martes, marzo 24, 2009

24 de marzo


Hoy es un día triste para los argentinos, puesto que se recuerda el comienzo de la última dictadura militar, hace ya 33 años. Los acontecimientos vinculados no comenzaron ni terminaron aquel día, por supuesto, pero esa fue la fecha del golpe encabezado por Videla que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martinez, la viuda de Perón.

Yo era por entonces un joven estudiante universitario en Buenos Aires, por lo que no puedo evitar el recuerdo de aquellos días de locura. La imagen de un Ford Falcon sin patentes circulando despacio por la avenida Córdoba, con los "fierros" a la vista, se entremezcla con las de los pasillos de la Facultad cubiertos por carteles de las agrupaciones estudiantiles, en medio de un clima social y político que hoy se me ocurre irreal por lo disparatadamente violento.

Esa orgía de sangre aún hoy nos pesa a todos en la memoria. Si algo positivo se puede extraer de todo aquello, se me ocurre que es la necesidad de que nuestros dirigentes no pierdan de vista el sentido republicano y el respeto por el estado de derecho. Ayer pensaba en esto, cuando veía en los noticieros televisivos los episodios de agresiones entre ruralistas y camioneros originados por la extensión del conflicto entre el sector agropecuario y el gobierno.

Ojalá que la dirigencia haya aprovechado el feriado de hoy para reflexionar al respecto. En especial, el núcleo duro del kirchnerismo, ese que confunde el ejercicio del gobierno con una sucesión de imposiciones sustentadas en la manipulación de la información y en distintas formas de violencia. Esa lógica, llevada al extremo, fue la que utilizó el dictador Videla y, también, la que pretendían llevar a cabo los guerrilleros de hace tres décadas.

1 comentario:

Zorombático dijo...

Estimado Tocayo, yo nací un 24 de marzo. Cuando fue el golpe militar cumplí 10 años. A esa edad y en México, no tenía conciencia de muchas cosas, lo que sí recuerdo fue el Mundial de 78, y mi padre me contó lo que pasaba en Argentina y me dijo quién era ese señor que se apellidaba Videla y estaba en el palco presidencial. Yo le iba a la Holanda de Cruyff, sin embargo, por lo que mi padre me contó y bajo la premisa de unidad latinoamericana que prevalecía en mi casa, me convertí a la Argentina de Menotti, de Ardiles, de Burruchaga y de Kempes. Conforme fui creciendo me enteré de lo que el pueblo Argentino vivió y siempre he estado del lado de los que lucharon, de los que maltrataron, de los que disturbaron y quemaron sus libros, de los que fueron a una guerra estúpida e inutil. Ojalá y esos tiempos no vuelvan jamás. Un abrazo desde el Caribe Mexicano.