sábado, marzo 21, 2009

Vacaciones en Uruguay


Mi tercera visita a Uruguay en plan de vacaciones me dejó la misma sensación agradable que las anteriores, y también iguales interrogantes. ¿Cuáles serán las razones por las que, estando tan cerca y compartiendo tantas características, uruguayos y argentinos somos no obstante tan distintos?

Lo primero que me llama la atención cuando llego allí es el talante positivo y la buena educación del habitante medio, rasgos que se traducen en una forma de vida mucho más relajada, por decirlo de alguna manera, que la de nuestro país. Supongo que la velocidad promedio del tránsito vehicular debe ser unos 20 ó 30 km/h inferior a la predominante en rutas y calles argentinas, mientras que el respeto a reglas básicas como la prioridad del peatón o la del vehículo que avanza por la derecha facilita de manera notable tanto conducir un vehículo como circular caminando.

Sabido es que, además de la antipatía que (justificadamente) despertamos en toda Latinoamérica, los uruguayos mantienen con nosotros varios contenciosos de diversa índole, empezando por el lugar de nacimiento de Gardel, siguiendo por la añeja rivalidad futbolera y culminando en el bochornoso episodio -aún no agotado- de Botnia. Pese a ello, mi señora y yo jamás fuimos objeto de un mínimo gesto de animosidad ni de un comentario sardónico. Por el contrario, apenas advertían nuestra condición de turistas, nos trataban con una amabilidad que surgía en forma natural.

Aún en una ciudad grande como es Montevideo, prevalece esa suerte de tranquilidad provinciana tan alejada de la crispación que en el caso argentino no se limita a la megalópolis porteña. Al atardecer, después de las tareas cotidianas, los montevideanos salen a pasear -termo y mate en ristre, por supuesto- por la rambla con amigos o familiares, como si la crisis financiera fuera una cosa de otro planeta.

Y no es que en Uruguay no existan problemas económicos ni falten los disensos políticos. De hecho, sufrieron una dictadura militar y una vorágine terrorista tan graves como las que soportamos aquí, y uno percibe preocupación por cuestiones como la inseguridad (aunque no en nuestra catastrófica escala) y el desempleo. Sin embargo, los debates y las divergencias se manifiestan en un marco de civismo y racionalidad que desde una mirada argentina no se puede menos que admirar.

El presidente Tabaré Vázquez está por culminar su mandato con unos niveles de popularidad altísimos, lo cual no lo ha impulsado a postularse por la reelección. La campaña electoral, todavía en la instancia de las primarias, se desarrolla con intensidad y pasión, pero con dos aspectos llamativos: la ausencia del intercambio de descalificaciones e insultos entre los candidatos que es moneda corriente en la Argentina, y la organicidad de un sistema de partidos que funciona como receptáculo y vehículo de las inquietudes de la población. Síntomas de una salud institucional que es quizá la contracara más notoria de nuestra desalentadora realidad.

Ese contexto hace aún más satisfactorio el reconocimiento de las bellezas paisajísticas del país. En la tranquila capital es muy interesante caminar por las callecitas de la Ciudadela, visitar el Museo del Carnaval y degustar en los restaurantes del Mercado del Puerto excelentes carnes vacunas a la parrilla, preparadas con brasa de leña en el particular estilo local. Piriápolis, con sus lindas playas, el magnífico Argentino Hotel (inaugurado en 1935) y su pequeño puerto de pescadores (imperdibles, los mariscos en los puestos cercanos a la banquina o en los restaurantes de los alrededores), al pie del Cerro San Antonio, es un destino ideal para descansar. Colonia del Sacramento invita a reencontrarse con la historia y a perderse en los vericuetos de la ciudad vieja.

Tal vez sea una casualidad o un símbolo: en los billetes uruguayos en vigencia no hay efigies de militares, ni siquiera de su máximo héroe Artigas, sino de escritores como Zorrilla de San Martín y Juana de Ibarbourou, del músico Eduardo Fabini, del pintor Carlos Fígari y del sociólogo y educador José Pedro Varela.

Volviendo al comienzo, intuyo que las razones de las diferencias radican en la educación y la calidad institucional. Me fui de allí con ganas de volver.

2 comentarios:

circes dijo...

Llegué a su blog por sus comentarios en el blog de Rozichtner... y me llamó la atención además del tratamiento algo conservador de los temas que le interesan, el hecho de que es de Usuhaia!!!
me surgió la curiosidad laboral, no necesitan profesoras de literatura en ese bello lugar? Si sabe del tema , le ruego información...

Miguel A. Mastroscello dijo...

Circes:

Bueno, no sé si soy "conservador"; al menos no me veo como tal, aunque estoy seguro de que no soy "progresista"... Muchas veces coincido con las opiniones de Rozitchner, y además el cuestionario de "Political Compass" me ubicó (ver barra derecha del blog) a prudente distancia del autoritarismo. No sé si ello significará algo.

No estoy al tanto de lo que está sucediendo por aquí en el ámbito laboral que a Ud. le interesa. Hasta hace unos cinco años, cuando yo todavía hacía docencia, había muchos profesores y profesoras (lo pongo así para que no suene conservador, ja!) trabajando, pero conozco a varios que se han ido jubilando. Le sugiero que intente un contacto con un buen colegio privado que hay aquí, para lo cual le paso el enlace al sitio web:

http://www.cnu.edu.ar/

Espero que siga visitando el blog y le envío un cordial saludo.