lunes, marzo 26, 2007

Homenaje y presentación


El martes 27 de marzo se llevará a cabo un homenaje a don Odino Querciali, antiguo poblador de Ushuaia fallecido el año pasado. Lo organiza su familia, con la colaboración de Luis Castelli y la participación de Marcelo Murphy.

En la ocasión, será presentado el libro de mi autoría, que pretende dejar un registro de su fecunda trayectoria.

La cita es a las 19:00 horas en "El Almacén de Ramos Generales" de Enrique Chasco, que está en la Avda. Maipú 737.

La elección del lugar es doblemente grata para mí: hace unos quince años, cuando en ese edificio funcionaba el estudio jurídico del Dr. José Salomón, tuve allí la primera charla con don Odino. En esa oportunidad, en la que con "El Turco" me propusieron ser algo así como un asesor económico de la Cámara de Comercio, comprobé por primera vez la capacidad de análisis y la mirada estratégica de quien, espero, alguna vez tenga un reconocimiento oficial como el ciudadano ilustre de Ushuaia que sin dudas fue.

jueves, marzo 08, 2007

"Mujer, si puedes tú con Dios hablar..."



"Lo que pasa es que vos no me escuchás cuando yo hablo"

"Vos decís que la loca soy yo, pero a la mayoría de mis amigas le pasa lo mismo"

"Vos sos muy cortante: cuando decís sí es sí, y cuando decís no es no"

"¿Cómo que tardé? ¡Si hace media hora que te estoy esperando!"

"Yo sé lo que en realidad quisiste decir"

"Ustedes, los hombres, no comprenden la sensibilidad femenina"

"Si vos podés ver el partido Atlas-Yupanqui, yo puedo ver la novela"

"No sabés cómo me contestó tu hijo" (¿hace falta aclarar que también es hijo de ella?)

"Quiero un hombre que me proteja, me contenga, sea tierno, que vaya al súper, lave, planche y que cocine bien" y a continuación: "Lo que me gusta de Fulano es su masculinidad"

"Es que nunca me contás nada..."

"Lo que te regalé lo usás poco porque no te gusta" vs. "Dale, usalo todos los días, así dentro de poco no queda nada de mi regalo"

"Te manchaste otra vez la camisa. ¡Y, con esa panza que tenés!..."

"¿Otro reel (o camisa, o par de zapatillas, o corbata, o lo que sea) te vas a comprar, no tenías uno ya?"


M.A.M. compilador

jueves, marzo 01, 2007

Ayer, hoy y mañana



Hay gente que tiene una virtud que admiro mucho, a la cual definiría como la capacidad de condensar una idea con cierta sustancia en una frase corta. Dejo a continuación tres ejemplos:

"El problema con la juventud actual, es que ya no formo parte de ella". Salvador Dalí

"Hoy es siempre todavía, ayer es nunca jamás." Antonio Machado

"Me interesa mucho el futuro, porque es allí donde pienso pasar el resto de mi vida". Woody Allen

viernes, febrero 23, 2007

DE MAFIAS Y EXTORSIONADORES



Empezó con el desplazamiento de una funcionaria y un “toqueteo” a la metodología de cálculo del IPC, defendido con acusaciones del ministro del Interior acerca de mafias y corporaciones. Algunos medios se apresuraron a recordar que no es la primera vez que se hacen modificaciones metodológicas, mencionando a las que afectaron a la Encuesta Permanente de Hogares en la década del noventa (con perdón de la palabra). Claro que Marcelo Bonelli, por ejemplo, al referirse a ello omitió decir que en esa oportunidad los cambios llegaron como consecuencia de un procedimiento preestablecido, controlado y debidamente publicado, y no mediante el mecanismo intempestivo y grosero usado ahora.

El asunto tuvo la entidad suficiente como para provocar alarma en la profesión, que ve cómo peligra el sistema de las estadísticas oficiales, que además es uno de los pilares de las instituciones democráticas de un país en serio. Muchos de los usuarios de las estadísticas económicas y sociales han hecho pública su preocupación desde un sitio de Internet que sugiero visitar.

Hoy la cosa ha continuado, con las alusiones que la ministra Miceli —asumiendo de modo quizá sorpresivo un perfil bastante más alto que el habitual— planteó sobre una supuesta “extorsión corporativa”. Otra vez la misma cantinela. Esta gente tiene la idea fija…

¿Cómo proseguirá el thriller? Me atrevo a hacer un par de pronósticos de corto plazo. Mañana o pasado, cualquiera de los Fernández agregará su granito de arena al castillo de la teoría conspirativa. Es posible también que llegue apoyo del exterior, si Chávez nos dedica unos minutos de su programa televisivo para emprenderla contra las “estadísticas neoliberales”, como lo hizo cuando descalificó ciertos indicadores sobre la pobreza de su país que no le agradaron.

Lo que resulta absolutamente seguro es que el Director del Indec, Lelio Mármora, continuará con su marmóreo silencio de radio.

Como titularía cierto diario económico: lamentable.

jueves, febrero 15, 2007

DELICIAS DE UN AÑO ELECTORAL



En Ushuaia al igual que el resto del país estamos, como todos sabemos, en un año electoral. Ello significa que los protagonistas de la escena política (v.g.: políticos propiamente dichos, sindicalistas, “dirigentes sociales”, ocupantes de diversos espacios públicos, y siguen las firmas) estarán dispuestos en los próximos meses a poner en juego cualquier recurso para llevar agua a sus respectivos molinos. Y la expresión “cualquier recurso” la uso en su más amplia acepción.

De manera que:

- Todo reclamo a las autoridades será descalificado por estas con el argumento de que se trata de “una cuestión política”. Ante ello uno se preguntará: pero, tales autoridades ¿no son acaso “políticos”? Entonces, ¿de qué reniegan, so sátrapas?

- Los debates (denominarlos así es un exceso, lo admito, pero no se me ocurre otro término) se saldarán indefectiblemente con algún insulto dirigido al adversario. El calibre de tales proyectiles verbales irá aumentando conforme se acerque la fecha de la contienda electoral. En medio de ese intercambio, a ninguno de los actores se le caerá una minúscula idea, ni por casualidad.

- Cuanto “menos mida” un candidato en las encuestas, mayores serán la irresponsabilidad de sus propuestas y lo escatológico de sus epítetos (versión levemente retocada del teorema de Baglini).

- Los tironeos a la caja estatal serán cada vez más enérgicos. En el caso de los candidatos, será de aplicación lo apuntado en el acápite precedente. En cuanto a los reclamos sindicales, resultarán tanto más duros e inflexibles cuanto mayor sea la posibilidad del gremio de mantener como rehenes a los usuarios o clientes. Ergo, los planteos de los trabajadores de la educación o de la salud serán mucho más enérgicos que aquellos de los empleados de los productores de seguros (al menos, eso espero).

¿Soy demasiado pesimista?…

martes, febrero 13, 2007

SEÑALES DEL FINAL DE UNA ÉPOCA


Es curioso lo que ocurre con los comerciantes en nuestro país, donde en general tienen “mala prensa”. No los rodea un aura cuasiaristocrática, como a los ganaderos, ni se los reconoce, como a algunos industriales, por conformar la “burguesía nacional”, categoría que en la actualidad ha alcanzado un inesperado nivel de corrección política al calor de ciertas definiciones oficialistas. Más bien son objeto de sospecha, en las buenas y en las malas, por una u otra razón. Que algo habrán hecho esos traficantes, tan afectos —a diferencia del resto de los mortales, pareciera— a comprar barato y vender caro.

Eso, pese a que la actividad de los mercaderes (¡si hasta suena peyorativo el término, tan arraigado está el prejuicio!) se encuentra entre las primeras que llevó a cabo nuestra especie. Y a que ya en su versión primitiva, el trueque, posibilitó que la vida de los primeros grupos humanos no estuviera restringida sólo a los recursos existentes en el ámbito geográfico que cada uno de ellos habitaba. Además, varios pueblos de la antigüedad como los fenicios, los cartagineses, los griegos y los árabes vivieron principalmente del comercio.

A lo largo de la historia, los problemas a que se enfrentaron los comerciantes para superar las distancias motivaron innovaciones tecnológicas en el ámbito de las comunicaciones y el transporte, que contribuyeron al entendimiento entre los distintos pueblos y culturas. Por la ruta de la seda, una enorme red que se extendió desde China hasta lo que hoy es Turquía, no sólo se intercambiaron esa y otras valiosas mercancías, sino también conocimientos, costumbres y creencias, desde la India y el Tibet hasta Antioquia y Constantinopla, y de allí a Europa. El mercader veneciano Marco Polo pasaría a la posteridad al dar testimonio de ello.

También fueron meros intereses comerciales los que estimularon los incrementos en la productividad que con el tiempo derivaron en la conformación de las sociedades modernas, y generaron la aparición y el desarrollo de nuevas herramientas financieras y contractuales. Por caso, el comercio estuvo en la génesis de la banca, el seguro y la bolsa.

En nuestro país, Belgrano —hijo de un comerciante— abogó desde su puesto de Secretario del Consulado de Buenos Aires por la creación de una Escuela de Comercio, y en 1810 creó y dirigió un periódico al que tituló “Correo de Comercio”.

También en el poblamiento de los territorios patagónicos la actividad cumplió un rol decisivo. Piedra Buena no fue sólo un navegante y explorador, sino también un comerciante que durante varios años explotó su propio boliche en Punta Arenas.

En los comienzos de Ushuaia, los “almacenes de ramos generales” —casi todos dotados con “despacho de bebidas”— atendían a los escasos pobladores de principios del siglo pasado, abasteciéndose de productos nacionales provistos por los barcos que venían de Buenos Aires, y de artículos importados que vía Punta Arenas llegaban de diversos países de Europa. Aquellos pioneros fueron continuados por algunos de los italianos llegados en 1948 y 1949, así como por varios importadores establecidos entre mediados y fines de la década siguiente. Cuando todavía no existían mecanismos efectivos de promoción, esos hombres llevaron adelante sus comercios afrontando los rigores climáticos, la lejanía de los grandes centros urbanos, las deficiencias de infraestructura y las limitaciones de un mercado pequeño y que por mucho tiempo se caracterizó por el estancamiento.

Pese a todo, a fuerza de mucho trabajo, prosperaron y en forma paulatina se fueron convirtiendo en algo así como referentes sociales. Hubo quienes pasaron por la política y, las más de las veces, se alejaron de ella con un sabor amargo. Pero esos trances resultan meras anécdotas, porque sus trayectorias personales quedarán ligadas, de manera indisoluble, a la actividad que las marcó a fuego: el comercio.

Aquellos referentes se están yendo poco a poco, sin estridencias, cumpliendo el inevitable ciclo vital. Los menos nacieron aquí, pero la mayoría llegó hace cincuenta o sesenta años, cuando Ushuaia no pasaba de ser un caserío con calles de tierra y los diez o doce vuelos diarios (aunque demorados) de Aerolíneas Argentinas eran una utopía impensable. Todos ayudaron a que la ciudad creciera hasta lo que es hoy.

Iribarne, Preto, Salomón, Buiatti, Fernández Alzogaray, Querciali y, más recientemente, Sciurano —entre otros— van dando con sus desapariciones físicas las señales del final de una época en que los negocios tenían apellido. Porque uno iba a comprar fiambre a lo de Buiatti, una heladera a lo de Odino y un auto a Preto. En el negocio de Sciurano e Iribarne, también conocido como “El Globo Naranja”, un cartel junto a la caja preparaba al comprador: “La calidad se recuerda mucho tiempo después de haberse olvidado el precio”.

Tiempos pasados, que no volverán.

(En la imagen, Adolfo Luis Sciurano, fallecido el 3 de febrero de 2007. Foto, gentileza de El Diario del Fin del Mundo.)

jueves, febrero 01, 2007

EL INDEC O LA REALIDAD MODELADA


La producción de estadísticas oficiales posee en nuestro país un sello del que en general carecen otras actividades llevadas a cabo por el sector público: prestigio. Hay una larga tradición de excelencia que arrancó a principios del siglo pasado con Alejandro Bunge (1880-1943), quien además de ejercer por muchos años la Dirección General del área fue un reconocido profesor universitario (Raúl Prebisch estuvo entre sus discípulos), fundó la influyente “Revista Económica Argentina” y resultó el precursor del enfoque industrialista en el país. Aquella impronta de calidad se extendió hasta el actual Indec, fundado en 1968 como organismo rector del sistema estadístico nacional.

Sin embargo, ello no lo ha preservado de la polémica. Imperfecta como toda obra humana, su tarea ha sido cuestionada en diversas oportunidades a lo largo de la historia, tanto por la clase política como por otros sectores de la sociedad (sindicalistas, periodistas, analistas económicos y sociales, más unos cuantos charlatanes) a los cuales no conformaban sus guarismos, por distintas causas. Los comentarios sobre resultados publicados por el Indec nos recordaron más de una vez la clásica parábola del asesinato del mensajero motivado por un mensaje considerado desagradable por el receptor.

Hay que decir, ante todo, que registrar y reflejar mediante indicadores el quehacer socioeconómico de todo un país no es ni por asomo una tarea sencilla. A la complejidad de la sociedad moderna se agregan, en el caso particular argentino, su enorme extensión territorial y la creciente informalidad, conocida como “economía en negro”, naturalmente reacia a ser medida. No obstante, los efectos de esta problemática son atenuados por diversos procedimientos de estimación en cuyo diseño confluyen disciplinas como la sociología, la economía y la demografía.

Por cierto, un obstáculo no despreciable para el buen desarrollo de la actividad estadística es el escaso apego de los funcionarios políticos a otorgar recursos financieros suficientes a los equipos de trabajo, lo que provoca demoras y otros inconvenientes. Recordemos, por ejemplo, que pese a que la ley establece que los censos de población deben efectuarse todos los años terminados en “cero”, los dos últimos tuvieron que llevarse a cabo en 1991 y 2001 a causa de dificultades presupuestarias.

Entonces, ¿a qué se debe el prestigio del Indec? La respuesta es sencilla: sus metodologías responden a criterios y parámetros aceptados internacionalmente y se encuentran documentadas, lo que les asigna transparencia y objetividad. El organismo mantiene intercambios y cooperaciones técnicas con institutos de otros países, nutriéndose de sus experiencias y avances; en el ámbito latinoamericano, está considerado como un ente de primer nivel.

Todo ello no significa que sus estadísticas sean inobjetables y no merezcan revisión; de hecho, están sujetas a controles externos e internos y a correcciones que se ejecutan en forma periódica, atendiendo además a la dinámica de las actividades que se pretende mensurar. Un ejemplo sencillo sirve para graficar esto último: la nómina de bienes utilizada hoy para calcular el índice de precios al consumidor no es la misma que la de hace dos décadas, cuando las pautas de consumo de la sociedad eran muy diferentes.

Su buena reputación se ha mantenido porque los funcionarios políticos no han interferido de modo decisivo en la gestión del organismo. El mismísimo Martínez de Hoz en su momento impulsó un índice que excluía los precios de los productos cárnicos, porque entonces como ahora influían sobre la inflación con un sesgo que disgustaba al oficialismo, pero el Indec siguió calculando también el “normal” y la cosa se diluyó en el tiempo. Grinspun, Ikonicoff, Cavallo, Fernández y, más recientemente, Lavagna tampoco se privaron de mantener unas estridentes bataholas con el organismo, que nunca pasaron a mayores.

Hasta que llegó Moreno, el funcionario que –según divulgó la prensa- llevó su desagrado por el valor del índice al extremo de desplazar a una técnica de carrera que, también según trascendidos, se habría negado a darle información que él presumiblemente pretendía utilizar para “domesticar” a algunos empresarios, y que está amparada por el llamado “secreto estadístico”.

Conviene recordar que este concepto está consagrado en la ley 17.622, y apunta a sostener los pilares del sistema, como son la objetividad y la confianza de los informantes acerca de la confidencialidad con que serán tratados los datos que proporcionan con fines estadísticos. Asimismo, merece destacarse que la obligatoriedad de respetar el secreto estadístico alcanza a todas las personas que participan de los relevamientos y procesos del Instituto, por lo cual la profesional afectada no había hecho otra cosa que cumplir con su obligación.

El retroceso que marca este triste episodio (triste, al menos, para quienes alguna vez integramos el sistema) es evidente. La confianza construida en más de cuarenta años de vida institucional se hizo añicos en un instante, para satisfacer la necesidad de ciertas autoridades de modelar la realidad según sus intereses. Uno no puede menos que preguntarse cómo se sentirán esos funcionarios cuando el índice finalmente alcance el número que ellos pretenden, y también cómo lo interpretará el conjunto de la comunidad. Lo que sí está claro, es que cuando eso ocurra la imagen de las instituciones argentinas se habrá hundido un poco más en el fango.

martes, enero 23, 2007

BRASILEÑOS DEVALUADOS


Viendo el campeonato sudamericano de fútbol Sub21, se me ocurre un comentario referido al desempeño de Brasil.

Si algo ha caracterizado históricamente al fútbol de ese país, es la calidad de sus jugadores. Quiero decir: en casi todos los equipos brasileños -y en particular, en sus selecciones- vas a encontrar por lo menos un par de tipos que lucen uno o más de esos atributos que motivan la admiración general: gambeta en velocidad, toque preciso, pegada exquisita, elegancia de desplazamientos. Los no-brasileños los venimos contemplando desde siempre como modernos Salieris, con una mezcla de admiración y envidia.

Como tantos otros, el fenómeno tiene ciclos de auge y depresión. Después de la era dorada 58-62-66 que culminó con aquella formidable máquina de 1970 (con Pelé, Rivellino, Tostao, Clodoaldo, Gerson, etc.: unos bebés...) vino el mediocre equipito del '74 (que pese a todo clasificó 4to.). Tras el rutilante scratch del 82 (¡Sócrates, Zico, Falcao, Junior: mamita!) eliminado por los tanos de Paolo Rossi, sobrevino otro período oscuro que me animo a extender hasta el '94, pese a que salieron campeones en Estados Unidos. Recordar aquella lánguida final empatada 0 a 0 con Italia, aún después del alargue, y definida por penales. Y en Alemania 2006 Ronaldinho, Ronaldo & Co. dejaron una imagen insulsa que se pareció mucho a un síndrome de decadencia.

La regla de excelencia se aplica también a los cuadros juveniles, donde casi siempre llaman la atención varios muchachines que hacen maravillas con la pelota (y que después terminan amargándonos en el nivel de adultos). Bueno, a eso iba: en el equipo que está jugando este sudamericano no parece haber ninguna figura de calidad superior. Se hizo mucho bombo con un delantero llamado Alexandre Pato, pero hasta ahora no mostró demasiado; y los demás tampoco terminan de convencer. Prueba de ello es que no merecieron siquiera los empates con Argentina y Chile, ya que en ambos partidos fueron superados con claridad (y los chilenos les igualaron pese a tener un hombre menos).

¿Habrá que creer que en los próximos años sobrevendrá una fase declinante del ciclo, y en consecuencia, no sufriremos tanto contra los verdeamarelhos? Mmmm...

(Nota: ilustro el post con una foto de Paulo Roberto Falcao, un jugadorazo que admiré muchísimo)

miércoles, enero 17, 2007

LA NUEVA JUGADA MAESTRA


El análisis de los turbulentos acontecimientos políticos argentinos ocupaba buena parte del tiempo a quienes en los setentas cursábamos estudios terciarios, cosa que también ocurría con la mayor parte de la sociedad de la época. El escepticismo del “que se vayan todos” era por entonces inimaginable, y mucho menos en los calientes corazones de quienes –pese a estar transitando por la etapa formativa de la vida- creíamos tener respuestas y soluciones para todo.

Dentro del ámbito universitario la Juventud Peronista era la agrupación predominante, encarnando allí las posiciones que el peronismo de izquierda sostenía en el contexto nacional. Sin embargo, desde abril de 1973 las cosas se pusieron difíciles para el sector, en la medida en que el líder del Movimiento iba trocando el calificativo de “juventud maravillosa” por el de “estúpidos imberbes”, aunque ellos parecían empeñados en desconocer tan drástico cambio. Con tozudez, preferían teorizar acerca de una supuesta “maestría” con la que Perón estaría maniobrando para desorientar a la derecha.

A propósito de esto, circulaba entre los estudiantes que no simpatizábamos con “la Tendencia” un cuento que se burlaba tan descarnada como premonitoriamente de la situación. Era más o menos así. Perón llama a un multitudinario acto en el estadio de River Plate a la “Jotapé”, que respondiendo con su habitual poder de convocatoria, colma las graderías con toda su militancia. Entonces, el líder ordena lanzar sobre los desprevenidos asistentes una cerrada descarga de metralla, de una manera tan contundente y sorpresiva que arrasa con todos ellos. Cuando cesa el fuego, Perón y López Rega recorren las tribunas para cerciorarse de la efectividad de su acción de exterminio, momento en que advierten que una de las víctimas todavía vive. Al acercarse, el muchacho malherido mira con admiración al líder y con el último suspiro alcanza a decirle: “¡General, qué jugada maestra!”

La parábola volvió a mi memoria en estos momentos en que, de un modo tan enérgico como súbito, dos jueces federales han puesto nuevamente en foco a las actividades criminales de la Triple A, involucrando además a la viuda de Perón en las indagaciones. Por ahora, la cosa no llega hasta Perón, aunque ello sería tan posible como justificable, cuestión ésta en la que coincido con la opinión de Alejandro Rozitchner.

Y es que este renovado brío judicial apunta a cerrar (según la visión de cierto “progresismo”) el círculo de la investigación de aquél período trágico de nuestra historia, abarcando las atrocidades de la dictadura militar y de la tenebrosa organización del “Brujo”. La nueva jugada maestra consiste en que de tal modo quedarán fuera de todo escrutinio sólo los miembros de las “formaciones especiales” y demás grupos que coprotagonizaron aquella orgía de violencia, muchos de los cuales están hoy dentro o cerca del oficialismo.

El sustento de la jugada es el criterio de la Suprema Corte de Justicia, según el cual para que un crimen sea considerado como de lesa humanidad, y por lo tanto imprescriptible, debe haber contado con el apoyo del aparato del Estado. Dado que las acciones (y sus efectos colaterales) de Montoneros, ERP y similares no tuvieron esa vinculación, quedan a salvo de toda revisión. Curiosamente, según esa postura, tampoco serían de lesa humanidad los hechos del 11-S ni los atentados etarras, entre otras lindezas.

Como se ve, aunque renieguen del General, aquellos jóvenes han conservado hasta hoy la picardía heredada de quien cierta vez los expulsó de la Plaza de Mayo.

Nota: La imagen que ilustra esta entrada fue tomada de http://www.seprin.com/portal2/archivo/24-03-2006.htm

martes, enero 09, 2007

DAÑO COLATERAL O EN TU CABEZA


La relevancia de la expresión “daño colateral” depende de la posición en la que uno se encuentre. Por caso, a fines de diciembre pasado seguramente ha significado algo muy distinto para los internautas que la leyeron al echar una mirada distraída a las noticias de la web, que para el joven ecuatoriano que escuchaba la radio en su auto estacionado en Barajas mientras esperaba a los familiares que iban a visitarlo. O que para esos mismos familiares, que quizá no encuentren suficiente consuelo en la tardía como incomprensible, casi burlona solidaridad etarra.

Hay más ejemplos, muchos. Daños colaterales sepultaron periodistas y diplomáticos chinos bajo los escombros de una embajada en Belgrado, troncharon las vidas de 156 chicos en una escuela de Osetia del Norte tomada por terroristas y acaban diariamente con 50 ó 60 personas (más o menos…) en lo poco que va quedando de Bagdad.

Por cierto, los desgraciados acontecimientos de la Argentina en los tristemente célebres setentas estuvieron plagados de daños colaterales. Cromagnon fue una terrible conjunción de los daños colaterales causados por la corrupción, la negligencia y la falta de responsabilidad.

El Negro Fontanarrosa hizo decir a uno de sus personajes que en el boxeo, el accidente no es un accidente: está previsto. O sea: si aceptamos que dos tipos intercambien a mansalva golpes de puño sobre sus respectivas testuces, no podemos sorprendernos porque uno de ellos termine siendo incapaz de peinarse sin riesgo para su ojo derecho.

Con los daños colaterales, pasa lo mismo. Si activaste una bomba capaz de derrumbar un edificio en un aeropuerto, después no vengas a lamentarte porque murieron personas diciendo que vos no querías matar.

viernes, diciembre 22, 2006

ME GUSTAN LAS FIESTAS


El sentido religioso de las fiestas de fin de año no “mueve mi amperímetro”, obviamente por mi agnosticismo. Sin embargo, me gustan, por varios motivos.

Uno de ellos es que posibilitan que me reúna con personas a las que quiero y que son muy importantes en mi vida. La próxima Nochebuena, por ejemplo, mi esposa y yo cenaremos con nuestros hijos, que han viajado a propósito desde Buenos Aires, y con unos entrañables amigos.

Por supuesto que no necesito que llegue una fecha determinada para quererlos, pero me gusta tener una cita para reunirme con ellos en torno a una mesa y compartir unos (cuantos) brindis.

La ocasión también me trae gratos recuerdos de la infancia y la juventud. De mi vieja y mis tías deslomándose en la cocina a pesar del implacable calor porteño. De mi viejo, encargado de enfriar las bebidas con una barra de hielo en la pileta del lavadero y de encender la pirotecnia. De las ingestas hipercalóricas —furiosamente a contramano del clima— que con mis tíos y primos perpetrábamos sin culpa alguna, porque nadie sabía lo que significaba “colesterol”. De mis amigos del barrio con los que me encontraba después de las 12 para brindar.

Y también es lindo intercambiar saludos y buenos augurios con gente a la que no me une una relación tan cercana, pero con la que interactúo por diversas razones durante el transcurso del año y a la que aprecio con sinceridad.

Además, me hace bien recordar con afecto a los que ya no están.

Se trata, como lo señalaba ayer en un e-mail mi amigo Francisco, de la vida misma, en una época en que casi ya no nos llama la atención que alguien asesine a un octogenario para robarle ciento cincuenta pesos.

Así que, queridos lectores, que tengan unas muy felices fiestas y que en el 2007 se cumplan sus mejores deseos.

viernes, diciembre 15, 2006

CUALQUIER SEMEJANZA CON NUESTRA REALIDAD...


Alissa Zinovievna Rosenbaum fue una pensadora nacida en San Petersburgo (Rusia) en 1905, conocida por su obra literaria publicada bajo el seudónimo Ayn Rand. Desde los 21 años residió en los Estados Unidos, donde se casó con el actor Frank O’Connor, desarrolló una intensa actividad como filósofa y escritora, y falleció en 1982.
En el libro “La rebelión de Atlas”, publicado en 1957 y considerado su obra de ficción más importante, relata la decadencia de los Estados Unidos como consecuencia del intervencionismo estatal.
En uno de sus párrafos, escribió:

"Cuando vea que el comercio se hace no por consentimiento de las partes, sino por coerción; cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada"
.

miércoles, diciembre 06, 2006

AL MAESTRO, CON CARIÑO


Se fue apagando mansamente, como si pretendiera confirmar el bajo perfil que lo caracterizó durante toda su vida. Era el último sobreviviente entre los varones de aquel grupo de “italianos del fin del mundo” —como los llamó Leonardo Lupiano— arribados en 1948 a bordo del buque “Génova”, con sus esperanzas y sus ganas de trabajar como únicos elementos valiosos del exiguo equipaje.

Ushuaia era por entonces una aldea de apenas 2.000 habitantes, en la que el año anterior se había desactivado el Penal. Del otro lado del océano habían quedado sus padres y hermanos, el mal recuerdo del fascismo y un país en el que a las huellas del horror de la guerra se sumaba el temor por una repetición del conflicto. Después de haber sido herido gravemente en el frente ruso, Odino Querciali buscaba un destino de paz y trabajo en el extremo austral del mundo.

Empezó a trabajar aquí en la construcción (la actividad de su familia paterna por generaciones), como capataz en las obras que el empresario boloñés Carlos Borsari debía ejecutar para el gobierno. Participó así, entre otras, de las edificaciones del “Villaggio Vecchio”, hoy Barrio Almirante Solier, y del “Villaggio Nuovo”, actual Barrio Almirante Brown. Cuando terminó su vinculación con Borsari, continuó desempeñándose como constructor independiente por un tiempo más.

Pero antes ya había tenido la iniciativa de abrir un negocio, comenzando con su “Almacén Italiano” —sobre la calle 12 de Octubre— una trayectoria fecunda que se prolongaría por casi seis décadas. A puro esfuerzo personal y restándole tiempo al descanso, ese emprendimiento fue creciendo hasta que logró abrir una sucursal en el centro, junto a su entrañable amigo Dante Buiatti. Con el transcurso de los años incursionó en nuevos rubros, extendió sus actividades a Río Grande y apostó siempre por la inversión y la creación de puestos de trabajo.

Fue el fundador y primer presidente de la Cámara de Comercio, función desde la que le tocó lidiar con las autoridades en situaciones complejas, como las derivadas de los controles de precios y los reiterados desbordes inflacionarios. Además, consideraba que la actividad gremial empresaria debía estar orientada no sólo a la representación y defensa de los intereses sectoriales, sino a propiciar el progreso económico de la región en su conjunto. Sin haber leído tratado de economía alguno, comprendía que la configuración de lo que hoy llamaríamos un “entorno favorable a los negocios” iba a derivar, tarde o temprano, en beneficios para todos los que participaran del mismo. Con esa visión estratégica, propició la apertura de nuevos mercados y apoyó los reclamos ante el gobierno nacional por la instauración de mecanismos de promoción para la isla. Curiosamente, le tocó traer a Ushuaia una copia del texto de la recién promulgada ley 19.640.

Fue el continuador de los Fique, Isorna, Fadul, Bronzovich, Salomón, Beban y tantos otros que desde principios del siglo pasado venían abriendo en el comercio local una profunda huella, que recorrería también junto a hombres como Preto, el ya nombrado Buiatti, Magni, Henninger, Brandani y varios más. Apellidos todos que dejaron su impronta indeleble en una etapa de la historia de nuestra ciudad que tuvo ribetes de epopeya.

Cuando sus familiares y amigos aprendamos a aceptar el dolor por su pérdida, recordaremos con afecto su figura erguida y el talante engañosamente severo, su trato amable y la infaltable corbata con que nos recibía al otro lado del mostrador de su negocio. Señales inconfundibles de un hombre que, como pretendía Eladia Blázquez, honró la vida.

domingo, octubre 22, 2006

POR UNA VEZ NO IMPROVISAMOS

El Juez de Lomas de Zamora, Dr. Raúl Calvente, al impedir a Racing ejercer el derecho de admisión respecto de los barrabravas de Boca, omitió en su resolución varias cuestiones importantes. Por ejemplo:
  • No fijó a qué hora debía pasar a buscar por su casa a Rafael Di Zeo, la limusina que habría de trasladarlo al estadio de la Academia.
  • Pese a que estaba pronosticada una alta temperatura para esa jornada dominguera, omitió señalar que el vehículo debía estar equipado con aire acondicionado.
  • No determinó en qué platea se ubicaría Di Zeo, si en la que da el sol o la de la sombra.
  • No decretó la provisión sin cargo al citado ciudadano del tradicional refrigerio (pancho y Coca) con que paliar la languidez del entretiempo.
  • No estableció cuánto tiempo se podía quedar en el estadio una vez terminado el encuentro.
Ante tanta incertidumbre, el Ministro de Seguridad bonaerense hizo lo más atinado: se negó a brindar el servicio de seguridad mediante la policía provincial (que, dicho sea de paso, culminaría así una semana tranquila, ya que tampoco debió concurrir a San Vicente).

Ergo, don Julio olvidó prudentemente su mítico apotegma ("todo pasa") y suspendió el partido.

Por una vez, no actuamos como improvisados.

(en coautoría con Guillermo Alvarez Sagarra)

jueves, octubre 19, 2006

EL TUNEL DEL TIEMPO ME DIO MIEDO



Miraba la tele y me parecía estar dentro del túnel del tiempo. Pero no, las imágenes eran a color, no en blanco y negro.

Además, no había tipos de anteojos negros y blandiendo metralletas en lo alto de un palco, sino Moyano, Cafiero y unos cuantos más en lo alto de un palco. Y esos cuantos no estaban izando a un fulano, tironeándolo de los pelos, sino que trataban de parar, patéticamente con las manos, la lluvia de piedras que les arrojaba la horda cercana.


No, no estaba en el túnel del tiempo, las imágenes no eran las mismas, sólo parecidas. Devaluadamente parecidas, pero también muy parecidas. Como una caricatura.


Me acordé, cómo evitarlo, de aquellos años de insensatez. Años en los que yo, pobre ingenuo, creía que episodios como los de Ezeiza se originaban en cuestiones ideológicas. Para luego caer en la cuenta que, entonces como ahora, sólo se trata del poder. Poder que para algunos debe ser mayor, hay que presumir, cuanto más cerca se encuentren sus acólitos de un entarimado de madera, o de un féretro. Féretro al que, por otra parte, sólo la casualidad o la buena fortuna -llamalo como quieras- salvó de caer en manos de los que desguazaron el Fiat 130 y destrozaron el museo. ¿Ideología? ¿Qué es eso? Viene de idea, supongo. Ahora entiendo.


Me quedé, entonces, con lo de la imagen en el túnel del tiempo. Al mirar por ese túnel hacia atrás había visto, como una ráfaga, aquella jornada lluviosa de junio del setenta y tres. Pero, lo confieso, no quise mirar por ese túnel hacia adelante, me dio miedo.

jueves, octubre 12, 2006

¿CRECER FRENANDO INVERSIONES?


Los observadores extranjeros suelen referirse a la Argentina como un país difícil de entender. Sin embargo, el estupor de quienes nos miran desde afuera resulta a su vez algo muy comprensible, si se considera la combinación de recursos naturales y de capital humano con la que fuimos dotados.
Esa conjunción nos posicionaba cien años atrás como la gran esperanza del mundo por entonces en desarrollo, perfil del cual hoy nos queda poco más que el dolor de ya no ser. A lo largo de un siglo anudamos una formidable serie de marcas negativas en materia de indicadores económicos y sociales, y en algún caso —recordemos la declaración de default de la deuda pública— hasta festejamos como si se tratara de un exitazo.
Aunque deberíamos confesar que “nosotros lo hicimos”, nuestra reacción más frecuente ante las sucesivas crisis apocalípticas que nos flagelan cada diez años, ha sido la de atribuirlas a una constante campaña antiargentina con la que el resto del mundo, por misteriosas razones, se empeñaría en perjudicarnos, y a la cual —en caso de ser ello cierto— habría que reconocer al menos una eficacia letal. Por ende, maltratamos preventivamente a los inversores externos al sospechar que pretenden obtener rentabilidad, y volvemos a amagar con aislarnos de ese mundo que, maliciamos, nos quiere exterminar.
En esa suerte de endogamia económica se enmarcan medidas que no pueden menos que llamar la atención allende nuestras fronteras, como las restricciones a las exportaciones de carnes, aplicadas en el preciso momento en que una misión oficial las promocionaba en Europa…
Tierra del Fuego, en tanto integrante de la Argentina, muchas veces no logra escapar a ese karma nacional. Y para muestra, basta un botón.
La isla ha sido bendecida con un espacio geográfico de inusitada belleza, así como por una llamativa localización en un lejano rincón del planeta que, en conjunto, representan un valor muy fuerte en términos de atractivos turísticos.
Además, desde principios de 2002 se agregaron a ese potencial dos elementos del ámbito económico. Por un lado, la devaluación del signo monetario abarató drásticamente el nivel de los precios de los servicios turísticos, expresados en divisas. Por el otro, el colapso del sistema financiero hizo que muchos ahorros privados (incluyendo fondos de argentinos no atrapados en el “corralón” de Remes Lenicov) se canalizaran hacia inversiones dirigidas al mercado fueguino. Es decir: en la misma crisis apareció una ventana de oportunidad.
Como es sabido, la construcción se caracteriza por convertir muy rápidamente el dinero invertido en puestos de trabajo y pedidos a los proveedores de insumos, generando un flujo económico muy vigoroso. Y, a continuación, la maduración de esas inversiones se traduce en una actividad mano de obra-intensiva como la de hoteles y restaurantes que, además, se eslabona velozmente hacia otros rubros.
Ante dicho cuadro el sector privado reaccionó como era de esperar, por lo que en Ushuaia se han estado construyendo numerosos establecimientos hoteleros de distintas categorías, mientras que casi todas las ramas del comercio y otros servicios anexos se han beneficiado con el aumento de la actividad. Por fin, el tan mentado despegue del turismo parece a punto de convertirse en una realidad.
En ese marco se conoció recientemente una iniciativa oficial para prohibir, o al menos suspender, la autorización para nuevos proyectos hoteleros. Esto, mientras la propia provincia promociona en el resto del país y en el extranjero, el turismo hacia nuestra región. He aquí el karma.
Pero el anuncio dispara además varios interrogantes. Uno de ellos se refiere al efecto que este pretendido freno tendrá sobre potenciales inversiones. ¿Esperarán a que Tierra del Fuego se decida a reabrirles sus puertas en algún difuso momento futuro, o se orientarán a otros mercados donde estén dispuestos a recibirlos? ¿Tomarán a esa medida como algo circunstancial o la identificarán como una típica señal de inconsistencia institucional, de esas que tanto espantan al capital?
Otro punto es el de la supuesta necesidad de garantizar la rentabilidad a las inversiones existentes o en ejecución, con preferencia sobre las que estarían por venir. No resulta claro por qué motivos una hostería cuyos servicios deficientes y caros no satisfacen a los pasajeros debería continuar operando en detrimento de otra más eficiente, simplemente por haberse instalado antes. Por el contrario, sería más razonable que fueran los clientes quienes decidieran, “votando” con sus decisiones de consumo a favor de los establecimientos que se esmeren en alcanzar estándares de calidad superiores. Si este fuera el criterio, con el acompañamiento de políticas adecuadas, el resultado sería muy probablemente una mejora general de la competitividad de nuestra oferta turística, lo que además contribuiría a fortalecerla para el momento en que las ventajas del tipo de cambio se atenúen o incluso desaparezcan.
Además, ¿por qué garantizar la rentabilidad de los hoteleros y no, por ejemplo, la de los peluqueros o los panaderos? ¿Qué pensaríamos si un funcionario propusiera que se prohíba la radicación de nuevas ferreterías?
Hay que reconocer que el asunto es de una indudable complejidad. Factores como la disponibilidad de tierras, la infraestructura de energía y otros servicios y las tarifas del transporte aéreo, entre otros, constituyen condicionantes severos para las decisiones gubernamentales. Sin embargo, es dudoso que las soluciones se encuentren en el sendero de la restricción a la inversión privada, motor principal de todo proceso de crecimiento. Tampoco provendrán de tutelajes oficiales que pretendan instaurar “cotos” exclusivos, lo cual —además de injustamente discrecional— es ineficaz, como lo prueba la historia económica argentina.

martes, septiembre 19, 2006

EN DEFENSA DE LA VITIVINICULTURA NACIONAL

No tengo la menor idea de quién es el Sr. Rodolfo E. Szelest, pero puedo decir que me cae simpático. Esto, a raíz del contenido de una "carta de lector" que le publicó "La Nación" el pasado domingo 17 de septiembre, cuyo texto comparto con los lectores del blog a continuación:

"Señor Director: Con motivo de la visita Bachelet-Kirchner a una bodega de capitales chilenos, supe que son numerosas las empresas extranjeras que han adquirido bodegas argentinas y también instalado nuevas explotaciones para el desarrollo de la industria. Por favor, avisen al secretario D Elía que cambie urgentemente sus prioridades. Que se lleven el agua vaya y pase. Pero que se lleven el vino, ¡eso sí que no lo debemos permitir!"

Breve y con sustancia, ¿no?

viernes, septiembre 15, 2006

¿SEGUIREMOS PAGANDO ALMUERZOS?


Las crónicas periodísticas han dado cuenta del crecimiento de la desocupación registrado en Tierra del Fuego entre el primer semestre de 2005 y el mismo período del año en curso. Además, señalan que la provincia ha escalado posiciones en el ranking de todas las jurisdicciones del país según sus tasas de desempleo, precediendo a aglomerados urbanos tradicionalmente muy castigados por ese flagelo como Jujuy-Palpalá, Formosa o Bahía Blanca. Y hay algo más: sólo en cinco de las veintiocho localidades que son objeto de la medición la tasa entre ambos períodos aumentó, siendo Ushuaia-Río Grande una de ellas (las restantes son Posadas, Santiago del Estero-La Banda, el Gran Rosario y Neuquén-Plottier).
La noticia puede sorprender porque los indicadores laborales de nuestra provincia, aún en épocas de grave recesión, por lo general se ubicaron entre los más moderados. Por eso, resulta en principio llamativo que tras la recuperación iniciada en 2002 y en un marco caracterizado por señales positivas (sostenida expansión de la producción en el ámbito petrolero y en el renovado sector fabril, fuerte flujo de inversiones en los rubros inmobiliario, turístico y del comercio) aparezcan ahora estos índices preocupantes. Quizá una explicación de ello se relacione con otras señales, que han coexistido con las mencionadas.
Por ejemplo, podría pensarse en cómo fueron interpretadas determinadas medidas gubernamentales, en particular fuera de los límites provinciales. Ese sería el caso del tan mentado “megapase”, neologismo con el que quedará en la historia fueguina el proceso de incorporación masiva e indiscriminada de beneficiarios de planes asistenciales a la planta de personal de la administración pública, perpetrado por el gobierno de Jorge Colazo con el imprescindible acompañamiento —hay que decirlo— de la mayor parte del espectro legislativo y el sindical. Es muy posible que esa medida haya sido decodificada por muchos ciudadanos de otras provincias más o menos así: “Vayamos a Tierra del Fuego, porque allá enseguida se consigue un puesto en el Estado—no importa si uno es idóneo o no— con buen sueldo, obra social y jubilación a edad temprana”. Pero esta posibilidad ni siquiera fue analizada por la dirigencia, acostumbrada a no evaluar las probables consecuencias de sus acciones.
Recordemos que quienes propiciaron el megapase lo presentaban como una herramienta rápida y efectiva para atacar el desempleo. Se debe puntualizar, entonces, que los datos actuales los contradicen de manera flagrante, ya que el problema no sólo no ha disminuido sino que se ha agravado.
Pero ¿existían opciones? La respuesta no puede ser otra que un rotundo “sí”. En el momento en que se estableció el megapase, la coyuntura era claramente favorable al aumento de la producción y la creación de empleos por parte del sector privado. Claro, para los gobernantes de entonces se trataba de una alternativa mucho menos rentable en términos electorales, al menos en teoría. En la práctica, mientras que la actividad privada y su demanda de empleo crecieron, no lo hicieron en la medida suficiente como para absorber el aumento en el flujo migratorio inducido por la clara y potente señal del megapase. Por cierto, no fue lo único que no resultó como esperaban aquellos funcionarios.
Quizá sea ingenuo pretender que nuestros políticos tengan una mirada estratégica, o al menos de mediano plazo, pero sí se les debería exigir que presten atención a lo que ha ocurrido, para no volver a caer en los mismos errores. En otras palabras, sería de esperar que ante un aumento de la desocupación como el actual, las acciones gubernamentales apunten a mejorar las condiciones en que se desenvuelven las empresas para que ellas sean las que den respuestas genuinas y sostenibles al problema, y a cuidar las arcas provinciales, que no están en situación holgada ni mucho menos. Sin embargo, medidas como los puestos hereditarios en la Dirección de Puertos o el proyecto de los “veinticinco inviernos” parecen ir en sentido contrario.
Se atribuye al economista y premio Nobel Milton Friedman (aunque él ha aclarado que no es su autor) la frase “no hay almuerzos gratis”, metáfora de lo que técnicamente se conoce como “costo de oportunidad”. El concepto refiere a la idea de la escasez que está en la raíz del pensamiento económico, y se vincula con la evaluación costo-beneficio que debería llevarse a cabo cuando se toma una decisión que implica elección. Los fueguinos estamos pagando con el desempleo de una décima parte de la fuerza de trabajo, los almuerzos supuestamente gratis que nos ofrecieron un par de años atrás. Esperemos que los responsables provinciales de tomar hoy decisiones que afectan a los asuntos económicos comprendan que, tarde o temprano, el mozo nos presentará la cuenta.

miércoles, agosto 23, 2006

¡TU - CU - MANO!


En los sesentas, yo quería jugar como él. Aunque en San Lorenzo había jugadores con características y virtudes que tendrían que haber sido mucho más interesantes para el pibe que era yo por entonces —goleadores como Sanfilippo, el Lobo Fischer y Veira, talentosos como Rendo, Doval y el Toti Veglio— cuando el equipo emergía del túnel en medio de una lluvia de papelitos (costumbre que por entonces no preocupaba al gordo Muñoz) mi vista buscaba ante todo a quien portaba la camiseta número 6 y el brazalete de capitán: Rafael Albrecht. Y se me ponía la piel de gallina cuando bajaba el saludo ritual desde la tribuna, “¡tu-cu-mano! ¡tu-cu-mano!”, que él respondía levantando apenas un brazo.
Nunca supe los motivos de esa admiración incondicional que profesaba por él, y quizá tampoco pueda explicarlos hoy. Porque no era un exquisito para pegarle a la pelota ni tenía un remate temible, y jamás lo vi hacer una gambeta. Además, jugaba en la defensa y cuando uno es adolescente, siempre mira a los delanteros. En el último Mundial, Ayala fue un pilar de la selección, pero estoy seguro de que los chicos estuvieron mucho más pendientes de las gambetas de Tévez que de los precisos quites del Ratón.
A aquellos que, no habiéndolo visto jugar, piensen por esto que se trataba de un tronco, les aviso que se equivocan de medio a medio. Era un defensor muy seguro tanto en el juego aéreo como por abajo, con una gran capacidad para anticipar a sus rivales. Por eso mismo, siempre tenía que bailar con la más fea. Si San Lorenzo jugaba contra River, al goleador serial Luisito Artime lo tomaba él; si el rival era Boca, allí estaba Albrecht marcando al temible Tanque Rojas. Y afirmo que ganó la mayoría de esos duelos.
Además pasaba al ataque por sorpresa, con la misma eficacia que esgrimía a la hora de ejecutar penales. Prueba de esto es su ubicación entre los diez máximos goleadores de todos los tiempos jugando de defensor, entreverado con “nenes” como Ronald Koeman, Passarella y Breitner, y por delante de Beckenbauer y Roberto Carlos.
Fue el líder de uno de los mejores equipos de San Lorenzo que he visto, los “Matadores” de 1968, de cuya valía da testimonio un hecho significativo: cracks como Doval, Tojo, Rubén Ayala y Veira eran allí suplentes.
Por sus condiciones y personalidad, fue titular indiscutible de la selección durante varios años, componiendo con el Mariscal Perfumo la pareja central de la defensa durante el Mundial de 1966. Y con la celeste y blanca convirtió el penal quizá más recordado de todos los que tiró, el día del empate contra la selección peruana (aquel equipazo donde brillaba Teófilo Cubillas) que selló nuestra eliminación del campeonato de 1970.
Hoy El Tucumano (así, con mayúsculas) cumple 65 años, edad indudablemente provecta, y no sé qué será de su vida. Recuerdo que varios años atrás fue noticia, lamentablemente, cuando sufrió un grave accidente (lo arrolló un tren en el barrio de Caballito, en Buenos Aires) del que logró recuperarse.
Al advertir la efeméride vino a mi memoria una dulce época, cuando cada domingo —no había fútbol los viernes, y los sábados se jugaban sólo los campeonatos del ascenso— iba a la cancha después de comer los ravioles de la vieja, confirmando el mito. Tiempos en los que para la Copa Libertadores se clasificaban sólo los campeones de cada país, los jugadores no festejaban los goles con coreografías previamente ensayadas sino con espontáneos gritos y abrazos, y los directores técnicos desocupados no puchereaban de comentaristas de lunes a viernes, porque no existían esos programas televisivos o radiales que hoy se asemejan tanto a unas agencias de colocaciones.
Dondequiera que estés, Tucumano, te saludo en este cumpleaños, y te confieso que jamás pude jugar como vos, ni por asomo…

jueves, agosto 10, 2006

UN HOMBRE DE SUERTE


En el poder desde hace cuarenta y siete años (casi la mitad de la vida independiente de su país), Fidel Castro —cuya salud hoy tiene en vilo al mundo— es quizá la figura política que más controversias ha suscitado en los tiempos modernos. Lo rodea una aureola romántica desde los ya lejanos tiempos en que dirigió el asalto al Cuartel Moncada, cuyo actual carácter mítico pese a haber sido un fracaso militar no es más que una muestra de la formidable capacidad del personaje para manipular la realidad.
Su enfrentamiento con los Estados Unidos, a partir de la implantación por parte de este país de un bloqueo que resulta tan injusto y anacrónico como el propio régimen al que cree perjudicar, lo ha convertido en el máximo estandarte del sentimiento antinorteamericano; sentimiento que, dicho sea de paso y barbaridades de George W. mediante, crece urbi et orbi de un modo incontenible (1).
Fidel es un hombre de suerte. Es cierto que hoy son muy pocos los que defienden su política, aunque todavía existen quienes sostienen que los disidentes presos o las limitaciones a la libertad de expresión son inventos de los estadounidenses. O que los 700.000 cubanos de Miami (los mismos que con las transferencias a sus familiares en la isla contribuyen indirectamente a sostener al régimen, junto con los ingresos por turismo y los flamantes petrodólares chavistas) son todos terroristas pagados por la CIA.
Tiene suerte, insisto, pese a que la apertura al turismo internacional —a la que se vio obligado con la implosión soviética, a comienzos de los noventa— ha posibilitado que el mundo conozca, además de la suntuosidad de los hoteles y resorts, la cruda realidad cotidiana que afrontan los cubanos. Contra eso, de poco sirve el gran cartel que, junto al camino de acceso a Varadero, reza: “Aquí se recauda para el pueblo”.
En efecto, quien viaja hoy a aquella bellísima isla puede ver cómo el ciudadano cubano, tan lejos del “hombre nuevo” soñado por el Che, se dispone cada día a “resolver”, esto es: encontrar la manera de sobrevivir, cosa impensable con los magros 10 a 15 dólares mensuales de los sueldos oficiales. Comprueba, en cualquier calle, cómo resuelve un obrero de Partagás, cuando trata de venderle por pocos dólares unos cigarros que hurtó de la fábrica con la anuencia de su jefe/cómplice; o cómo lo hace un veterinario, dándole charla en el portal del Museo de la Revolución para terminar ofreciéndole una monedita con la efigie del Che o un nuevo remedio cuasi mágico contra el colesterol. Tras una sucesión de episodios similares, el viajero vuelve a su lugar de origen y cuenta de qué forma resuelve -o se salva como puede- un pueblo cuya conciencia ha sido corrompida lenta pero inexorablemente, para ser sustituida por una doble moral detrás de la cual se adivina una patética tristeza.
No obstante, digo que Fidel tiene suerte porque son muchos los que relativizan las críticas, aun “admitiéndolas”. Algunos excusan al Comandante por el hecho, cierto, de haber derrocado a un gobierno dictatorial y corrupto; otros, por la torpe actitud imperial norteamericana.
Pero la mayoría de sus defensores apela a una excelencia de los servicios de educación y salud que, aunque discutible, constituye el único resultado que les resulta digno de ser exhibido. A propósito, la cuestión de la salud parece ser lo bastante discutible como para haber provocado la caída en desgracia de la Dra. Hilda Molina a partir de sus críticas a la política oficial realizadas en 1994.
Ahora bien: ¿es aceptable que los resultados justifiquen los medios, cualesquiera sean éstos?
Propongo establecer un paralelo con otro dictador del ámbito latinoamericano, Augusto Pinochet. Por un lado, sus defensores justificaron el golpe que lo llevó al poder por el sesgo marxista de la administración del presidente constitucional Salvador Allende, quien además resultó muerto por los sediciosos. Pero, por otra parte, las políticas económicas impulsadas por Pinochet en su presidencia fueron lo suficientemente exitosas como para que todos sus sucesores democráticos se abstuvieran de alterar sus premisas básicas. Aquel dato inicial y este resultado, por supuesto, no podrían esgrimirse como argumentos para absolver al feroz autócrata chileno por los crímenes cometidos en tantos años de poder omnímodo. Pero hay algo curioso: quienes reivindican al tirano por ello merecen la crítica implacable de los mismos que justifican a Fidel y sus métodos, basándose en la ilegitimidad de Batista y los —supuestos o reales— éxitos de algunas de sus políticas.
Se trata de otra versión de la esquizofrenia política tan común en los tiempos que corren, donde la ideología suele anteponerse a consideraciones de índole moral, para colmo aludiendo nada menos que a los derechos humanos. Esquizofrenia que suelen exhibir los supremacistas de diversa laya, depositarios de una supuesta verdad revelada sobre la que no tienen ni soportan la más mínima duda, y que consideran que debe ser impuesta a cualquier costo a toda la humanidad para alcanzar un mundo perfecto.

(1): para los interesados en un rico análisis de los desaguisados de Bush en Irak, recomiendo la lectura de "El nuevo desorden mundial", de Tzvetan Todorov (Editorial Océano - ISBN:970-651-890-8).