domingo, mayo 03, 2009

La nieta del señor Linh


Una primorosa miniatura, es la definición que se me ocurre para esta novela del francés Philippe Claudel que me devoré en poco más de dos horas (dicho esto, de paso, para alguien que hace poco me preguntó de dónde saco el tiempo para leer).

Fundamentos: miniatura es, según la Real Academia Española, "un objeto artístico de pequeñas dimensiones", mientras que primoroso es algo "excelente, delicado y perfecto".

Bueno, este libro es eso.

Con un admirable lenguaje minimalista, el autor elabora una reflexión sobre la vida en sociedad, la comunicación entre los seres humanos, la amistad, la identidad y otras nimiedades por el estilo, que atrapa al lector desde la primera página y no lo libera hasta el final.

La anécdota se ocupa de un anciano campesino de algún país lejano al narrador (¿Vietnam?) cuyas familia y aldea han sido arrasadas por la guerra, y es acogido como refugiado en una gran ciudad de algún país desarrollado (¿París?). Insisto en el minimalismo: en el texto no hay mayor información sobre este aspecto, y no es necesaria.

Un tema es el exilio, la migración. El contraste entre ambas culturas está planteado con unas pocas pinceladas. El señor Linh mira absorto a esa gente que pasa junto a él "como un rebaño ciego y sordo", y se sorprende porque los nombres en ese país no significan nada.

Otro es el de las relaciones humanas. Inmerso en una soledad feroz que no parece tener alternativas, incluso pese a la proximidad de unos connacionales en el lugar donde se aloja, el señor Linh se aferra a la memoria, como el escritor de "La ninfa inconstante" o el Jean Dominique de "La escafandra y la mariposa". Encontrará, pese a todo, a un amigo: un habitante de esa ciudad extraña, solitario y nostálgico como él. Ninguno habla el idioma del otro, pero la comunicación entre ambos alcanzará con rapidez una profundidad y un espesor formidables.

Hay también un relato con reminiscencias por momentos melodramáticas, con un final inesperado y de preciso diseño.

Una joyita, una verdadera maravilla, le digo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me siento honrado por su referencia a mi humilde comentario.

Miguel A. Mastroscello dijo...

No me lo agradezca, Sr(a). Anónimo(a), Ud. se lo merece...