viernes, junio 20, 2008

De progresía y honestidad


Aquel ¿sueño? de la transversalidad hacia un partido de centroizquierda, superador del pejotismo, nunca se hizo realidad. Hoy su mentor es nada más y nada menos que el presidente del otrora despreciado justicialismo (aunque su esposa se regodee diciendo que ella prefiere llamarlo peronismo).

Sin embargo, no toda aquella prédica cayó en saco roto. Buena parte impregnó de modo indeleble a ciertos pensadores sensibles para los cuales no existen el caso Skanska, las valijas voladoras, los empresarios exitosos como Rudy o Cristóbal, las estadísticas falsas, o los grupos de choque de D'Elía y Pérsico. Por ahí andan, entonces, intelectuales como Feinmann, Braceli, Viñas, Pavlovsky y varios más, defendiendo aquí y allá el progresismo (!) del gobierno.

Entre esos tipos y yo hay algo personal, que no es ideológico, sino que gira -digamos- en torno a la honestidad intelectual. O a la falta de ella.

Todo lo contrario me ocurre con Beatriz Sarlo y Martín Caparrós, por caso, quienes sostienen sus argumentaciones políticas -que casi nunca comparto- con una coherencia que se origina, me parece, en el saludable ejercicio de no mentirse a sí mismos.

A propósito, invito a compartir dos muy buenos artículos, donde estos escritores se ocupan de las reiteradas apelaciones K al pasado. El de Caparrós, publicado en Crítica Digital, no está exento de acidez; el de Sarlo, en La Nación, no se priva de evidenciar el carácter decorativo (o berreta, como diría Aníbal F.) de las erróneas citas presidenciales a Marx.

Links:
Martín Caparrós: En honor a la famosa Memoria
Beatríz Sarlo: La prisión del pasado

2 comentarios:

Staff de Bla Bla Bla dijo...

El problema está en que Perón no reconoció a Martha Holgado como su hija... Nada de esto estaría sucediendo...

Miguel A. Mastroscello dijo...

Bla bla bla:

No es el único problema: Marta Holgado era, además, tataranieta de Marx, y eso nunca se blanqueó. Y bueno, así nos va.