martes, enero 27, 2009

Clientelismo rural


Las malas relaciones del gobierno con el sector productivo rural reconocen un origen bastante distinto al de la puja ideológica, con que se lo ha querido caracterizar desde la corrección política. La feroz inquina del kirchnerismo con los ganaderos y agricultores proviene de la posición dura que estos mantuvieron, cuando el año pasado se pretendió incrementar la intervención estatal y presión tributaria a niveles intolerables.

La impericia y ceguera del gobierno en el manejo de este asunto, no sólo derivó en un consmo del capital político que había logrado construir (en las elecciones de 2007, Cristina Fernández compensó en las poblaciones más involucradas con esa actividad el bajo caudal obtenido en las grandes ciudades) sino también en la pérdida de una excelente oportunidad para aprovechar la coyuntura favorable y mejorar el desempeño competitivo del sector.

Ahora no sólo las condiciones económicas han cambiado, al compás de la crisis internacional, sino que se ha agregado una sequía de proporciones devastadoras, que está afectando de modo muy severo a los productores de amplias zonas del país.

El gobierno, mientras declara la emergencia agropecuaria junto con algunas medidas que han sido criticadas como insuficientes por los dirigentes rurales, comenzó sotto voce una acción encomendada al inefable Secretario de Comercio, Guillermo Moreno. La operación es sencilla: el funcionario ha tomado contacto con algunos chacareros desesperados por la carencia de alimentos para sostener sus planteles, ofreciéndoles el suministro de maiz para paliar la situación. Para ello, ha amenazado a los exportadores con trabarles sus ventas al exterior, si no proveen del grano a los beneficarios que él ha elegido, mediante procedimientos y criterios de selección que no han sido dados a conocer, como así tampoco la imputación presupuestaria de los fondos que el Estado aplicará a esto. Se trata, es indudable, de una maniobra divisionista, que intenta "quebrar" el frente ruralista.

Seguramente los especialistas (por ejemplo, el Abuelo cuando vuelva de sus vacaciones) opinarán con fundamento sobre los aspectos políticos y técnicos de las medidas que comento, pero entre tanto queda en evidencia la catadura moral de un gobierno que, aprovechando la emergencia, lleva a cabo una cruda política clientelista avalada por un despiadado apriete. Además, claro, del carácter "todoterreno" del funcionario, capaz de manipular estadísticas, intervenir en los mercados, demorar exportaciones y, según puede intuirse, de muchas cosas más.

En fin, dicen que una mancha más no le hace nada al tigre...

(Nota: la imagen es del diario Uno Santa Fe.)

2 comentarios:

Urboterra dijo...

Los gobernantes deberían utilizar herramientas políticas y económicas con objetivos sociales. Creo que esa es la idea básica de todo sistema político, pero "La Política" dejó hace mucho tiempo su finalidad de lado. Creo, además, que las cosas están hechas mierda por que el objetivo del gobernante es hacer y perdurar en política, en vez de gobernar a sus gobernados.
Ya sé que parece tonto lo que digo, pero es tan simple y ya nadie siquiera lo considera, ni siquiera en los diarios; es como cuando los programas dejaron de hablar de contenidos y empezaron a hablar del rating: los diarios no hablan de política, hablan de politiquerías. Para un amigo mío politólogo, un buen político es aquel que es hábil tejiendo alianzas, moviéndose en aguas tumultuosas, perdurando, mutando, renaciendo. Para mí, el buen político es el que mejor gobierna, y para medirlo habría que ver cómo se encuentran los gobernados.
Ni los que gobiernan, ni los del campo ni la oposición parecen querer que la gente esté mejor, y se habla de nada hasta el hartazgo.
Qué pesimista, no? uno de esos días...
Guarda con la última coma del primer párrafo,
Abrazos

Miguel A. Mastroscello dijo...

Urboterra:

Comparto lo que decís, en especial el paralelo con lo de los contenidos vs. los ratings.

Discrepo con la apreciación sobre "los del campo": son dirigentes gremiales empresarios y como tales, defienden los intereses económicos de su sector. Si después, se presentan para cargos electivos, están en su derecho como cualquier ciudadano.