles, junio 09, 2010

Opiniones de un futbolero experto...


Faltan poco más de 48 horas para que la selección argentina inicie su participación en el Mundial de Sudáfrica.

Así que P & M considera que debe definirse, siendo su autor uno de los treinta y pico de millones de expertos argentinos en fútbol, que además nos autoproclamamos "el DT que necesita la blanquiceleste". De manera que aquí van estas apostillas:

  • "El" candidato, el favorito de la mayoría, es España. Hay que decirlo: el equipo juega bárbaro, habiendo logrado plasmar un compendio de belleza y eficacia muy difícil de alcanzar. Da gusto verlo. Sin embargo,  yo no comparto tan absoluto favoritismo, por razones más "psicológicas" que futbolísticas. Los veo demasiado agrandados, y habrá que ver si el clásico frío en el pecho que suele aquejar a los equipos de ese país en los mundiales no reaparece.  En tal caso, no será la primera vez que un gran favorito defraude las expectativas: Alemania 1954, Holanda 1974 y Brasil 2006 fueron casos notables. No hay que vender la piel antes de cazar el oso...
  • Mi candidato es Brasil. Me da la sensación que al talento de sus individualidades le ha agregado una gran disciplina táctica. Me apresuro a decirlo: los planteos rígidos de Dunga son poco menos que una traición a la historia del "scratch". Sin embargo, reconozco que -para mis propios sorpresa y desagrado- en los últimos tiempos la fórmula ha funcionado. Tienen a fenómenos como Kaká y Luis Fabiano, y por si eso fuera poco, disponen de un arquero como Julio César que es buenísimo.
  • Argentina va a dar pelea, por la calidad de sus jugadores. Además, Maradona ha tomado una decisión acertada cuando organizó esta especie de "retiro espiritual" de los últimos quince días, con el objeto de amalgamar al grupo. Gente que viene muy castigada por una temporada europea durísima, necesitaba un respiro. Las incógnitas se relacionan con la capacidad del conductor para ser piloto de tormentas, y con la reacción que el equipo podrá mostrar ante circunstancias adversas. Creo que Di María puede ser una agradable revelación, y le apuesto varias fichas a Carlitos Tévez.
  • Dos potencias que tradicionalmente son candidatas a estar entre los cuatro primeros, como Alemania e Italia (el último campeón) no parecen hoy lo bastante sólidas. Sin embargo, yo no las daría por vencidas antes de tiempo...
  • Del mismo modo, Inglaterra, México y Holanda son equipos fuertes y capaces de llegar a instancias decisivas.
Todo lo anterior no es más que pura cháchara. La verdad, como decía Ángel Labruna, se verá sobre el verde césped.

domingo, junio 06, 2010

Nacidos para sufrir


Es bastante extraña la sensación que me produce el fútbol. Es muy posible que esa mezcla de pasión, angustia, alegría, interés lúdico y placer artístico que me despierta su contemplación no resista un análisis que pretenda ser sensato. La siento, y punto.

Lo del placer artístico no es exagerado. Es lo que provoca que, aún cuando se trate de un "picadito" jugado por unos chicos en cualquier descampado, la mirada se me vaya irresistiblemente atraída por esa pelota que va y viene de un lado a otro.  Ningún escarceo futbolístico me resulta indiferente. Me pasa como al viejo junto al árbol del cuento de Fontanarrosa. Me pasa a mí, claro, y a millones de personas más a lo largo y lo ancho de este valle de lágrimas.

En menos de una semana, por lo tanto, seré uno más entre quienes sufriremos -aún en el triunfo- con los avatares de nuestro representativo en el Mundial de Sudáfrica. Lo cual, de paso, alguna vez podría ser interpretado como respuesta por tantos sesudos analistas que se preguntan qué tiene que ver un partido entre selecciones con la cuestión del ser nacional. Mientras periodistas, sociólogos y psicólogos sociales se siguen interrogando al respecto, los hinchas estarán allí, empujando a los players con sus trémulos corazones entre las manos.

Pero, mientras ese momento llega, las preguntas le atenacean a uno la garganta.

¿Jugará Messi como lo hace en el Barcelona? ¿Aguantará Verón el trajín de tantos partidos seguidos? ¿Dos líneas de cuatro o tres en el fondo? ¿Milito o Higuain?  ¿Cuáles serán las virtudes que Garcé desplegará en el vestuario, por las que ha sido convocado? These are the questions.

Los seguidores de P & M saben que su autor no es optimista respecto del desempeño argentino. Varias son las razones, empezando por las dudas sobre la capacidad y el equilibrio emocional del DT para conducir al grupo, sobre todo en los momentos desfavorables. Siguiendo por la composición del plantel, con ausencias (ante todo, la de Cambiasso) tan difíciles de entender como ciertas presencias.

Pero no hay que olvidar que en la "dinámica de lo impensado", según la inmortal definición de Dante Panzeri, todo es posible.

Lo único seguro es que vamos a sufrir... Ampliaremos.

domingo, febrero 14, 2010

Hablemos un poco de fútbol


El paralelo es inevitable, hasta para el propio Diego Maradona: al igual que antes del mundial de México, las actuaciones del seleccionado en eliminatorias y en los amistosos previos al próximo torneo de Sudáfrica han sido desalentadoras.

En 1985, recordemos, nos clasificamos contra Perú con un empate dramático en el Monumental, después de que el árbitro brasileño (importa el detalle, porque solemos quejarnos de los perjuicios que los "referees" de ese país supuestamente nos ocasionan) apenas amonestara al defensor Julián Camino por propinarle una patada cuasi homicida a un rival a pocos minutos del inicio del partido, el último y decisivo de esa ronda. Luego vino el gol de Pasculli tras un desborde y centro del Dieguito brillante de aquellos tiempos (quien, sin embargo, a partir de allí fue anulado por la marca personal de Reyna), los dos goles con que los peruanos dieron vuelta el resultado y el empate sobre la hora tras una guapeada de Passarella, quien después de bajar con el pecho un centro "a la olla" mandó un derechazo que tras doblar las manos del arquero, parecía no terminar nunca de trasponer la línea. Un director de Hollywood no hubiera imaginado mejor el dramatismo de la secuencia.

Lo de 2009 resultó bastante parecido. El match contra Perú fue el penúltimo del grupo, pero en caso de haber terminado empatado, hubiéramos quedado afuera. El triunfo agónico como local tuvo su cuota de infartante dramatismo -acentuado por una lluvia torrencial- por la inolvidable definición: gol del triunfo a cargo de Palermo en tiempo de descuento, seguido por un pelotazo en el travesaño argentino en la última jugada del partido. Fue una dura prueba para los corazones del sufrido pueblo futbolero nacional, complementada por el subsiguiente triunfo clasificatorio de visitantes ante Uruguay.

Maradona vincula ambos episodios para tender un paralelismo con lo sucedido hace un cuarto de siglo, y que terminó con la consagración mundialista ante la poderosa Alemania de Rumenigge.

Ojalá que acierte, pero ningún indicador invita a ser optimista, siquiera en forma moderada. La caricaturesca imagen de la escuadra albiceleste ante la pobre formación peruana (que terminaría última en la serie, tras marcar sólo 11 goles en 18 partidos) y los penosos desempeños ante Costa Rica y Jamaica pesan demasiado en la memoria.

Y, para colmo, la conducción (es una manera de decir) parece empeñada en dar señales negativas. Convocatorias masivas de jugadores, desde veteranos más cerca del retiro que de la alta competencia, hasta uno que convalecía por una fractura de tabique nasal; búsqueda y denuncia implacable de supuestos complots perversos (la acusación contra Valdano no se puede creer) a la mejor usanza K; polémicas mediáticas cotidianas; pero -sobre todo- la incapacidad para dotar de identidad y línea de juego a un equipo que muestra individualidades muy capaces, empezando por Messi.

Precisamente en la calidad de los jugadores, creo, radica la única esperanza de hacer un papel decoroso en Sudáfrica. Y esto, no sólo porque ellos son la esencia del juego, por encima del excesivo papel protagónico que se les da a los directores técnicos en la actualidad. Es posible o deseable que, ante los disparates de Maradona y su grupo de amigos/enemigos (nunca se sabe), algunos de ellos, los de mayor experiencia y roce (si es que los lleva...), puedan tomar la posta y orientar al equipo para evitar el desastre.

Yo descreo de una influencia profunda del entrenador en el fútbol actual desde el punto de vista técnico. Lo veo más como una suerte de gerente que maneja un grupo de trabajo compuesto, sobre todo en el nivel de selección, por gente con una autoestima individual importante y, por lo tanto, difícil de amalgamar. Quiero decir: me parece más complejo lograr que el conjunto se compenetre del objetivo grupal y mantenga el espíritu solidario y la entrega generosa, que parar bien a la línea de cuatro defensores o elegir entre jugar con "doble cinco" o un volante-tapón. Para que la "dinámica de lo impensado" a que aludía hace medio siglo Dante Panzeri fluya favorablemente, aprovechando las capacidades de los jugadores, ese gerente debe ser un buen "propiciador".

No parece ser este el caso. Así que, muchachos, será cuestión de ir templando el espíritu. Nacimos para sufrir...

lunes, febrero 01, 2010

Cumpleaños de un grande


Hoy Gabriel Batistuta cumple 40 años. Para un futbolero, y además argentino, no se trata de un dato menor. Bati es el máximo goleador histórico de la selección (hizo 56 entre 1991 y 2002) y quien más goles consiguió vistiendo la blanquiceleste en torneos mundiales.

Pero más allá de la contundencia estadística, lo que quiero recordar aquí es que su fenomenal capacidad goleadora determinó que, durante su vigencia, la cobertura del puesto de delantero central no admitiera la menor discusión (algo que, tratándose de la selección, es por lo menos asombroso): a lo sumo, se debatía sobre quién debía acompañarlo en el ataque. De esto podría hablar bastante otro gran goleador, Crespo, condenado a ser su muy eficaz suplente debido a que tanto Passarella como Bielsa nunca quisieron siquiera probar que jugaran juntos. Una lástima.

En el Mundial de 1994 formó parte de un fenomenal equipo del que participaban las mejores versiones de Caniggia y Balbo, otros dos grandes delanteros, y la ya desteñida pero aún poderosa de Maradona, cuya inconducta profesional (una de tantísimas...) determinó el fracaso cuando estaban dadas las condiciones para pretender el título.

Recuerdo cuando antes del torneo de 1998 se generó una absurda polémica entre el DT Passarella y el volante Redondo en torno a... la longitud que debía tener el cabello de los jugadores. La fatuidad del carilindo jugador del Real Madrid y la estúpida rigidez del "coach" contrastaron entonces con la sencilla lógica futbolera de Batistuta, que declaró que "si para jugar en la selección me tengo que recortar un poco el pelo, lo hago, no hay ningún problema". Si eso no es amor por la camiseta...

Dejo al pie el enlace a un video con goles que hizo, en su mayoría, con la Fiorentina. Los hay para todos los gustos: de cabeza, de tiro libre, de derecha y de zurda, definiendo con voleas de primera o con toques sutiles, entrando al área apareado con defensores (hay uno contra el Milan, con sombrero a Baresi incluido) o pateando desde 35 metros. Un fenómeno, un rompe-redes, un cappocannionero. Que lo disfruten.

Batistuta spectacular goals.

jueves, septiembre 10, 2009

Podemos estar peor


La selección se hundió anoche un poco más en el pantano. Tras diez o quince minutos en que intentó controlar la pelota para atacar, fue cayendo poco a poco en un desorden generalizado, empezando por la defensa. Asustaba ver la lentitud de Sebastián Domínguez y su falta de acople con el rústico Heinze, quien además se empeñaba en dirigir sus rechazos de cabeza hacia los jugadores rivales. Extrañaba comprobar la desorientación de Mascherano, dubitativo como nunca antes, quizá arrastrado por el tembladeral que sentía a sus espaldas.

Pero del medio hacia adelante, nada era mejor. La ubicación de Verón, abierto por la derecha, no se entendía, no sólo porque no tiene el "recorrido" necesario para ese puesto, sino porque desde esa posición no lograba generar un circuito de fútbol elaborado, que se supone era lo que se esperaba de él. Por el otro lado, Dátolo aportaba al menos atrevimiento y ganas, ingrediente este último que entre sus compañeros no aparecía. Sin embargo, sus centros no encontraban una referencia en el área, por la sencilla razón de que el equipo no contaba con un delantero de esas características.

Sólo el arquero Romero transmitía seguridad y decisión, lo cual no deja de ser un paradoja, tratándose de un muy joven debutante en un equipo plagado de estrellas. Además, los palos lo salvaron en dos oportunidades, hasta que no pudo impedir el gol luego de una muy buena combinación de los delanteros paraguayos, bajo las atentas miradas de Domínguez, Heinze y Zanetti.

Parecía estar todo dado para una goleada en contra. Para colmo, a poco de empezar el segundo tiempo Verón se hizo echar en una jugada intrascendente. Sin embargo, el desastre no ocurrió, porque Paraguay padeció lo que Jorge Valdano denomina "miedo escénico". Tenía todo servido para florearse, y terminó comprometido y aferrado al golcito de ventaja contra un rival disminuído y sin ideas. Faltando treinta segundos, el empate se le escapó a Schiavi por unos centímetros.

Esto es lo desesperante: tal como ocurrió en el partido con Brasil, el rival no mostró demasiadas virtudes. Apenas un gran fervor y mucha decisión para aprovechar las innumerables ventajas dadas por Argentina. Su defensa también mostraba flaquezas, pero los nuestros nunca estuvieron siquiera cerca de aprovecharlas. Una vez más, Messi deambuló como perdido, sin encontrar socios ni espacios.

Tengo la sensación de que las culpas son compartidas. Maradona, cuyas carencias como conductor de un grupo son evidentes, no ha encontrado el equipo, como se suele decir, y parece desconcertado. Los continuos cambios de jugadores son un síntoma de esa confusión. Pero los jugadores, en su enorme mayoría con gran experiencia en ligas muy competitivas, tampoco logran sacudirse la mediocridad que los domina. Como resultado de todo esto, el equipo no tiene una línea de juego y flota en la intrascendencia.

Me siento tentado a establecer un paralelo entre la realidad de nuestra selección y la decadencia que muestra el país en todos los órdenes, pero trato de evitar el ejercicio de una especie de filosofía de café. Lo único que se me ocurre es recordar otra vez aquella frase de Geno Díaz: "Muchachos, no digamos que no podemos estar peor, porque podemos..."

(La foto es de La Nación)

domingo, septiembre 06, 2009

La selección a paso de cangrejo


El problema no es haber perdido con Brasil, una de las opciones más factibles tratándose de fútbol y de semejante adversario, al menos en teoría. Lo preocupante es que el equipo sigue sin aparecer, por más que suma figuras casi indiscutibles a nivel individual.

Porque lo que distingue a esta selección de otras, es que hay pocas discusiones sobre sus integrantes. Incluso en el caso del partido de ayer, tampoco parece desatinada la elección de la dupla defensiva Domínguez-Otamendi, pese a la escasa experiencia internacional de ambos, en la medida en que se conocen muy bien y fueron el más firme pilar del reciente campeón doméstico, Vélez Sarsfield.

Hay otro elemento alarmante a considerar. Esta selección de Brasil no es, ni por asomo, un equipo deslumbrante, pese a tener a figuras como Kaká, Robinho y Luis Fabiano. A los que anoche, subiéndose con apuro al carro del vencedor, los alababan como "los mejores del mundo", cabe recordarles que ese título pertenece al campeón vigente, Italia, consagrado en el último Mundial en el que las rutilantes estrellas brasileñas cumpleron un muy penoso papel.

Anoche, el DT Dunga volvió a oponernos un esquema defensivo, como ya resulta habitual en estos enfrentamientos. En el partido de ida de estas eliminatorias le salió mal, pero en la final de la Copa América 2007 y anoche le dio buenos resultados. Dos líneas de cuatro bien pegaditas y mucha pierna fuerte (al terminar el primer tiempo la mitad del scratch estaba amonestada) para asegurar el cero en el arco propio; las posibilidades de meter un gol quedaban limitadas a algún contragolpe o a las consecuencias de una pelota parada. Eso es Brasil hoy: la negación profunda de su legado histórico.

Por eso la premisa de "ahogarlo", enarbolada a los cuatro vientos por Maradona, no fue difícil de cumplir, porque Brasil esperaba justamente eso, que Argentina viniera. Después de la primera jugada del partido donde Tévez casi convierte, nuestro equipo no pudo encontrarle la vuelta al planteo rival, más allá de los intentos de Verón por hacer circular la pelota con toques de primera. Los volantes laterales (qué mal anda Maxi Rodríguez!) no desbordaron, Messi empezó a tirarse atrás para tratar de juntarse con la pelota, y poco a poco nos fuimos diluyendo. La falta de gente con peso y oficio en el área comenzó a hacerse sentir.

Así las cosas, el amarrete Brasil llegó al área rival recién a los 23 minutos (perdónalos, Tostao, no saben lo que hacen!) con un tiro libre que terminó en gol, después de que Luisao apareciera increíblemente solo para cabecear. Y aquí me parece que hay un punto importante. En cualquier partido de barrio, o de solteros contra casados, si un equipo tiene gente alta, los rivales se preocupan por marcarlos en las jugadas con pelota parada; después, un grandote podrá imponer su aptitud para el salto y cabecear, pero nunca dispondrá de la libertad de Luisao, que anoche ni siquiera tuvo que saltar para producir el impacto. Es una falla imperdonable, que marca, además, una grave carencia de la dirección técnica. No fue que los sorprendió un jugador de baja estatura apareciendo por sorpresa, sino que uno de los candidatos al cabezazo estaba más sólo que Kirchner en el día del amigo.

Y el 2-0 tras otra pelota detenida y una serie de rebotes, nos terminó condenando, mucho más por fallas propias que por méritos del rival.

En el segundo tiempo fuimos a buscar el empate, con más corazón que juego, mientras los brasileños se refugiaban de manera desvergonzada dentro de su área. Sin despliegue por los costados, caimos en la trampa del embudo propuesta por el rival, y Messi temrinó enredado en su propio fastidio. El zapatazo de Dátolo alentó esperanzas, pero una obra maestra del contraataque pergeñada por el gran Kaká (qué pase milimétrico!) y definida con sutileza por Luis Fabiano resultó el tiro del final. Un detalle fue el contraste entre la exquisita manera en que el delantero brasileño picó esa pelota ante Andújar con la ceguera de Milito, poco después, estrellando su remate en el pecho de Julio César.

Seguimos caminando para atrás, y la clasificación al Mundial (acontecimiento para el que faltan 9 meses...) está comprometida. Lo peor es quenos estamos acostumbrando a perder y los rivales nos han perdido el miedo.

Tal vez estemos pagando el precio de la designación de un DT sin antecedentes en la función, que prioriza el fetichismo de jugar en tal o cual estadio o ciudad sobre los aspectos esenciales de su trabajo.

miércoles, agosto 12, 2009

Pasión de multitudes


Es el tema mediático del momento en la Argentina, postergando al tarifazo y a las habituales evidencias de la creciente inseguridad. La transmisión televisiva del fútbol va a cambiar de manos, y el gobierno está metido en medio del embrollo.

Es una de esas típicas situaciones en las que uno siente que no puede tomar partido por ninguno de los involucrados. El negocio televisivo del fútbol nació bajo la sospecha, allá por 1991, cuando Julio Grondona -presidente vitalicio de la AFA- y Carlos Ávila, por entonces dueño de la señal TyC, firmaron un contrato de exclusividad y nada menos que por veinticuatro años. Pese a las críticas, la cosa continuó a través del tiempo. TyC pasó a manos del poderoso Grupo Clarín y el contrato sufrió revisiones periódicas; la última fue hace un par de años, cuando Grondona calificó como excelente al mismo convenio que hoy va a desconocer por inconveniente, según él, para los intereses de los clubes.

Unos clubes, dicho sea de paso, manejados por una dirigencia impresentable, sospechada también por las turbias negociaciones en materia de pases y contratos de jugadores, cuya mezcla de incompetencia y satrapía pone cíclicamente a las instituciones al borde del colapso. No obstante lo cual, siempre han contado con la complicidad del poder: hace pocos años, nada menos que la ley de quiebras fue modificada para evitar la desaparición de Racing.

Ahora tercia el gobierno, primero a través de la AFIP (que tiene bajo su mira a varios dirigentes) y luego, según todos los indicios, mediante el accionar de Néstor Kirchner, a quien el asunto parece caerle como anillo al dedo para ejecutar una venganza contra el Grupo Clarín. Entre tanto, muchos periodistas se rasgan las vestiduras, tras descubrir quizá algo tardíamente los pecadillos de "Don Julio", como antes lo llamaban con afecto casi de hijos pródigos.

Hay, por supuesto, amenazas cruzadas de juicios multimillonarios, y la posibilidad hasta ahora no confirmada, de que el gobierno ponga algo así como 150 millones de dólares por año. Tambien priman muchas dudas sobre cómo se materializará el nuevo esquema, dadas las carencias en infraestructura de los canales oficiales, el abierto Canal 7 y la señal Encuentros. No los veo a Enrique Vázquez o Juan P. Feinmann relatando las andanzas de Riquelme & Cía.

Entre tanto, uno no puede menos que imaginar que anoche, en la reunión que los dirigentes de los clubes mantuvieron en la AFA, el capo di tutti cappi haya dicho en cierto momento: "Que parezca un achidente"

domingo, julio 19, 2009

Jugar lindo, jugar bien, ganar...


(Divagaciones a la hora de la siesta,
en un domingo sin fútbol)


Hubo un tiempo en que el fútbol de primera división se jugaba sólo los domingos. Tiempo en que, tras el apurado consumo de los ravioles "de la vieja", los futboleros íbamos a la cancha para sufrir (porque, en última instancia, el sufrimiento es un componente tan importante del espectáculo futbolístico como el placer) por los colores queridos. Los sábados se jugaban sólo los torneos de ascenso, y los viernes, sencillamente, no había partidos.

Hoy eso ha cambiado por completo, bajo los dictados de la televisión. Y no sólo hay fútbol de primera los viernes y sábados, sino que un martes, por ejemplo, uno se puede topar en la pantalla con las escenas de un partido entre dos equipos de alguna remota división del ascenso transmitidas en directo.

De cualquier manera, cuando un domingo no hay fútbol -como hoy- parece que "falta algo". Y entonces, puede pasar que el futbolero se entregue al ejercicio de las divagaciones, que es lo que sucede hoy conmigo. Aquí va, entonces, el producto de mis disquisiciones.

- Menottistas y bilardistas

El reciente triunfo de Estudiantes de La Plata en la Copa Libertadores, pocos días después de la definición del torneo Clausura con la consagración de Vélez Sarsfield (o con la frustración de Huracán, que tuvo más repercusión) reactualizó el debate entre los partidarios del "fútbol lindo" y los del "eficiente".

El asunto no es nuevo y, como suele ocurrir en nuestro país, la polémica alcanzó el rango de una gran antinomia, cercana a las más virulentas de nuestra tradición política (unitarios y federales, peronistas y antiperonistas). Buceando en la memoria, creo que los orígenes de la cuestión (o, al menos, de su versión moderna) pueden ubicarse unos treinta y cinco años atrás, cuando la selección argentina sumó una nueva frustración en el Mundial de Alemania.

Y debo retroceder un poco más, para recordar que cuando tras la segunda guerra se reanudaron estas competencias, nuestros representativos no participaron en las de 1950 y 1954 porque decíamos (y creíamos) que éramos los mejores y no necesitábamos demostrarlo. Tras esta argentinada, accedimos a entreverarnos con la plebe y fracasamos de manera estrepitosa y sucesiva (en 1970 ni siquiera nos clasificamos).

Tras la debacle del 74 fue designado DT César Menotti, que venía de dirigir al Huracán campeón del año anterior. un equipo que quedaría en la historia por la alta calidad de su juego.

El nuevo conductor se propuso amalgamar la buena técnica del jugador argentino con atributos hasta entonces casi menospreciados, como la velocidad de los desplazamientos y la disciplina táctica. Además, tomó la acertada decisión de salir a competir por el mundo, para que sus dirigidos conocieran las características del juego europeo y, como consecuencia de ello, le perdieran el miedo.

El resultado no pudo ser mejor, no sólo porque la selección ganó el campeonato de 1978 jugando muy bien, sino porque desde entonces los equipos blanquicelestes se instalaron en el nivel más alto de las competencias internacionales.

El ciclo de Menotti se cerró en España 1982, cuando tras la reaparición de la soberbia (los jugadores admitirían luego que antes de jugar pensaban que ya eran campeones) ni siquiera llegamos a semifinales. Y entonces se produjo la designación de Carlos Bilardo como DT, hecho que daría inicio al debate interminable: menottistas vs. bilardistas.

- Confieso que he vivido

Bilardo era algo así como la continuidad ideológica de Zubeldía, el DT que había llevado a Estudiantes a la conquista de tres Copa Libertadores y una Intercontinental sustentando sus posibilidades de éxito en un pragmatismo casi salvaje: defensa dura, al filo del reglamento; trabajo "psicológico" contra el adversario; aprovechamiento de jugadas con pelota parada (como el novedoso lanzamiento de tiros de esquina con "pierna cambiada"), etc.

Por aquellos años, yo era un tipo de convicciones muy (demasiado) firmes. Entonces, adherí sin miramientos al "ideario" menottista. La verdad del fútbol consistía, para la gauche menottiana, en practicar un lirismo que privilegiaba el juego agradable a la vista, anteponiendo esa premisa a cualquier otra; los que no tomaban en cuenta esto, eran tachados de meros resultadistas, adalides del antifútbol.

Del otro lado, los execrables bilardistas, que justificaban cualquier ventaja obtenida a partir de un desequilibrio emocional del contrario y no trepidaban en celebrar un gol conseguido -qué asco!- tras un centro con comba que había tomado a contrapierna a la defensa rival. A los bilardistas esto no sólo no les importaba, sino que los enorgullecía: los contrarios eran unos pobres líricos.

Después, las convicciones menottistas -al igual que otras- comenzaron a temblar, cuando el equipo dirigido por el semidespreciable Bilardo ganó el Mundial de 1986, y uno se descubrió a sí mismo celebrando como un desaforado -aún antes que la memorable victoria en la final contra Alemania- aquel gol trucho de Maradona contra los ingleses...

- Jogo bonito

Waldir Pereira fue un futbolista brasileño conocido por su apodo, Didí, que integró los seleccionados campeones mundiales de 1958 y 1962. Tiempo después, como técnico de River Plate, acuñó la expresión "jogo bonito" para referirse a la forma en que él quería que jugara su equipo. Si se miran los resultados no tuvo éxito, pero su gestión le dió aire a una generación de jugadores riverplatenses que poco más adelante le daría grandes satisfacciones a ese club, entre ellos el Beto Alonso y J. J. López.

Las fortalezas del jogo bonito coincidían con el "tiki-tiki" que hoy proclama Angel Cappa: toque, rotación, buen trato de pelota. Pero sus debilidades eran no menos importantes: fragilidad defensiva, dificultades para sostener su juego ante un rival aplicado a la marca.

Es posible que la síntesis más certera del asunto fuera la que aportó otro brasileño, Elba de Padua Lima, apodado "Tim", que en 1968 condujo al San Lorenzo de mis amores al título de campeón metropolitano, venciendo en la final al Estudiantes de Bilardo. Tim decía que "el fútbol es una frazada corta: si te tapás los pies, te destapás la cabeza", aludiendo a los desequilibrios que surgen entre las propuestas ofensiva y defensiva de un equipo. Es, como en tantos órdenes de la vida, cuestión de elegir y de buscar el equilibrio.

En ese sentido, tengo para mí que el equipo que más se aproximó a una armonía casi perfecta entre todas sus líneas fue la selección brasileña que ganó el Mundial de 1970, cuya foto ilustra este post. La facilidad y contundencia con que aquellos monstruos (Pelé, Rivellino, Jairzinho, Tostao, Clodoaldo) dieron cuenta de la siempre dura y díficil Italia (donde revistaban "nenes" como Facchetti, Gianni Rivera, Gigi Riva y Boninsegna) estableció, a mi modo de ver, un hito cumbreño en la historia del fútbol.

Quizá la Holanda de 1974, aquella del "fútbol total" que lideraba el gran Johann Cruyff, haya estado cerca de alcanzar un nivel parecido, pero declinó en la final, ante la fría eficiencia de la maquinaria alemana y la potencia goleadora de Gerd Muller.

Los lectores que hayan llegado hasta aquí tal vez coincidan conmigo en que, desde 1974/82 a esta parte, la calidad o el nivel del juego en los mundiales ha venido descendiendo sin prisa pero sin pausa.

- Jugar lindo, jugar bien, ganar

Y alcanzado este punto, hagámonos las preguntas pertinentes: ¿qué significa, después de todo, jugar "bien"? ¿Es sinónimo de "jugar lindo"? Jugar "bien", ¿implica olvidarse de ganar?

Repito que para mí, Brasil 1970 reunió las tres premisas: jugaba lindo, jugaba bien y ganaba. Y de aquí saco una conclusión derivada, de algún modo, de la teoría de conjuntos: "jugar lindo" puede formar parte de "jugar bien", pero no es el único componente de este concepto.

Porque jugar bien implica desplegar con acierto las diferentes líneas en el terreno, defender con orden y firmeza cuando el rival ataca (porque, aunque muchos lo olvidan, el rival también juega y quiere ganar), aplicar la táctica adecuada, explotar las debilidades del contrario.

Huracán de 1973 (al que algunos trasnochados comparan con la versión 2009 de Cappa) jugaba muy lindo, merced al talento de Brindisi y Babington, y -en especial- al genio de René Houseman. Pero cuando los adversarios querían atacarlo, primero tenían que superar el trajín de "Fatiga" Russo en la mitad de la cancha, y luego se topaban con la experiencia y firmeza del Coco Basile y el uruguayo Chabay. En suma, también era difícil hacerle goles.

Aquel Estudiantes de Zubeldía , además de haber hecho un culto de ciertos criterios defensivos muy discutibles, tenía jugadores de buen pie como Madero, el Bocha Flores, Echecopar y Verón padre. Es decir, no era una horda de rústicos ventajeros.

Y hay todavía un par de preguntas más.

¿A la gente sólo le gusta que su equipo juegue lindo? Por supuesto que no. No sólo los argentinos celebramos el gol de "la mano de Dios"; también los brasileños festejaron enloquecidos el tetracampeonato mundial de 1994, sin que el "paladar negro" de la torcida resultara afectado en lo más mínimo por el juego tan gris como conservador de aquel equipo.

¿Jugar lindo no sirve para ganar campeonatos? Lo hecho por el rutilante Barcelona que ganó "todo" en esta temporada europea es la respuesta más contundente a tal pregunta.

Después de todo, tratándose de fútbol, las certezas no existen. Sino, que le pregunten a los hinchas de Atlético Rafaela lo que pensaban a dos minutos del final de su último partido contra Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Por lo menos, así lo veo yo...