martes, mayo 12, 2009

No soy de aquí ni soy de allá


La aguja de "Political Compass" (ver barra derecha del blog, abajo de "El último libro que leí") me señala como una suerte de "libertario de centroderecha". Libertario o liberal, supongo, en el sentido estadounidense del término: opuesto al autoritarismo.

Puede ser. Estoy en ese cuadrante donde se intersectarían las etiquetas "libertarian" y "right", no tan a la derecha como Milton Friedman, más o menos por donde en 2008 andaban los gobiernos de Finlandia y Dinamarca así como el partido Liberal Demócrata inglés (mirá vos!), y no tan a la izquierda como el Dalai Lama o Gandhi (en todos los casos salvando, por supuesto, las estratosféricas distancias, y siempre según los criterios de ese sitio web).

Hubo un tiempo lejano (al menos, más lejano que lo que me gustaría admitir) en que fui, según yo mismo, un tipo de izquierda. No era tan sencillo: me definía como alguien de izquierda, sí, pero nacional. Ergo, seguía al Colorado Ramos, miraba con simpatía al peronismo, adhería a Keynes y al estructuralismo.

No me pregunten qué pasó, pero las convicciones fueron mutando. Hasta que las nuevas dejaron de ser convicciones para convertirse en... ¿posiblemente? ¿quizás?. Como me dijo un amigo: "Con los años, cada vez soy menos absoluto".

De algún modo, el cambio se produjo, aunque tampoco es para tanto. Como le pasa a Vargas Llosa (otra vez, salvando las abismales distancias) no creo ser un conservador. Entre otras cosas, porque

  • Estoy a favor de una sociedad laica y plural.
  • Estoy en contra de los dogmas políticos y religiosos. No creo en una verdad absoluta.
  • No soy nacionalista.
  • No soy homofóbico.
  • Quiero un presupuesto público alto para la educación en sus niveles primario y secundario.
  • Quiero que los padres controlen y participen de la ejecución de ese presupuesto, eligiendo el colegio al que quieren enviar a sus hijos.
  • Abogo por la educación superior gratuita para quienes ameriten recibirla y no puedan pagar un arancel.
  • Sostengo los dos puntos anteriores porque estoy convencido de que la educación es la palanca que puede empezar a hacer que nuestro país deje atrás el lugar que hoy ocupa.
  • Estoy a favor de la libertad de prensa y de agremiación.
  • No creo en, ni espero a ningún iluminado poseedor de la receta mágica para curar todos nuestros males.
  • No admito la violencia, salvo cuando sea estrictamente necesaria para que un defensor de San Lorenzo corte un contraataque que amenace al arco azulgrana.
  • No creo que exista ni que vaya a existir una sociedad perfecta.
  • Quiero un Estado que no pretenda controlar o dirigir el pensamiento de los ciudadanos, y que en cambio haga cumplir las leyes y brinde seguridad a las personas honestas.
  • Quiero que los encargados de la política económica usen, como dice de Pablo, la herramienta más apropiada (ortodoxa o heterodoxa) para la resolución de cada problema.

En fin, alguien podrá decir: y a qué viene toda esta perorata?

Bueno, tal vez se me haya ido la mano con el malbec en la cena...

(La imagen es del entrañable Facundo Cabral, en mi época preadolescente llamado El Indio Gasparino, autor de la canción cuyo título robé para rotular este post).





2 comentarios:

Sam Rothstein dijo...

Lindo post. Se parece muuucho a uno que publique hace un par de dias, retomando un hermoso manifiesto de Il Postino, a quien tenes linkeado.

Saludos,
Sam

Miguel A. Mastroscello dijo...

Sam:

En efecto, el excelente "manifiesto" de Il Postino fue el que me "inspiró" este post, o mejor dicho: el que disparó algunos sentimientos -más que pensamientos- que me venían rondando.

Tu post no lo había visto hasta hoy.

Está muy bueno QLP, al que descubrí vía un link en lo del Abuelo.

Este blog no pretende ser un miembro de la BEA, más bien me complace leerlos "de afuera" y, muy de vez en cuando, hacer algún comentario.

Saludos.