miércoles, abril 22, 2009

La ninfa inconstante


La sensación que tengo es que, en materia de lecturas, estoy llegando tarde.

Me pasó hace poco al leer "La muerte de Amalia Sacerdote", y sentir que estaba arribando con demora al mundo del policial-negro. Por lo cual me propuse leer muy pronto alguna de las obras maestras del género, quizá de Chandler (mi amigo Zeta me lo ha recomendado). Asignatura pendiente, en suma.

Y me vuelve a pasar ahora, tras terminar "La ninfa inconstante", respecto de la obra de su autor, el cubano Guillermo Cabrera Infante. No sólo por tratarse de su novela póstuma publicada en 2008, tres años después de morir por causa de una septicemia, en un hospital público de Londres en el que había sido internado para tratar una fractura de cadera. Siento que me he demorado en abordar alguna de sus obras más reconocidas, como la famosa "Tres tristes tigres" (de 1964).

El estilo de Cabrera Infante es muy atractivo, en especial por sus juegos de palabras, la profusa riqueza de sus citas ("Estás lleno de citas", le dice tal vez con hastío la ninfa al narrador-coprotagonista) y el hábil manejo de la técnica de "flash-back". Pero eso no es lo que más me gustó de este libro, sino otro aspecto que forma parte de mi, llamémoslo así, campo de intereses. Se trata de la impronta del migrante, en este caso de alquien que ha dejado su terruño no por elección (Cabrera, antes censurado por la dictadura de Batista, acompañó a la revolución castrista al comienzo para terminar exiliado, o peor que eso: desterrado), quien en el tramo final de su vida recurre a lo único que el régimen no pudo quitarle, su memoria.

El relato da la impresión de ser una sabia mixtura de momentos autobiográficos y pura ficción. En aquéllos, la memoria le permite a Cabrera rescatar las imágenes, la textura, los aromas de esa patria lejana a la que jamás habría de volver: allí están la música, el cine, los cafés, las mujeres de La Habana imborrable de fines de los cincuentas. "La Habana era para mí entonces una isla encantada de la que era a la vez explorador y guía". No hay dolor en esa mirada, quizá solo una intensa, inconmensurable nostalgia. En el plano ficcional, el texto revela la maestría del autor, con descripciones de un impresionismo exquisito y un preciso desarrollo de los tiempos.

La acción transcurre apenas durante un verano, en que aquel periodista "que por un momento fui" descubre a una suerte de Lolita tan indefensa como peligrosa, indescrifrable al fin. A tal punto que el protagonista (¿o Cabrera?) sólo atina a escribir sobre ella muchos años más tarde, sabiendo que ha muerto.

En fin, que tengo otra asignatura pendiente: leer "Tres tristes tigres".

4 comentarios:

Anónimo dijo...

BASTA!!!!! Cómo es posible que cada tres días apareces con un nuevo libro leído!!! DE DONDE M.....SACAS EL TIEMPO
El envidioso

Miguel A. Mastroscello dijo...

Anónimo:

Creo que no se trata de encontrar tiempo, sino de incorporar la lectura como rutina. Al menos, a mi me pasó así, después de muchos años de haber perdido el hábito de leer.

Ah, hoy empiezo otro libro, y me falta postear el comentario de "La luna de papel" (ver barra derecha del blog)

No derrame tiña, amigazo ;-)

Zorombático dijo...

Tocayito, qué maravilla es Cabrera Infante ¿verdad? Yo lo conocí con un libro increíble que se llama "Cine o Sardina". El nombre se debe a que, cuenta Cabrera Infante, que su madre preguntaba algún sábado eso: cine o sardina, dando a escoger si comían o iban al cine. El autor comenta jocoso: nunca escogimos sardina...
También tiene otro increíble que se llama "Puro Humo" acerca de las delicias del tabaco, está escrito en... Inglés!!!
Cabrera Infante fue un grande, poco reconocido, creo.
Suerte con los Tres Tristes Tigres... no lo he leido, pero estoy seguro que pronto escribirás un fabuloso post. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Trate de imponer mi rutina de leer, a las 2 am, pero confieso que morpheo puede mas