sábado, febrero 09, 2008

El buen nombre


Mira Nair es una directora de cine hindú, que se inició como actriz y luego fue documentalista en su país. Hasta ayer, había visto sólo una de sus películas, "Salaam Bombay", un durísimo testimonio sobre los chicos de la calle en esa ciudad, que fue su primer largometraje y recibió una nominación al Oscar.

Su obra "El buen nombre" es una joyita en la que aparecen diversos temas tratados con hondura y sensibilidad, con magníficas actuaciones y un ritmo sostenido que hace que uno sólo se de cuenta de lo bastante larga que es (2 horas) cuando termina.

Están allí la familia, las relaciones de pareja, la migración, la diversidad cultural, la importancia de viajar, el valor del diálogo.

En 1977, una joven pareja recién casada (a la usanza hindú, por acuerdo entre las familias) se muda de Calcutta a Nueva York, donde él comienza a desarrollar una carrera como docente universitario. Allí nacerán y crecerán sus dos hijos, mientras ellos se van integrando poco a poco a una sociedad muy diferente a la de su origen, pero sin perder contacto con sus raíces bengalíes. Ashoke, el profesor, y su mujer Ashima, que trabaja de bibliotecaria, construyen sus vidas con la sabiduría necesaria para compatibilizar las tradiciones orientales con la modernidad occidental, aunque como es natural, ello no los exime de contratiempos. El respeto, la apertura mental para hablar y -sobre todo- escuchar, el esfuerzo, serán los pilares de esa familia.

El tiempo pasa, los hijos inevitablemente comienzan a abandonar el hogar y el destino deparará a todos tristezas y alegrías. Cuando las circunstancias la deciden a vender la casa, Ashima dirá que allí aprendió a conocer y amar a su esposo, resumiendo en esas pocas palabras un cuarto de siglo de vida en común.

Me sentí identificado y conmovido por estos aspectos de la anécdota, y creo que esto también es inevitable para todos los que hemos recorrido una parábola más o menos parecida.

Hay algunas excelentes pinceladas del pasado de la directora como documentalista, en las imágenes contrastantes de las caóticas calles de Calcutta, la nieve de las neoyorquinas, los paisajes rurales de la India y los Estados Unidos, los anónimos personajes que en ambos países -en proporciones por cierto bien distintas- sufren el desamparo. Impresiona descubrir el Taj Mahal, el monumental mausoleo que un emperador mogol levantó en homenaje a su amada esposa favorita.

Las actuaciones, como dije antes, son notables (es imposible para mí recordar los nombres...), y también llama la atención el realismo de las caracterizaciones a medida que pasa el tiempo del relato.

En síntesis, creo que es una película buenísima y muy recomendable.

2 comentarios:

Ricardo Watson dijo...

que casualidad, estoy leyendo el libro y no tenía idea que ya habían hecho la película. Me faltan unas pocas páginas para terminarlo, aunque veo que hay algunos cambios: en el libro ellos llegan a Boston a mediados de lso 60, y Gógol nace en 1968 (el año que nací yo). Recién a mediados de los 90 se trasladará a NYC para trabajar en un estudio de arquitectura, donde realiza obras para ciudades como Buenos Aires. Trataré de conseguirla cuando termine de leerlo.

Miguel A. Mastroscello dijo...

Ricardo:
Estamos a mano, no tenía idea de que la novela estaba editada en la Argentina. Trataré de conseguirla...
Saludos